Los imputados por abusos sexuales en Granada tienen «un importante patrimonio en común»

|
Chalet en Pinos Genil (Granada) propiedad de algunos de los imputados.
Chalet en Pinos Genil (Granada) propiedad de algunos de los imputados.

Así lo ha declarado el juez Antonio Moreno en su resolución, a la que ha tenido acceso INFOVATICANA. En el auto también se detallan los abusos denunciados y que el juez considera probados. 


La Policía ha investigado el origen del patrimonio del conocido como «clan de los Romanones». El líder de este grupo, el P. Román Martínez, es copropietario de al menos 18 inmuebles repartidos por la provincia de Granada, aunque la mayoría de estos bienes forman parte de la herencia de su familia y los comparte con sus hermanos. Entre las propiedades del P. Román y sus seguidores se encuentra un dúplex de 144 metros cuadrados en el paseo marítimo de Salobreña, en el que los sacerdotes pasan muchos fines de semana, según ha llegado a conocimiento de la Policía.

Los agentes de seguridad han registrado también un chalet de Pinos Genil, a las afueras de Granada, del cual tres de los imputados son copropietarios, y en el que al parecer tuvieron lugar algunos de los abusos denunciados.

El considerable patrimonio de este grupo parece proceder en gran parte de una herencia millonaria. Doña María, una farmacéutica viuda y sin hijos de la localidad de Órgiva les donó parte de su patrimonio. Uno de los sacerdotes imputados figuraba como albacea del testamento para administrar esa fortuna.

En el auto se detallan, asimismo, los abusos que denuncia haber sufrido de los 14 a los 17 años el joven granadino, que en la actualidad es miembro supernumerario del Opus Dei según él mismo declaró ante el juez. El relato de los hechos imputados es escalofriante, hechos que el juez instructor del caso considera probados.

El juez declara en su resolución que, durante la instrucción, se han conocido diversos testimonios que aseguran que los abusos y vejaciones no eran actos que sólo realizara el líder del grupo de forma aislada, sino que la actitud de los demás sacerdotes respecto a la sexualidad era cuanto menos inadecuada. Según se recoge en el auto, «todos los miembros del grupo se exhibían desnudos en la piscina de la casa de la Urbanización de Los Pinillos» y veían películas pornográficas con los menores que han denunciado los abusos, para que vivieran «bien» su sexualidad.

El joven que primeramente denunció estos delitos, sostiene que fue ridiculizado en público ante los miembros del grupo por no querer «vivir su sexualidad sin tapujos» y negarse a dejarse masturbar por uno de los sacerdotes que en la actualidad se encuentra imputado. “Soy tu padre, tienes que dejarte llevar”, era la frase que repetían al joven, junto con amenazas verbales de expulsarle del grupo si no vivía la sexualidad «con claridad de miras».

Después de abandonar definitivamente el grupo, el denunciante alega que a raíz de ello «ha desarrollado una ansiedad que no le deja dormir, que le provoca llantos repentinos sin saber por qué y que por ello se encuentra en tratamiento psicológico».

Ayuda a Infovaticana a seguir informando

Comentarios
0 comentarios en “Los imputados por abusos sexuales en Granada tienen «un importante patrimonio en común»
  1. ¡Espeluznante!

    En mi opinión la pederastia cometida por un sacerdote o por una persona consagrada debería llevar aparejada la excomunión «latae sententiae» por analogía con la misma pena para el pecado de «solicitación».

  2. No creo que eso sea delito. Quizá ese patrimonio les ha llegado desde distintas fuentes, y lo han puesto en común, lo cual no es para nada reprobable. Pero no es esto lo que quería comentar, sino el delito del que en realidad se les acusa a estos sacerdotes. Conozco a cinco de los doce acusados. Quiero por ello dejar aquí mi testimonio, basado en la impresión que a mí me dejaron. Me centraré, con todo, en Román, que fue a quien antes conocí. Lo conocí en el instituto, cuando yo era un adolescente. Él no había cantado misa aún. Acababa de perder a sus padres en un accidente de tráfico, pero él se mantenía firme en su vocación. Había, por tanto, ya heredado un rico patrimonio, pues sus padres eran al parecer bastante pudientes. Lo recuerdo como un hombre sencillo y muy tímido, enormemente respetuoso con los demás. Su voz era dulce, de un tono bastante agradable. Se advertía casi de inmediato que estaba dotada de una gran espiritualidad. Era culto, le gustaba discurrir sobre los temas más variados, siempre con un talante abierto y muy comprensivo. Recuerdo que caía muy bien a la juventud: se juntaba con todo tipo de jóvenes, incluso con los que estaban alejados de la Iglesia. Cuando lo destinaron un año después a Torvizcón, ya como sacerdote, nos llevó a varios jóvenes para que pasáramos unos días con él. En ningún momento observamos nada raro en él, sino todo lo contrario, era una persona muy generosa que lo compartía todo con los demás (no me extraña que también su patrimonio lo compartiera con los curas con los que tenía más amistad, con los cuales debía de formar una especia de comunidad, nunca un clan ni nada que se le pareciera). Después lo he seguido tratando, y siempre me ha parecido igual. He asistido de vez en cuando a sus misas, en la parroquia de Juan María Vianney, y siempre he aprendido de él por su rica espiritualidad. No concuerdan para nada los delitos de los que se le acusa con su forma de ser, con el modo de comportarse que tenía él. También he conocido a Sergio, con quien he sido compañero tres años. Era un ejemplo de honestidad. Su mirada era diáfana, limpia, propia de alguien que no ha sabido nunca mentir. Siempre sonreía: es casi inconcebible que una persona que sonriera de aquella manera pudiera tener una doble vida. No me lo creo: casi podría poner la mano en el fuego por él. No sé si se podrá saber algún día la verdad, porque parece que están ya condenados de antemano; solo se investiga en una dirección. Si se les condenara, es probable que yo siguiera creyendo en su inocencia, porque no creo que haya pruebas suficientes que demuestren su culpabilidad. Serán unos mártires. Rezo por ellos.

  3. Y qué pasa con el arrepentimiento. Si han hecho mal, pero se arrepienten, se confiesan, etc… ¿No está ya todo arreglado?. Si Dios les perdona ¿Quiénes somos nosotros para juzgarles? Para algunos parece que la confesión no sirve para nada.

  4. Aquí, el asunto no son las propiedades, que parecen legales, sino los abusos. Estos asquerosos parece que actuaban como una secta organizada. Les deseo que se pudran en la cárcel y espero que sean excomulgados, de probarse estos asquerosos delitos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 caracteres disponibles