Ejercicios Espirituales ¿Qué? ¿Para qué? ¿Para quién? ¿Cómo?

Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola son una breve serie de meditaciones, oraciones y ejercicios mentales.  El mismo San Ignacio los define: “Por este nombre se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de razonar, de contemplar; todo modo de preparar y disponer el alma, para quitar todas las afecciones desordenadas (apegos, egoísmos, …) con el fin de buscar y hallar la voluntad divina.”

¿Qué son los Ejercicios Espirituales?

Una forma metódica de disponerse enteramente a la acción del Espíritu, que nos transforma y ayuda, para liberar el corazón de todo deseo desordenado y para buscar y realizar la voluntad de Dios sobre la propia vida. Es un método que nace de la experiencia de san Ignacio de Loyola, que desde el siglo XVI han ayudado a innumerables hombres y mujeres en su búsqueda de Dios. De ahí el hablar de espiritualidad ignaciana, es decir, la manera de comprender a Dios, el evangelio y nuestro lugar en el mundo, que se enraíza en ese recorrido primero de san Ignacio.

La vida interior también hay que trabajarla. Los Ejercicios Espirituales son como unas tablas de gimnasia espirituales que ayudan a exponernos a la acción inmediata de Dios y a asumir su llamada a vivir la plenitud de vida que nos ofrece. Siguen un proceso metódico y progresivo que se acomoda a lo que cada individuo va experimentando, con la ayuda de un guía personal (acompañante) que a modo de entrenador asegura su recta aplicación y su correspondiente adecuación.

¿Para qué hacer Ejercicios Espirituales?

Los Ejercicios quieren ser una ayuda para tomarse el Evangelio de Jesucristo en serio. Para romper las ataduras de nuestro corazón que nos impiden ser verdaderamente libres para amar. Para percibir el modo concreto en que Dios nos invita a construir el Reino y a servir a nuestros hermanos como fieles miembros de su Iglesia. Para no contentarnos con una vida mediocre, a medio gas, de horizontes alicortos, y para aprovechar nuestro tiempo y nuestra vida de la mejor manera posible. Para no quedarnos en las ideas, en las meras nociones, en los planteamientos ideológicos, sino perseguir una verdad que se verifica en una experiencia saboreada, gozosa y estimulante. Finalmente para poder entender, no sólo desde la cabeza, sino sobre todo desde el corazón, lo que quiere decir el Apóstol cuando exclama: ¡Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí! Esta vida en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gal 2, 20)

¿Quién puede hacer Ejercicios Espirituales?

Los Ejercicios Espirituales no son para gente buena, que además se lo sabe, y no siente el aguijón de un “más”. No son para espíritus conformistas, ni para aquellos que lo quieren todo sin renunciar a nada. Son para gente capaz de poner en juego lo que tiene para perseguir lo que ama, con un talante emprendedor y arriesgado en correspondencia con una apuesta existencial de gran calado. Gente sedienta de conversión profunda porque sabe que necesita algo más y algo distinto, o está atravesada por la búsqueda y el anhelo de lo que Jesucristo promete a sus amigos y amigas.

¿Cómo se hacen?

Poniendo toda la carne en el asador. O bien en un mes de retiro, o a lo largo de un año en la vida diaria, con una tarea mínima que requiere hora y media de dedicación, sumando los tiempos de oración con los exámenes. También en tandas de menor duración (de ocho días, cinco… u otras propuestas), dependiendo de la disponibilidad y lo que uno busca y necesita en la vida.

Son básicamente Ejercicios de oración personal, de unidades de tiempo reservadas exclusivamente para la intimidad con Dios. Y se sirven también de todo aquello que la Iglesia emplea para asegurar la transformación del hombre en Cristo: gustar la Palabra de Dios, examen de la propia vida, ascesis, guía espiritual, vida sacramental y litúrgica, desbordamiento del servicio, realimentación con lecturas adecuadas del paradigma enamorado del seguimiento de Cristo. Esas experiencias afectan a todo lo que uno siente, proyecta y realiza a lo largo del proceso, con una lectura permanente de lo que el Señor quiere comunicarnos a través de lo que experimentamos

Las propuestas metódicas responden a un género literario pedagógico del tipo: Practica esto y lo otro, y cuéntame cómo te va, para buscar el significado de lo vivido, y adecuar el método a la propia andadura.

El mes completo supone apartarse de la vida ordinaria, lejos del entresijo de las tareas y relaciones habituales, para concentrase en las señales que vienen de arriba. En esa distancia de las seguridades habituales, no cabe más que fundar la propia vida en la promesa del Señor, o perderse.

En la vida ordinaria el ejercicio diario de oración personal y de exámenes constituye el núcleo cordial que conforma internamente todo lo que sentimos y hacemos en nuestros quehaceres cotidianos, y que permite establecer la coherencia entre la invitación del Señor y lo que realmente hacemos.

Las tandas de menor duración implican la misma metodología y apartamiento del mes, pero en menos tiempo, lo que supone también una intensidad diferente en el proceso.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=rIqkJxAjjFM]

Fuente:ejercicios.espiritualidadignaciana.org

Ayuda a Infovaticana a seguir informando