Los malminoristas han dado un giro a la izquierda. Quienes hace semanas abogaban, casi abiertamente, por el voto al Partido Popular para garantizar «la estabilidad» y argumentando que se trataba de optar por «el mal menor» han encontrado una nueva definición de su concepto moral.
No han tardado ni 48 horas. En cuanto han visto en el horizonte la posibilidad de un gobierno de izquierdas que haga peligrar los privilegios de que goza la Iglesia Católica en España, varios de los principales defensores del voto al Partido Popular desde dentro de la Iglesia han dado un paso a la izquierda.
El primero ha sido el Cardenal Blázquez, quien en una entrevista en Vida Nueva asegura que «como Iglesia estamos dispuestos a colaborar en todo lo que podamos. Desde ahí tenemos una tarea bien importante: favorecer la voluntad de consenso. No cultivemos lo contrario», convencido de que «favoreciendo el concierto y la búsqueda del diálogo, podemos dar una respuesta a la sociedad. Unidos podemos afrontar el futuro. Fragmentados, nos perdemos todos. No tendríamos la capacidad para responder a la altura de las exigencias y también nos pedirían cuentas las generaciones que van llegando».
Sobre quienes consideran a la Iglesia como enemigo, sentencia Blázquez: «Yo pido: no se tenga miedo a la Iglesia. Nosotros, como cristianos, profesando la fe en Dios, anunciando el Evangelio, estamos prestando un servicio precioso a cada hombre y a nuestra sociedad».
Por su parte, la televisión del episcopado no quiere quedarse atrás. Durante su tertulia política de anoche, en 13Tv se abogó abiertamente por la unión de las dos grandes fuerzas políticas para «garantizar la estabilidad», esto es, el statu quo. Uno de los rostros de la Iglesia profesional, Cristina Lopez Schlochting aseguraba que es necesaria la unión entre socialistas y populares para «salvar el pais».
Para no perderse, y entender lo que está ocurriendo, nada como leer este brillante análisis de Carlos Esteban.
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