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San Alfonso María de Ligorio

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San Alfonso María de Ligorio es un Doctor de la Iglesia, obispo y  fundador de la Orden de los Redentoristas. 

Nació en Marianella, Reino de Nápoles, el 27 de septiembre de 1696, siendo el mayor de los siete hijos de José de Ligorio y Catalina Cavalieri, ambos de distinguidas familias nobles napolitanas.

Desde niño, fue considerado prodigioso en el estudio de los idiomas, artes y música. Habiendo comenzado sus estudios en la Hermandad de Nobles, a los doce años ya destacaba en italiano, español, francés, griego y latín. En 1708, sin aún haber cumplido los trece años de edad, Alfonso se matriculó a la Facultad de Derecho, y tres años después, obtuvo excepcionalmente el grado de doctor en derecho civil y derecho canónico. La brillante carrera universitaria del joven napolitano había alcanzado una gran fama, y a los dieciséis años, era tenido por un abogado de enorme prestigio.

La tradición dice que el joven abogado no había perdido un juicio en ocho años de carrera. El juicio más trascendente en su vida, fue aquel en el cual representó a la poderosa familia Orsini frente a los aún más poderosos Médici, duques de Toscana, quienes peleaban entre sí el señorío de Amatrice. Los Orsini lo eligieron por jamás haber perdido un juicio, pero en esa ocasión, Alfonso de Ligorio perdió por primera y última vez. La desilusión de Alfonso fue enorme, pero pronto se dio cuenta que su derrota se había debido a las intrigas y maquinaciones políticas en el poder, y no a la verdad y la justicia. Tras escuchar la sentencia, Alfonso se retira indignado del juzgado, expresando su vergüenza por su toga de abogado, la arranca, y dice: “¡Mundo, te conozco! ¡Adiós, tribunales!”.

Desde entonces, Alfonso de Ligorio abandona su brillante carrera de abogado, sintiendo repulsión por el mismo sistema al que él lleva representando durante tanto tiempo. Sin estar absolutamente convencido, Alfonso ingresa en el convento de los hermanos lazaristas en 1722, a los veintiséis años de edad, a pesar de la resistencia de su padre. Durante su primer año en el convento, Alfonso comenzó a visitar enfermos. En una ocasión, estando en el Hospital de los Incurables, Alfonso siente que desde el enfermo al que visitaba sale una luz y el enfermo le dice “Alfonso, deja todo lo que tienes y sígueme”.

El 21 de diciembre de 1726, Alfonso es ordenado sacerdote a los treinta años de edad. Uno de los primeros trabajos del ahora Padre Alfonso fue el de capellán del seminario donde preparaban los futuros misioneros que iban a China, a la vez que él vivía entre los pordioseros de Nápoles. Desde muy temprano, el Padre Alfonso ganó la admiración de muchos fieles, tanto por la dilatada carrera que había abandonado, lo que era conocido por todos, así como por la profundidad de sus palabras y su capacidad de discernimiento para las cosas espirituales.

Muy pronto, el Padre Alfonso atrajo a una gran cantidad de jóvenes, que siguiéndolo, adoptaron la vida religiosa y le acompañaban en sus labores con los más pobres. La gente común seguía al Padre Alfonso, sobre todo en las “Capillas del Atardecer” que había fundado, por su manera sencilla de predicar, consiguiendo que las verdades más elaboradas de la Fe y la Doctrina fueran comprendidas por los más humildes.

En 1732, fundó en Scala la Congregación del Santísimo Salvador, recordada hasta nuestros días como los redentoristas. En 1749, tras un gran periodo de conflictos y dudas por parte de la Iglesia, la Regla de los redentoristas fue aprobada por el Papa Benedicto XIV. La influencia que tenía el ejemplo y las palabras del Padre Alfonso en toda la gente, motivó al Papa Clemente XIII a ordenarle obispo de Santa Ágata de los Godos. En 1775, Monseñor Alfonso María de Ligorio contrajo artrosis cervical progresiva, lo que llevó al Papa al Papa Pío VI, a permitirle vivir sus últimos días de retiro en la casa de los redentoristas en Pagani.

Monseñor de Ligorio falleció el primero de agosto de 1787 junto a sus hermanos redentoristas. El 26 de mayo de 1839, fue canonizado por el Papa Gregorio XVI, y en 1871, el Papa Pío IX lo nombró Doctor de la Iglesia.

San Alfonso María de Ligorio es patrono de los abogados católicos, de los confesores y los moralistas.

Fuente: Parroquia Santísimo Redentor.

6 comentarios en “San Alfonso María de Ligorio
  1. San Alfonso Maria de Ligorio fué todo eso que hemos leído y aún más, pero sobre todo y ante todo un enamorado del Señor.
    Pasaba horas ante el Sagrario o ante el Señor Sacramentado, ante quién oraba y dialogaba maravillado ante el Misterio de su presencia Eucarística. Su librito Visitas al Santísimo es un tesoro por su sencillez y su amor a Jesús, María y José.

    1. Por supuesto, San Alfonso María de Ligorio es un grandísimo Santo de la Iglesia Católica, autor, entre otras muchas obras, de las “Glorias de Maria” o ” Preparación para la Muerte”.
      Como la mayoría de los Dile sabe ,es el fundador de los Redentoristas. La pena, es que a día de hoy, en está Congregación, ( al igual que el resto), sus sacerdotes, la mayoria, “pasan” bastante de su fundador, les encanta el ecumenismo, muchos de ellos, no creen en el purgatorio ni en el infierno, los tiempos que vivimos en La Iglesia son perfectos para ellos, muchos de ellos pasan delante del Sagrario como si pasasen delante de un árbol, (servidor lo ha visto con sus ojos) , en una de sus parroquias, en el Noroeste de la provincia de Madrid, en la vida han realizado una Adoración al Santísimo, Hora Santa, nada de nada. Una pena. Y además un cura de esa parroquia del Noroeste de la provincia de Madrid, dice que el libro de las ” Glorias de María, ” Preparación para la Muerte”, no son para estos tiempos.

  2. Hermoso Santo, que multiplicó los dones que Dios le dió, y nos favoreció con ellos a nosotros también, su amor a Dios y a la Virgen María, lo trasmite en abundancia, ! Viva San Alfonso María de Ligorio! ?????

  3. La larga vida de San Alfonso «estuvo llena de un trabajo incesante: trabajo de misionero, de obispo, de teólogo y de escritor espiritual, de fundador y superior de una congregación religiosa. Escribió entre otras cosas: “Dios no niega a nadie la gracia de la oración, con la cual se obtiene la ayuda para vencer toda concupiscencia y toda tentación. Y digo, y repito y repetiré siempre mientras tenga vida recalcaba el Santo, que toda nuestra salvación está en la oración”. De donde el famoso axioma: “El que reza se salva, el que no reza se condena”». La oración ha sido siempre el gran remedio de todos los males, la que nos abre la puerta del Cielo. Ha sido esta una enseñanza continua de las almas que han estado muy cerca de Dios.

  4. Nos dejó un hermoso libro “El Gran medio de la oración” que recomiendo por su claridad y sencillez a todo católico que no quiera perderse en las seducciones y tentaciones del mundo. Gran Doctor de la Iglesia Católica.

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