¿La suerte del Sodalicio está echada?

¿La suerte del Sodalicio está echada?

(Nota de redacción: Cuando este artículo está en proceso de publicación, el Vaticano anunció la expulsión de dos miembros más del Sodalicio de Vida Cristiana, el P. Jaime Baertl y Juan Carlos Len Álvarez. Expulsiones que este artículo pronosticaba)

El lunes 21 de Octubre, el mismo día en que el arzobispo Charles Scicluna y Monseñor Jordi Bertomeu posaban para una «foto mensaje» con el Papa Francisco en el Aula del Sínodo, la Nunciatura Apostólica en el Perú anunciaba la expulsión de tres miembros más del Sodalicio de Vida Cristiana.

La nueva ola de expulsiones, producto de las «investigaciones» realizadas por la «Misión Especial»  presididas por Scicluna y Bertomeu, lleva la cuenta de expulsados de la Sociedad de Vida Apostólica nacida en el Perú a 13 miembros, entre los cuales el fundador, Luis Fernando Figari.

La última carta de expulsión es un signo de la chapucería con la que la «investigación» ha sido realizada , y de cómo la «Misión Especial» comenzó este proceso con un resultado predeterminado y completamente desligado de los resultados de una auténtica investigación: la disolución del Sodalicio.

El comunicado, que en la versión original -posteriormente corregida- dice «hoy, 21 de octubre de 2023,» presenta la lista de tres nuevos expulsados. El primero es José Ambrozic Velezmoro, a quien identifica  como ex Asistente de Temporalidades, de Comunicaciones, de Apostolado y ex Vicario General. El segundo es  el Sr. Ricardo Adolfo Trenemann Young… ¡A quien el dicasterio ya había expulsado en el comunicado del 24 de septiembre! ¿Así opera una investigación seria? ¿Y cómo interpretar la chapuza? ¿Dos expulsiones se anulan mutuamente?

El tercer acusado es el P.  Luis Antonio Ferroggiaro Dentone. Sobre él, el comunicado dice: «la presente decisión disciplinar no es óbice para las diligencias que, simultáneamente,

se están actuando en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, dada la condición clerical del acusado».  En otras palabras, el Dicasterio ha iniciado un proceso para la dimisión del estado sacerdotal del P. Ferrogiaro, que se justificaría si efectivamente existiera un caso de abuso sexual «de menores» contra él, como dice el comunicado. Solo por ese motivo su caso podría ir a Doctrina de la Fe. Pero resulta que la supuesta víctima que acusa al sacerdote, el activista Jason Day, públicamente y más de una vez ha dicho que la interacción de la que acusa a Ferroggiaro «no fue abuso sexual sino abuso de poder«. 

Eso quiere decir que nos encontramos en un escenario en el que es posible que el P. Ferroggiaro, sin haber cometido abuso sexual alguno, sea dimitido del sacerdocio antes que el jesuita amigo del Papa Francisco y violador en serie Marko Rupnik. Ese es el grado de absurdo y escándalo al que ha llevado la instrumentalización de la curia para volverla en herramienta de venganza de quienes tienen acceso a Francisco.

Las expulsiones de septiembre, en la que estuve incluído, fueron igualmente chapuceras. Hago un elenco de las arbitrariedades más egregias:

– El comunicado de la Nunciatura describe «crímenes» que no asigna a los individuos, sino que los menciona sin especificar quién cometió qué. Esto no solo crea confusión, sino que va en contra del mínimo derecho al buen nombre de los acusados; algo que no exige no solamente el sentido común, sino las normas del derecho canónico.

– Crea un «delito» que no existe en el derecho canónico: «abuso en el ejercicio del apostolado del periodismo», arbitrariamente inventado para expulsarme a mí, que nunca ocupé un cargo de gobierno en el Sodalicio. 

– Agrega al final que «ruegan a esta Sociedad de Vida Apostólica que inicie un camino de justicia y reparación”; pese a que el Sodalicio hace mucho tiempo que ha iniciado ese camino, como muestran los hechos y las cifras

El molinillo de que el Sodalicio «no se ha arrepentido», «no ha cambiado», «no ha reparado a las víctimas» -pese a haber pagado 2.8 millones de dólares en reparaciones- es no sólo falso, sino que forma parte de los mitos creados por la «Misión Especial», especialmente por Bertomeu, que es quien en realidad se ha encargado del día a día de las condenas al Sodalicio y de coordinar meticulosamente con sus adversarios. 

El camino de reparación de la comunidad puede ser incompleto y con numerosas imperfecciones, pero ha sido un camino largo, sistemático, lleno de pasos y de intervenciones crecientes de la Santa Sede que pese a haber sido meticulosamente descritas por el Sodalicio, para Bertomeu no significan nada. Y la razón es que han necesitado crear el mito de la total impunidad de la comunidad para justificar el «comenzar desde cero» de la Misión Especial; un mito que se ha divulgado con  ayuda de prensa cómplice.

Estas son algunas de las numerosas irregularidades e hitos de la «Misión Especial»:  

-Scicluna y Bertomeu, expertos en abuso sexual, fueron enviados a Lima en agosto de 2023, a investigar supuesto delitos económicos del Sodalicio, pese a que esta investigación ya la había hecho extensamente el Cardenal norteamericano Joseph Tobin, a quien nadie puede acusar de simpatizante del Sodalicio.

– La Misión se reunió durante cinco días con un número reducido de Sodálites y con un número amplio de víctimas y de otros «denunciantes», entre ellos los miembros de una banda de traficantes de terrenos recibidos con pompa en la Nunciatura Apostólica por Scicluna y Bertomeu como otras «víctimas» del Sodalicio, pese a tener más de 10 denuncias penales ante la justicia peruana.

– En febrero de 2024, la Misión Especial comenzó a enviar cartas de acusación contra una serie de sodálites, vía la Nunciatura Apostólica de Lima. Las acusaciones, que no tenían que ver con delitos económicos o sexuales, exigían al Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana iniciar procesos administrativos de investigación en vista a la expulsión del Sodalicio de los acusados.

– En mi caso, como expliqué detalladamente en mi cuenta de X, me acusan rivales periodísticos como Austen Iverigh, Dawn Eden Goldstein, Elise Ann Allen y el corresponsal del National Catholic Reporter en el Vaticano Christopher White, a quien nunca he visto en mi vida. Las acusaciones contra mí, además de los «delitos» de ser amigo de personas e instituciones católicas prominentes de línea conservadora en Estados Unidos, incluyen no solo numerosas mentiras, sino cosas tan bizarras como la de tener conexiones con la mafia rusa.

– Escandalosamente, el mismo día que el Superior General del Sodalicio recibía las acusaciones confidenciales del Vaticano vía la Nunciatura, la periodista de Crux Elise Ann Allen, ex miembro de la entonces rama femenina del Sodalicio y acusadora mía, publicó un artículo con la lista completa de los acusados. Cabe indicar que el Superior del Sodalicio apenas se había enterado de los acusados, y que cada uno de nosotros, exigidos por el sigilo eclesiástico, no sabíamos quiénes éramos todos. La información pues no podía ser filtrada por la parte de mi comunidad, porque no tenía cómo: solo pudo ser filtrada por parte de los “investigadores”, es decir, de la Misión Especial, sea desde el dicasterio en Roma, sea desde la Nunciatura en Lima. Esta violación de la confidencialidad a través de los medios, especialmente de Crux, se volvió en una constante a lo largo de todo el proceso. 

– En marzo de 2024, el Sodalicio nombró sendos investigadores independientes aprobados por el Vaticano para evaluar las acusaciones. Cada uno de nosotros tuvo que contratar un canonista y montar una defensa. Yo fui interrogado durante tres horas y media por el investigador, en compañía de mis canonistas, ante quien presenté unas cien páginas de defensa, incluyendo correos electrónicos, textos en redes sociales, mensajes por intranet y artículos periodísticos.

– Entre Abril y Mayo de 2024, los investigadores emitieron sus opiniones. En todos los casos se consideró que las acusaciones presentadas por la Misión Especial no ameritaban la expulsión, En mi caso, el investigador envió al Superior General un documento de 17 páginas con su conclusión favorable a mi permanencia, y adjuntó mis 100 páginas de documentos. 

– En base a esta conclusión, que siguió al pie de la letra las instrucciones escritas y verbales de la Misión a las autoridades del Sodalicio, el Superior General emitió decretos reconociendo la inocencia, pero en varios casos, como el mío, estableciendo algunas penas que debía cumplir como reparación por lo que de mal había hecho. Estos decretos fueron enviados a la Misión Especial.

– Pero en septiembre, nos llegó a todos los acusados sendos decretos de expulsión repletos de anomalías. Entre ellas, la fecha de firma del decreto era anterior al del fin de las investigaciones  -evidenciando que nuestro destino ya había sido predeterminado-; el decreto era el mismo para todos, pese a la diferencia de acusaciones, con la copia y pega de nuestros nombres; y no explicaba por qué y en base a qué razones canónicas se había decidido ignorar las investigaciones y conclusiones previas.

Estas anomalías ponían en evidencia que la decisión de castigar a la «generación vieja» de miembros del Sodalicio había sido decidida entre cervezas y no en el dicasterio; y que todo el complejo proceso de investigaciones, defensas, idas y vueltas con presentación de documentos no había sido más que un Kabuki para aparentar procedimientos.

Lo de las cervezas no es una hipérbole. Cuando recibí mi acusación, escribí inmediatamente al Dicasterio de Doctrina de la Fe expresando mi preocupación, primero por la ya mencionada falta de confidencialidad, y luego por la incestuosa relación de Bertomeu con los adversarios del Sodalicio.

Al respecto cité específicamente el enciclopédico libro de Pedros Salinas «Sin Noticias de Dios – Sodalicio: Crónica de una impunidad«.  Salinas, -co-autor  de «Mitad Monjes, Mitad Soldados»-  dedica en el un capítulo exclusivo a Bertomeu y la amistad que trabó con él en Roma. El capítulo se titula «Jordi». En él Salinas describe en detalle su estrecha relación con Mons. Bertomeu, al que llama por su primer nombre desde principios de 2019, es decir, una relación que al momento de la visita a Lima de la Misión Especial, tenía más de cuatro años. Su libro incluye descripciones de ir juntos a restaurantes romanos, beber cervezas en la habitación de Mons. Bertomeu en Roma y conversaciones íntimas que incluyen juicios severos y compartidos contra quienes ya eran considerados anticipadamente “culpables” de ser “abusadores”, aún antes de iniciadas las investigaciones. 

Transcribo acá dos pasajes del capítulo:

[Habla monseñor Bertomeu] -Tú tenías que estar ahí, Pedro. Se lo dije a Juanca [Juan Carlos Cruz]. Además de ser víctima de manipulación de conciencia, tú has sido uno de los periodistas que ha destapado uno de los escándalos que más abochorna a la Iglesia en Hispanoamérica, y encima un obispo del Sodalicio te quiere intimidar con una estrategia de acoso y derribo.

Realmente que estos tipos son…

-Son unos hijosdeputa. Bueno. Eso es lo que me espera a mi vuelta a Lima.

[Habla monseñor Bertomeu] Eso no va a prosperar. Créeme… No va a pasar.

Bueno. ¿Cómo está tu tarde?

-Liberada.

-Entonces vamos a mi oficina para que la conozcas, y de paso te presento al equipo que trabaja ahí. Todos son de primera y se han especializado en cazar pederastas, porque eso de perseguir herejes ya quedó en el pasado…

Otro pasaje:

El sábado habíamos quedado con Juan Carlos [Cruz] en visitar a Jordi [Bertomeu] hacia media mañana. Fuimos a la casa en la que estaba alojado. Era una residencia de curas ancianos o enfermos, retirados, atendidos por monjitas. Jordi tenía ahí una habitación austera, atiborrada de libros. Nos hizo pasar a una sala contigua y pidió que lo esperásemos mientras iba por unas cervezas.

A los pocos minutos, Jordi regresó, caminando lento y como si algo le incomodara, a la salita de al lado. Juan Carlos [Cruz] se puso a hacer algunas bromas, y luego se despidió. Tenía una entrevista con un medio chileno. Los dejo para que conversen, dijo y se fue. Al poco llegó una monjita con unas cervezas, un destapador y unas copas. Molte grazie, sorella, le dijo Jordi. Prego, respondió la religiosa.

Pero cuando la Misión Especial llegó a Lima el 2023, recibió a Salinas y Paola Ugaz como si no hubiesen conversado nunca, como si fuera necesario escucharlos más todavía.

Lo que se viene para el Sodalicio

Sé por una fuente que no puedo revelar por razones obvias, que el plan de la Misión Especial sigue siendo la de disolver el Sodalicio,  y que las expulsiones son solamente las cabezas en bandeja de plata prometidas. Y a la lista se sumarán más nombres.

En efecto, Ellis Ann Allen en Crux, mostró una vez más conocer antes que nadie la lista de los expulsados. Pero la lista en la nota de Crux incluía dos nombres que no estaban  en la lista oficial del Vaticano: el P. Jaime Baertl y Juan Carlos Len. 

Crux, apenas recibió una carta de protesta del P. Baertl, que publicó separadamente, eliminó los nombres. Pero esos dos nombres no habían sido agregados al azar. Son los nombres de los dos sodálites acusados por la Misión Especial mucho tiempo después, de tal manera que su defensa está todavía en proceso. ¿Cómo podían estar en la lista de los expulsados? No por casualidad. Quién filtró la información se olvidó de eliminar los nombres de los que de antemano serán expulsados, aunque la expulsión tenga que esperar algunas semanas, para cumplir con las formas del Kabuki. 

El paso siguiente será el nombramiento de un nuevo Comisario. De nada vale que el Sodalicio ya haya tenido dos comisarios que paralizaron todas las ordenaciones y profesiones perpetuas por dos años, dirigieron la institución durante ese tiempo, y velaron para que en la Asamblea General de 2019 se eligieran a las autoridades no según las constituciones de entonces, sino de acuerdo a los deseos del Vaticano. 

La próxima Asamblea General del Sodalicio está prevista para Enero de 2025 en Aparecida, Brasil. Allí los miembros del Sodalicio deberían aprobar significativas reformas a la constitución y a sus programas de formación meticulosamente revisadas y aprobadas por el Cardenal jesuita Gianfranco Ghirlanda. Ese proceso de cinco años tampoco ha sido de interés o motivo de consideración para la Misión Especial.

La idea es que el nuevo comisario se concentre en «reformas económicas», básicamente forzando al Sodalicio a liquidar bienes y repartirlos según el deseo de sus adversarios, especialmente de el cogollo de activistas, el Arzobispo de Lima Carlos Castillo Matasoglio, y la Conferencia Episcopal Peruana, bajo amenaza de ser suprimidos. Una vez liquidados los bienes, la supresión ocurriría igual.

En breve, el Sodalicio no tiene cómo recibir justicia de la Misión Especial en este pontificado. Esa es la razón por la que, luego de aceptar mi expulsión firmada por el Papa Francisco, anuncié que, tan pronto sea elegido un nuevo Papa, apelaré al Pontífice para mi restitución a la comunidad de la que fui privado injustamente y después de más de 40 años. 

Las autoridades del Sodalicio, que han sido ejemplarmente obedientes al Papa Francisco y a la Misión Especial, pese a la doblez  y la malicia evidentes, deberán elegir. Mi recomendación y mi deseo es que resistan. Que se dejen disolver sin aceptar un comisario ni las amenazas, hasta que un nuevo Sucesor de Pedro reine en la Iglesia, restablezca la normalidad de la  curia, le credibilidad de la Cátedra y la elemental justicia para todos los fieles.

Alejandro Bermúdez fue director de ACI Prensa y fundador de Catholic News Agency

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