Editorial Agencia Católica de Noticias. Satanismo y sus execrables profanaciones

Editorial Agencia Católica de Noticias. Satanismo y sus execrables profanaciones

A medida que nos acercamos a los días santos de los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, somos testigos de un incremento alarmante de actos que, bajo el pretexto de la libertad de expresión o el rechazo a las instituciones religiosas, cruzan la línea hacia la profanación y la blasfemia contra las creencias católicas. Grupos identificados con ideologías satánicas, ya sea de manera simbólica o idolátrica, protagonizan graves incidentes que no solo hieren la sensibilidad de millones de fieles, sino que plantean preguntas ineludibles sobre los límites de la convivencia y respeto a las religiones.

El pasado 28 de marzo, la arquidiócesis de Kansas City denunció un evento satánico en los terrenos del capitolio estatal que se burló y trató de denigrar el culto católico, “las creencias de todos los cristianos y de quienes creen en el único Dios verdadero”, a través de un presunto sacrilegio exhibido en redes sociales; la justificación fue la de un acto que estaba protegido por la libertad de expresión y de religión.

En Alemania, en un partido de la Bundensliga, el 28 de marzo, los fanáticos de un equipo realizaron una espectacular manifestación que evocó símbolos y cantos a junto con frases monumentales en latín que invocaron a satanás mientras gran parte de la tribuna se cubría de negro resaltando un pentagrama rojo en alusión a una adoración demoniaca.

Si bien los cultos a satanás se han dado en muchas partes del mundo, a través de rituales y misas negras, no deja de llamar la atención que ahora su realización ocupe lugares públicos y manifestaciones masivas que rápidamente son difundidas en redes sociales. Estas burlas y sacrílegas denigraciones no dejan de lado, por ejemplo,  la parodia de la Última Cena durante la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de París 2024, un espectáculo que, aunque no estuvo directamente vinculado a un grupo satánico, fue interpretado por muchos como una burla deliberada a un símbolo sagrado del cristianismo.

Para quienes observan y siguen expresiones religiosas a nivel mundial, se preguntan, con no poca preocupación, qué implican estos rituales y la difusión que se da usando medios de gran alcance e impacto. Las preguntas también advierten de la erosión del cristianismo y cómo se le ha tomado como blanco de la degradación de grupos asociados al satanismo o de logias y grupos secretos que conjuran el fin de la fe cristiana y el surgimiento de una nueva era que usa imágenes demoniacas a manera de emancipación de la humanidad y sometimiento de la cristiandad.

Es innegable que la libertad de expresión es un pilar fundamental de las democracias modernas; sin embargo, cuando esta se ejerce con el único fin de ofender o humillar, pierde su valor ético y se convierte en un arma de discordia. ¿Es legítimo que, en nombre de la libertad, se pisoteen los sentimientos de millomes de cristianos?

La situación no es menor. Los simpatizantes de estos cultos tienden a una polarización que enfrenta y ofende. No se trata que el cristianismo muestre una cara de víctima, por el contrario, es la indolencia e inacción de autoridades y de la sociedad misma que permite, en nombre de la tolerancia, estos actos que perturban la paz y la convivencia respetuosa.

El verdadero desafío está en la sociedad misma. En un mundo cada vez más polarizado, donde las ideologías se enfrentan sin matices, estos incidentes son un síntoma de algo más profundo: la confrontación, el señalamiento y el miedo como armas para justificar un fin. Las profanaciones satánicas no son solo un ataque a la fe católica, son reflejo de nuestra incapacidad  para observar respeto a los sentimientos religiosos. Mientras unos celebran la transgresión como un acto de liberación, otros lloran la pérdida de lo sagrado. Entre ambos extremos, el silencio de la mayoría indiferente agrava la fractura.

Desde luego, estos actos continuarán multiplicándose y sus defensores enarbolarán un supremacismo satánico que, en el fondo, es emanciparse de lo sagrado pasando por execrables profanaciones que lastimarán la paz y la convivencia de la sociedad.

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