Respuesta masiva a la llamada vocacional de Kiko Argüello

Respuesta masiva a la llamada vocacional de Kiko Argüello

El pasado 4 de agosto, un día después de la misa del Papa en el contexto del Jubileo de los Jóvenes, el Camino Neocatecumenal organizó un masivo encuentro vocacional en Tor Vergata (Roma). Según datos oficiales, participaron más de 120.000 personas. En ese acto, alrededor de 5.000 chicos y 5.000 chicas subieron al escenario respondiendo públicamente a lo que se interpretó como una “llamada” vocacional.

En contraste, los seminarios Redemptoris Mater cuentan hoy en total con cerca de 2.000 seminaristas en formación en todo el mundo. Una cifra significativa, pero que muestra que esa respuesta vocacional masiva de los eventos no se traduce en formación estable a largo plazo, lo que sugiere que muchas de esas subidas pueden responder más a un impulso emocional colectivo que a un discernimiento maduro.

La Iglesia es severa con la impulsividad en los procesos de discernimiento. En enero de 2025, la Santa Sede nombró delegados pontificios con plenos poderes sobre las ramas masculina y femenina del Instituto del Verno Encarnado, alegando “graves déficits en materia de discernimiento y formación vocacional”. No se trató en ese caso de eventos multitudinarios sino de procesos que derivaron en una elevada tasa de desistimientos durante la formación inicial, lo cual atrajo atención institucional y crítica sobre su modelo de captación vocacional.

Emoción, sí; pero no sin razón

No se niega que Dios pueda tocar el corazón de un joven a través de experiencias intensas o conmovedoras, ni se desestima la alegría o fervor juvenil en contextos eclesiales. Pero hay que tener clara una distinción esencial: el mero impulso emocional no equivale a una vocación auténtica.

En ambientes cargados de música, testimonios apasionados y presión grupal, es fácil confundir una impresión pasajera con una llamada duradera. El discernimiento vocacional, como subraya la tradición eclesial, no es un momento puntual sino un proceso progresivo, que requiere silencio, oración diaria, acompañamiento espiritual y formación personal prolongada.

Discernir es más que decidir

Subir al escenario puede ser un signo válido de inquietud vocacional, pero debe ser solo el inicio y no debe comunicarse equívocamente. Lo que comienza como entusiasmo debe madurar en fidelidad diaria, sacrificio, pruebas comunitarias y expresión pública sostenida.

Una Iglesia serena en tiempos agitados

Recemos por estos jóvenes que sienten un fuego interior; recemos por sus acompañantes, para que actúen con prudencia, sin aplausos ni grandilocuencia. Roguemos por una Iglesia que no se deje arrastrar por el espectáculo ni por la emotividad colectiva, sino que valore la vocación como un susurro del Espíritu en el corazón.

El Camino Neocatecumenal muestra fuerza

Sería injusto no reconocer el valioso aporte del Camino Neocatecumenal a la vida de la Iglesia. No solo por la cantidad de vocaciones que ha suscitado en todo el mundo, sino también por el testimonio fiel de tantas familias numerosas, abiertas a la vida y profundamente comprometidas con la evangelización. Sus comunidades han llevado el Evangelio a los márgenes de muchas diócesis, y su celo misionero es innegable. No vendría mal una mejor integración con la disciplina sacramental de la Iglesia, pero incluso con sus límites, el Camino sigue siendo una fuente fecunda de renovación espiritual y apostólica para nuestro tiempo.

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