La Asunción y el clamor de los débiles: la mirada mariana del Pontífice
El Santo Padre presentó a María como Madre que acompaña y sufre con el pueblo de Dios, especialmente con los pequeños y los vulnerables. En su reflexión, subrayó que la presencia de la Madre de Dios no es un recuerdo piadoso, sino una compañía activa en los momentos de mayor oscuridad histórica, cuando el sufrimiento golpea a inocentes y se normaliza la agresión.
Pío XII y un dogma para tiempos de guerra: actualidad de Munificentissimus Deus
León XIV citó el magisterio de Pío XII y el documento Munificentissimus Deus (1950), con el que se proclamó el dogma de la Asunción en un mundo aún marcado por la devastación de la Segunda Guerra Mundial. Aquella advertencia contra la destrucción de vidas humanas sigue —dijo— “más actual que nunca” en un siglo donde la violencia se presenta cada vez más impermeable a la compasión.
“Dios es más grande que el pecado”: esperanza que no se rinde
“Dios es más grande que el pecado de los hombres… Sólo en su misericordia es posible encontrar de nuevo el camino de la paz”.
El Santo Padre exhortó a no aceptar como inevitable la confrontación. Recordó que la esperanza cristiana no se rinde y que la oración, unida a gestos concretos de caridad, puede desarmar el odio.
Llamado pastoral: confiar la paz a María y actuar
La invitación final del Papa fue confiada y práctica: elevar la súplica a la Virgen y, a la vez, implicarse en iniciativas de reconciliación allí donde cada fiel vive. Mirar a María como Reina del Cielo y Madre cercana ayuda a abrir “caminos hacia la paz” en una coyuntura global donde la violencia parece sin freno.
