Un miembro de la Comunidad de Lanceros experto en redes sociales nos ha traído el caso de lo que escribió el P. José María Olaizola, el gurú de la comunicación y del espectáculo, de los jesuitas en España a propósito de lo que dijo el Papa sobre el “mariconeo” en los seminarios.
El P. Olaizola, que suele tener gran sensibilidad y la piel fina, escribió un largo post en sus redes sociales para matizar y para dejar algunas perolas que ustedes mismos pueden calificar. Ya saben ustedes la obsesión pastoral de los jesuitas con esto de la homosexualidad. Que se lo digan a los de Valladolid o a los de Zaragoza con los actos recientemente organizados sobre este tema.
Para que no se diga que manipulamos las palabras del P. Olaizola vamos a reproducir lo que escribió y después añadiremos el comentario que le hizo uno de los sacerdotes más valientes que tiene hoy la Iglesia y que está presente en redes, Julián Lozano.
Escribió el P. Olaizola: “Ha habido una enorme polémica estos últimos días por las declaraciones del Papa Francisco a propósito de la posible admisión o no admisión de hombres homosexuales en los seminarios. La discusión viene de atrás, y tiene que ver con la definición de lo que se entiende por “tendencias homosexuales sólidamente arraigadas”, de un documento de 2005.
Es verdad que la polémica actual tiene que ver con el uso de un término claramente despectivo “Hay mucho mariconeo en los seminarios”, parece que dijo Francisco en una audiencia con la Conferencia Episcopal italiana. Si lo dijo por no entender bien el italiano, o lo dijo porque en privado entendió que no tenía trascendencia, eso ya queda abierto a la interpretación. Mal dicho en cualquier caso. Pero lo cierto es que por ese comentario se ha disculpado.
Lo fácil es que se exacerben los ánimos. Habrá quien reniegue de esta Iglesia. Hay también quienes se regodean y multiplican ahora los comentarios homófobos, creyéndose legitimados por el mismo Papa (no hay más que darse una vuelta por las redes para ver el tono casposo de algunos “buenos católicos”, entusiasmados por el episodio). Y hay mucha gente confundida y extrañada por ese tono en este momento.
Como siempre, lo mejor es pensar en frío.
Primero, tratar de ver de lo que habla el Papa. Si alude a ciertas dinámicas en algunos seminarios, habría que ver cuáles son. Si son conductas impropias, actitudes de lobbies, relaciones inadecuadas y ciertamente faltas al celibato, bien está que se pongan medidas para atajarlo (aunque, digámoslo todo, lo mismo en dobles vidas homosexuales que heterosexuales). Lo que es un error -pienso yo- es generalizar. Estoy seguro de que hay en muchos seminarios dinámicas excelentes, formación sólida, y actitudes claramente evangélicas en los largos años de formación.
Y también es un error atajar el problema cortando de raíz la posibilidad de vocaciones que siempre ha habido. Porque la realidad es que siempre ha habido sacerdotes de orientación homosexual. Sin necesidad de decirlo ni callarlo, porque a nadie más que a ellos y a Dios importa. Célibes, entregados, y buenos pastores. Hombres que, con sus pies de barro, como todos, han vivido tratando de hacer aquello para lo que Dios les ha llamado. Apuntar, con sus vidas, a Cristo. Servir a la Iglesia y a la comunidad. Ser, con sus palabras, eco de la Palabra. Amar, con amor célibe, a tantas personas que buscan acogida y encuentro. Hombres que han consagrado sus vidas y acompañado tantas historias. Que han servido sin exigir. Que han estado sin invadir. Que han sanado sin herir.
¿Ha habido y hay también malos pastores? Sin duda. Homosexuales y heterosexuales. Y habrá que seguir buscando en los seminarios dar formación sólida y acompañamiento riguroso en cada vida. Exigiendo y ayudando a cada persona a ser honesto, a tener claros sus compromisos y sus límites. Y tomando medidas claras siempre que se vea que esto no es posible.
Lo que no podemos hacer es dejar de hablar de estos temas. Convertirlos en polémica insoportable. Reducirlos al insulto o linchar a quien se atreva a tratar de matizar. El miedo a hablar es mal consejero. Y el resucitado ya se lo dijo a los discípulos una y otra vez «No tengáis miedo»”.
Ahora añadimos la contestación del sacerdote Julián Lozano preclara: “Con todo respeto, hermano. Si la Iglesia, a través del documento del 2005, ratificado por el Papa Francisco en el 2016, dice claramente que no se puede admitir al Seminario y a las Órdenes sagradas a las personas con vida homosexual activa, tendencia homosexual arraigada o que defiendan la cultura gay, quien actúa en contra de estas disposiciones está desobedeciendo.
Así ha sido, tristemente, en las últimas décadas en algunos ámbitos De la Iglesia. Algunas consecuencias las tenemos a la vista.
Según tus palabras, estás promoviendo que se obre en contra de lo dispuesto por la Iglesia, y esto no me parece de recibo”.
Mucho ánimo querido don Julián. Eres nuestro ejemplo.
Diego Lanzas