La desaparición de la URSS entre 1988 y 1991 permitió a la Iglesia Ortodoxa Rusa salir de décadas de persecución estatal. Sin embargo, su autonomía real frente al Kremlin sigue siendo cuestionada. Bajo el liderazgo prolongado de Vladímir Putin, la conexión entre Iglesia y poder político se ha reforzado, mientras la religiosidad efectiva entre los rusos permanece débil.
Millones de fieles en el papel, pero con escasa práctica
La Iglesia Ortodoxa Rusa afirma contar con 110 millones de miembros en el mundo, 95 de ellos en Rusia. No obstante, encuestas como las del Pew Research Center o la Fundación de Opinión Pública rusa revelan que la asistencia regular a los oficios es mínima y que solo una fracción de los autodenominados ortodoxos reza o considera importante la religión en su vida.
El debilitamiento se agudizó con la fractura de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana—Patriarcado de Moscú, que se intensificó tras la creación de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania en 2019 y la guerra iniciada por Rusia en 2022. El conflicto eclesial refleja el trasfondo geopolítico que atraviesa al cristianismo oriental.
El origen del mito: de la “Tercera Roma” al cesaropapismo
Desde el siglo XV, Moscú se presentó como heredera espiritual de Constantinopla y Roma, adoptando la idea de la “Tercera Roma”. Sin embargo, el dominio estatal sobre la Iglesia—especialmente desde Pedro el Grande hasta el periodo soviético—convirtió al Patriarcado en un instrumento del poder político. La fe quedó subordinada al Estado.
Los intentos de reunificación con Roma surgieron a inicios del siglo XX, alentados por figuras como Vladímir Solovyov o Andrey Sheptytsky. Pero la instauración del régimen comunista sofocó cualquier impulso espiritual autónomo. La Iglesia Ortodoxa Rusa solo logró restaurar su patriarcado en 1917, justo antes de caer bajo control soviético.
¿Una “Santa Rusia” pro-vida y pro-familia?
Pese a su retórica provida, Rusia mantiene una de las tasas de aborto más altas del mundo y una natalidad por debajo del nivel de reemplazo. La Iglesia Ortodoxa Rusa ha justificado públicamente la invasión de Ucrania como una “guerra santa”, al tiempo que ataca a la Iglesia Greco-Católica Ucraniana y mantiene una postura ambigua hacia Roma, colaborando cuando conviene y rechazando la unidad cuando no.
El espejismo ortodoxo en Occidente
A pesar de los datos, crece en ciertos círculos occidentales—también católicos—la atracción por Rusia como bastión de la tradición. Algunos llegan a convertirse a la ortodoxia rusa buscando refugio frente a ideologías progresistas. Pero los números desmienten esta idealización: baja práctica religiosa, escasa natalidad, seminarios vacíos y dependencia estatal marcan la realidad rusa.
La historia y el presente del Patriarcado de Moscú obligan a mirar con escepticismo el mito de la “Santa Rusia”, más ligado al poder político que a un renacimiento cristiano genuino.
