El excura José Manuel Vidal, 20 años ofendiendo a la Iglesia Católica

El excura José Manuel Vidal, 20 años ofendiendo a la Iglesia Católica

Así describía José Manuel Vidal al Papa Benedicto XVI el día después de que Ratzinger fuera elegido sucesor de Juan Pablo II. En un artículo publicado en abril de 2005, recién elegido papa el alemán Ratzinger, Vidal arremetía contra el hoy papa emérito acusándole de culpable de la «involución eclesial de las últimas décadas». El sacerdote José Manuel Vidal señalaba entonces a Ratzinger como el culpable de «destrozar la idea de una Iglesia más popular y fiel al Evangelio de los pobres». Extractamos algunas de las ‘perlas’ del libelo de Vidal: En 1984, las condenas formales de la Teología de la Liberación realizadas por el cancerbero de la fe permitieron a la derecha católica dejar fuera de juego a toda una corriente innovadora en el campo pastoral, teológico, catequético y social, destrozando casi en el huevo la idea de una Iglesia más popular y más fiel al Evangelio de los pobres. Ratzinger impuso una rigidez doctrinal total a la vida intelectual de la Iglesia y una dinámica de control a ultranza de los teólogos. Y el miedo se instauró entre sus filas. Amonestados, perseguidos, vigilados, en una institución intelectualmente inhabitable, los pensadores de la Iglesia optaron por marcharse (Leonardo Boff), callarse (Gustavo Gutiérrez) o romper la baraja (Hans Küng). El culmen de la represión teológica se alcanza con la publicación del «Catecismo de la Iglesia católica» y, sobre todo, con la «Dominus Iesus», un documento de Ratzinger, en el que se atribuye en exclusiva a la Iglesia católica la posesión de la verdad y de la salvación. La vuelta del axioma tridentino de que «fuera de la Iglesia no hay salvación». Un documento tan desafortunado que hasta protestaron contra él varios cardenales. Más aún, Ratzinger silenció con medidas autoritarias todas las cuestiones teológicas debatidas: celibato de los curas, estatuto del teólogo, papel de los laicos, praxis penitencial, comunión para los divorciados, preservativo contra el sida o fecundación artificial. Impuso la tesis del romanocentrismo, descafeinó la colegialidad y el poder de las Conferencias Episcopales, reduciéndolas a meras sucursales de la Curia, y zanjó casi como dogmático el eventual acceso de la mujer al sacerdocio. En definitiva, Ratzinger desactivó el Concilio. Y eso que en época del Vaticano II (1962-1965), Ratzinger formaba parte del ala progresista de la Iglesia, aunque pronto se pasó al bando conservador. En el cónclave ha dirigido al partido de la Restauración, el del tradicionalismo legalista, junto a la ristra de movimientos neoconservadores (Opus Dei, Comunión y Liberación, Legionarios de Cristo…). El wojtylismo sin Wojtyla. A sus 78 años, el Panzerkardinal conserva el encanto de una gran personalidad. Otros, sin embargo, le dibujan como un Jano bifronte. A Ratzinger no le gusta el optimismo ni la fe en la bondad humana del Vaticano II. Le obsesiona el pecado y, como su compatriota Lutero, está «hipnotizado por el mal».

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