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San Calixto I

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San Calixto I fue un papa y mártir de la Iglesia con una vida fuera de lo común. El Papa Calixto fue esclavo, defraudador, convicto, diácono, papa y mártir. 

Calixto nació en la capital del Imperio Romano en el año 155 d.C., época en la que la dinastía Antonina consolidaba la fama de estabilidad y bienestar que les ganaría el apodo de «los cinco emperadores buenos». Sin embargo, Calixto nació en el seno de una familia de esclavos griegos establecidos en Roma. La familia de Calixto servía como esclavos domésticos, lo que les liberaba de los trabajos manuales y les confería una situación superior, investida de gran confianza, sirviendo en la compañía de sus domini o «señores», en ocasiones incluso en la administración de sus bienes, teniendo acceso a sus arcas y a sus posesiones más valiosas.

El joven Calixto trabajaba al servicio de un alto funcionario del gobierno imperial durante el mandato del Emperador Cómodo. El funcionario se llamaba Carpóforo, y era un cristiano notorio. Sabiendo acerca de la piedad y la honradez de Capóforo, así como su provechosa posición, un grupo de cristianos piadosos le entregaron una cuantiosa suma para que éste los administrara en beneficio de las viudas y los huérfanos. Carpóforo dejó la administración en manos de su esclavo Calixto, quien, según relata Hipólito, «perdió» el tesoro y huyó de Roma. Lo que quiera decir con «perder» se ha interpretado por unos como una malversación de fondos, otros como un robo, mientras que algunos pocos creen que con «perder», Hipólito realmente quiere decir que lo extravió. En cualquier caso, el esclavo se consideraba culpable de los hechos, debido a que huyó con gran diligencia de la capital.

Calixto fue encontrado en Porto por las autoridades cuando éste estaba ya embarcado en desconocida dirección. Ante la intervención de las fuerzas del orden, Calixto saltó por la borda, cayendo al mar, pero fue rescatado y apresado. Con gran presteza fue llevado de vuelta a Roma y puesto en manos de su amo, quien le impuso la pena de sustituir a los bueyes en el duro trabajo de hacer girar la rueda de un molino. Sin embargo, los acreedores de Carpóforo querían que Calixto recuperase el dinero «perdido», por lo que bajo su súplica, fue liberado de su castigo, con la condición de que recuperase los fondos extraviados.

Para conseguir su objetivo, Calixto fue a una sinagoga a pedir dinero a los judíos, quienes tenían fama de amasar grandes y ocultos tesoros, con los cuales daban cuantiosos créditos a quienes lo pedían. Sin embargo, las negociaciones de Calixto no salieron como él esperaba, y muy pronto los judíos se sintieron engañados por las condiciones del esclavo, por lo que habiéndose acalorado la discusión, lo llevaron ante el prefecto de Roma, quien le hizo azotar, y enterándose de sus faltas pasadas, lo desterró a trabajos forzados en las minas de azufre de Cerdeña.

En Cerdeña, Calixto tomó contacto con los cristianos que esclavizados, habían también sido condenados a trabajos forzados en las minas, creando una intensa relación de amistad con muchos de ellos, a tal grado que sin estar bautizado, era considerado ya un cristiano más por todos los demás. En el año 190, una concubina del emperador Cómodo, llamada Marcia, consiguió convencer al emperador para que liberara a los cristianos esclavizados en Cerdeña, por lo que el destierro de Calixto terminó ese mismo año, y enviado a la ciudad de Anzio, fue puesto a cargo del Papa Victor, quien repartió pensiones entre los cristianos liberados.

Perdiendo con esa liberación general su condición de esclavo, Calixto abrazó de manera intensa la Fe Cristiana, la cual se dedicó a profundizar beneficiado por su nueva condición. Confiados en la conversión de Calixto, así como en sus múltiples cualidades, los cristianos comenzaron a dar responsabilidades a su nuevo hermano en la Fe, quien demostró su destreza para los asuntos para los que se le encomendaban. Enterado de sus cualidades, el Papa San Ceferino solicitó su ayuda para administrar la catacumba de la Vía Appia. Calixto se entregó con gran presteza a la obra, consiguiendo no solamente administrarla adecuadamente, sino acrecentar la caja, y comisionando importantes trabajos para el embellecimiento de la capilla oculta.

Muy complacido con el trabajo y las cualidades de Calixto, el Papa San Ceferino decidió ordenarlo diácono, dándole el cargo de archidiácono de Roma, similar a lo que hoy en día sería ser el Secretario de Estado de la Santa Sede. En el año 217, a la muerte del Papa San Ceferino, la admiración que tenían por él los cristianos, así como las aclaraciones doctrinales que pretendía establecer, le ganaron el apoyo para convertirlo en Obispo de Roma, condición que mantuvo hasta su muerte.

Durante su pontificado, Calixto I se encargó por establecer el punto doctrinal más discutido de su época: la Santísima Trinidad. El Papa Calixto puso fin a las herejías derramadas sobre la condición del Padre, Hijo y Espíritu Santo, consolidando las verdades teológicas derivadas de la Revelación. Su principal opositor fue Hipólito, quien también fue su biógrafo, y primer antipapa de la historia, aunque después se retractó de su postura, y se puso al servicio del único y verdadero Obispo de Roma, muriendo mártir años más tarde.

 Fue también por martirio que San Calixto I encontró la gloria, ocurrida en el año 222 a causa de un levantamiento popular en contra de los cristianos. El Papa Calixto fue defenestrado por los paganos, y echado a un pozo ubicado en el Trastevere. Por temor a un saqueo, su cuerpo no fue enterrado en su catacumba, preparada para enterrar a los papas, sino en el lugar más próximo de su martirio, donde los cristianos recuperaron su cuerpo.

En el siglo IV, el Papa Julio I ordenó la construcción de la Basílica de Santa María in Trastevere, junto a la tumba del santo.

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2 comentarios en “San Calixto I
  1. El testimonio de estos cristianos ejemplares nos fortalece en la fe. La vida del papa San Calixto I no fue nada fácil, dicho en términos convencionales: pudo perecer en numerosas peripecias de su vida, pero Dios tenía para él reservado el ejercicio del ministerio petrino, sucesor de pedro y le tenía reservada la palma del martirio.

    Amén.

  2. Parte I
    Que nuestra Altísima Reina, María sin mácula y Madre de Dios siga siendo el Pilar, guía y amparo de España.

    Un episodio histórico sobre el sitio napoleónico de Zaragoza, por si alguien se piensa que puede engañar a Dios:

    ‘Pero también puede hacer que reflejemos el heroísmo que el culto de una Dama tan humilde demostró inspirar. Lo experimentaron a su costa los franceses, en 1808.

    Después de más de un mes y medio de asaltos, bombardeos, enfrentamientos furibundos con arma blanca, no solo con las tropas regulares españolas sino, sobre todo, con toda la gente cantando el himno de guerra (<< La Virgen del Pilar dice que no quiere ser francesa … »), los intrusos debieron abandonar el asedio y retirarse sin gloria.

    Desde Madrid, los franceses tuvieron que huir, con ese pobre y risible Luciano Bonaparte, convertido en rey solo porque era el hermano del sanguinario vanidoso que se había proclamado a sí mismo "emperador".
    […/…]

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