Nació el 17 de enero de 1504, bautizado como Antonio, y murió en Roma como Pío V, el 1 de mayo de 1572. Aunque él se resistió a ser papa, otros eran los designios de Dios: era el hombre que necesitaba entonces la Iglesia. El día de San Antonio de año 1504 nacía en Bosco, pueblo del norte de Italia, un niño humilde que se llamaría Antonio, hijo de Dominga y Pablo. Estos eran pobres y muy buenos cristianos. Desde muy niño, Antonio quiso abrazar la vida religiosa. Sin embargo, puesto que procedía de familia pobre, se vio obligado a trabajar como pastor para sacar una ínfima cantidad de dinero. Pero su vida dio un giro cuando alguien descubrió la brillantez e inteligencia de que estaba dotado y le pagó los estudios en el colegio. Los padres dominicos, dirigentes de la escuela en la que estudiaba, quedaron admirados por su inteligencia, seriedad y rectitud de costumbres, y le abrieron el convento permitiéndole vestir el hábito de la Orden Santo Domingo. Antonio pasó a llamarse fray Miguel de Alejandría, incorporándose así a la Orden de Predicadores, el 18 de mayo de 1521. Estudió filosofía y teología en Bolonia. En 1528 recibía en Génova la ordenación sacerdotal. Una vez ordenado sacerdote se entregó de lleno a la predicación y a la defensa de la fe contra las herejías que, de todo tipo, se iban difundiendo por Italia. Fue en muchas ocasiones duramente atacado por los herejes, e incluso en alguna ocasión trataron de quitarle la vida, pero siempre el Señor lo libró de sus enemigos. Gustaba de llevar siempre el hábito de su Orden, y en una ocasión le insinuaron que se lo quitara por seguridad, a lo que él respondió: “preferiría ser mártir con el hábito puesto”. Sus enemigos trataron de empañar su inquebrantable fe y su fidelidad a la Iglesia mediante calumnias, pero incluso el papa defendió a Miguel de tales mentiras. Fue nombrado obispo y posteriormente cardenal por Pablo IV: Fray miguel quería huir de los honores pero estos lo buscaban a él. Fue comisario General de la Inquisición y después Inquisidor Mayor de la Iglesia, trabajando en este ámbito de manera justa y eficaz. Sin embargo, a la muerte del papa, todos los cardenales fueron llamados al cónclave, donde Miguel se encontraba muy seguro pues, por su gran humildad, pensaba que nadie le elegiría. Sin embargo, al encerrarse los cardenales para elegir a un sucesor al papa Pío IV, tres eran los candidatos pero ninguno de ellos era el fraile dominico. Pero otros eran los designios de Dios. El 7 de enero de 1566 fue elegido y el 17 del mismo mes tuvo lugar la coronación. De nada sirvió que se opusiera a ello pues era el hombre que la Iglesia necesitaba en esos momentos. La vida de pontífice no cambio en su dedicación a la oración y a la austeridad de vida, sino que la aumentó aún más. Procuró con todas sus fuerzas que Roma fuera una ciudad pacífica y cristiana, modelo de todas las ciudades del mundo. Basó su pontificado en cuatro columnas: la reforma de la Iglesia mediante la puesta en marcha de los decretos del Tridentino, la lucha contra los herejes, la cruzada contra los turcos y el fomento de las ciencias eclesiásticas. Publicó el catecismo del concilio de Trento, conocido como “catecismo romano” y proclamó a Santo Tomás de Aquino Doctor de la Iglesia. Dios le había elegido como instrumento y no había sido inútil su labor. Agotado de fuerzas expiró el 1 de mayo de 1572. Fue canonizado por Clemente XI el 22 de mayo de 1712 y su festividad se celebra el 30 de abril.
San Pío V, Papa
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