«¡Sólo la Justicia de Dios nos puede salvar!»

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  franciscoa «¡La alegría de Dios es perdonar! Aquí está todo el Evangelio». Y esto no es «sentimiento» o «buonismo». Al contrario, la misericordia es la verdadera fuerza que salva al hombre del cáncer del pecado. Lo dijo el Papa Francisco durante el Ángelus, al comentar el Evangelio  y las tres parábolas de la misericordia: la de la oveja perdida, la del dracma perdido y la del hijo pródigo. «Las tres parábolas hablan de la alegría de Dios. ¡Y la alegría de Dios es perdonar! ¡Aquí está todo el Evangelio, todo el cristianismo! Pero, fíjense, no se trata de un sentimiento, no es «buonismo». Al contrario, la misericordia es la verdadera fuerza que puede salvar al hombre y al mundo del «cáncer» que es el pecado, el mal moral, espiritual. Solo el amor llena los vacíos, las vorágines negativas que el mal abre en los corazones y en la historia». «Jesús es todo misericordia, todo amor: es Dios hecho hombre. Cada uno de nosotros es esa oveja perdida… cada uno de nosotros es ese hijo que ha secado la propia libertad siguiendo ídolos falsos, espejismos de felicidad, y que ha perdido todo. Pero Dios no nos olvida, el Padre no nos abandona nunca. Respeta nuestra libertad, pero permanece siempre fiel. Y, cuando volvemos a Él, nos acoge como hijos, en su casa, porque no deja nunca, ni siquiera por un instante, de esperarnos con amor. Y su corazón se llena de alegría por cada hijo que vuelve». «Tal vez hay alguien que  tiene en su corazón algo pesado: hice esto, aquello… Pero Sios siempre nos espera, ¡es el Padre!». «Existe un peligro: Que nosotros presumimos de ser justos, y juzgamos a los demás. Hasta juzgamos a Dios, porque pensamos que debería castigar a los pecadores, condenarlos a muerte, en lugar de perdonar. ¡Entonces sí que corremos el riesgo de quedarnos afuera de la casa del Padre! Como el hermano mayor de la palabra, que en lugar de estar contento porque su padre regresó, se enojó con el padre que lo acogió y que hizo una fiesta. Si en nuestro corazón no hay misericordia, la alegría del perdón, no estamos en comunión con Dios, aunque observemos todos los preceptos, porque es el amor el que salva y no solamente practicar preceptos. Es el amor por Dios y por el prójimo lo que cumple todos los mandamientos». «Cada uno de nosotros debe pensar en una persona con la que está enojado… Pensemos en esta persona y volvámonos misericordiosos con ella». «Si vivimos según la ley «ojo por ojo, diente por diente no salimos del espiral del mal. El Maligno es listo y nos hace creer que con nuestra justicia humana podemos salvarnos y salvar al mundo. ¡En realidad solo la justicia de Dios nos puede salvar! Es la justicia de Dios se reveló en la cruz: la cruz es el juicio de Dios sobre todos nosotros y sobre este mundo. Pero, ¿cómo nos juzga Dios? ¡Dando la vida por nosotros! Este es el acto supremos de justicia que derrotó de una vez por todas al Príncipe de este mundo; y este acto supremo de justicia es justamente misericordia. Jesús nos llama a todos a seguir este camino: «Sean misericordiosos, como el Padre es misericordioso»».

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