Santa Rosa de Lima

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Santa Rosa de Lima fue la primera santa canonizada en América. Su devoción se extiende por todo el mundo, y es Patrona de Perú, América y Filipinas.

Santa Rosa nació en la ciudad de Lima, capital del entonces Virreinato del Perú, el 30 de abril de 1586. Su nombre fue Isabel Flores de Oliva, siendo hija del militar Gaspar de Flores, y de su mujer, María de Oliva.

Su padre, militar de profesión, había llegado al Perú en 1547, como soldado del pacificador Pedro de la Gasca, quien luchó contra Francisco Pizarro para recuperar el Reino del Perú para la Corona. En 1557, el virrey Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete,  le nombró arcabucero de Su Majestad. En 1577, estando al servicio del virrey Francisco Álvarez de Toledo, contrajo matrimonio con la criolla Doña María de Oliva y Herrera, cuya familia procedía del Reino de Aragón.

Santa Rosa fue la cuarta de los hijos de Don Gaspar y Doña María, siendo bautizada con el nombre de Isabel, tuvo como padrinos a Don Hernando de Valdés y Doña María Osorio, vecinos muy prominentes de Lima. Durante su juventud, Isabel Flores de Oliva desarrolló tal belleza que era admirada por toda la sociedad limeña, y ya su madre le llamaba Rosa, en virtud de su atractivo y delicadeza. La pequeña Rosa tuvo la fortuna de ser confirmada en la Fe por el arzobispo de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo, quien le impuso el nombre por el que sería conocida el resto de su vida.

Desde la niñez, Rosa tuvo una fuerte inclinación por la oración, y siendo un poco mayor, eligió a Santa Catalina de Siena como modelo de vida cristiana. Siendo joven y admirada por su belleza, su madre le colocó una guirnalda de flores con motivo de una fiesta, pero Santa Rosa procuró clavarse una de las horquillas en la cabeza, para hacer penitencia por su vanidad. Con esta corona, sería representada hasta la fecha, como símbolo de rechazo de los bienes terrenales.

A pesar de las insistencias de su familia para que Rosa contrajera un buen matrimonio con algún joven de la sociedad limeña, la joven santa había ya hecho un voto de virginidad al Señor, por lo que a sus veinte años pidió el ingreso a la Orden Dominica, la cual le fue concedida. La vida religiosa de Santa Rosa, estuvo también marcada por la penuria, pues ante el fracaso económico de su padre tras una mala inversión en la minería, ella misma tuvo que ayudar al sostenimiento de su familia, haciendo costuras para el sostenimiento de su hogar.

Unido a las penurias por las que pasaba su familia, Santa Rosa decidió acompañarlas de duras penitencias personales, para así estar más unida al sufrimiento de Cristo y de los pobres. Cuando el clima encrudecía y la sed le pedía refrescarse, Santa Rosa miraba el Crucifijo, recordando la sed de Cristo en la Cruz, y evitaba tomar agua, para unirse en sufrimiento con Nuestro Señor.

La vida de Santa Rosa estuvo también marcada por sus visiones místicas, durante las cuales se unía al Señor en sufrimientos y alegrías. Las visiones de Santa Rosa fueron conocidas por su director espiritual y confesor, quien más tarde habló de ellas, por las que fue reconocida como santa por todo Lima.

Sus últimos años los pasó con gran penuria en casa de Don Gonzalo de Massa, un rico burócrata de la corte limeña, al ser su mujer, Doña María de Uzategui, una de las grandes amigas de Santa Rosa.

Al morir, su fama de santidad era tal, que los monseñores pidieron cargar su ataúd, privilegio reservado a los obispos, y la ciudad entera se volcó hacia su entierro.

En 1671, la mística fue canonizada por el Papa Clemente X, y desde entonces se le venera como Patrona de Hispanoamérica y las Filipinas. Su cuerpo está enterrado en la Basílica de Santo Domingo, en Lima.

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