El intelectual italiano y director de La Nuova Bussola, Riccardo Cascioli, denuncia el «discreto pero sistemático trabajo de infiltración que llega hasta los más alto niveles de la Santa Sede y de las Iglesias locales». Quien pensase que el caso de monseñor Krzysztof Charamsa, oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe que ha revelado su homosexualidad presentando a su compañero, es un simple episodio estaría cometiendo un grave error: sería el caso extremo de un teólogo de Curia frustrado que aprovecha la ocasión del Sínodo para liberarse del peso de su doble vida e intenta influir, en propio beneficio, sobre el Sínodo para la familia que acaba de comenzar; además, ¿qué pasa si uno se hace algo de publicidad en vista de la anunciada salida de un libro por él escrito en el que relata su historia? El caso sería, sí, un hecho grave, pero en el fondo un hecho aislado de limitadas consecuencias. Por el contrario, demasiados elementos llevan a considerar que se trata sólo del último episodio de una estrategia que viene de lejos y cuyo objetivo es utilizar el Sínodo para la familia con el fin de que el lobby gay existente dentro de la Iglesia dé un paso adelante decisivo, algo que llevamos denunciado desde hace años. El objetivo, en realidad, ya había sido desenmascarado en un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe hace exactamente 29 años, la Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales (números 8 y 9) en la que se afirma que hay un lobby dentro de la Iglesia vinculado al más amplio lobby gay en el mundo y cuyo objetivo es subvertir la enseñanza de la Iglesia, llevándola in primis “a aceptar la condición homosexual como si no fuera desordenada, y a legitimar los actos homosexuales”. Firmado: cardenal Joseph Ratzinger. Entonces podría parecer ciencia ficción; hoy vemos que dicha estrategia se está llevando a cabo de manera asombrosa, después de un discreto pero sistemático trabajo de infiltración que llega hasta los más alto niveles de la Santa Sede, pero también de las Iglesias nacionales, con Italia a la cabeza. El doble Sínodo sobre la familia ha sido la ocasión para salir cada vez más al descubierto. Muchos padres sinodales, por ejemplo, se quejaron de que en la relación final del Sínodo de octubre de 2014 se añadiese un párrafo sobre las uniones homosexuales, tema que no se había discutido para nada en el aula (por otra parte es un Sínodo sobre la familia, por consiguiente ¿por qué se debería hablar de las personas con tendencias homosexuales?): algo claramente forzado y de lo que se acusó a la secretaría del Sínodo. Lea el artículo completo de Cascioli aquí.
El lobby gay busca controlar la Iglesia
Ayuda a Infovaticana a seguir informando