(Raymond J. de Souza en First Things)-Tras dos años de consultas sinodales a nivel diocesano, nacional y continental, el proceso sinodal sobre la sinodalidad para una Iglesia sinodal está listo para la fase planetaria de octubre. O, para ser precisos, la primera de dos fases planetarias. Habrá una «asamblea sinodal» de obispos y otros delegados designados este octubre en Roma, y luego otra en octubre de 2024.
El último paso en la preparación de esta fase planetaria fue la publicación en el Vaticano, el 20 de junio, del Instrumentum Laboris (IL), o «documento de trabajo» para la Asamblea Sinodal, redactado por un equipo internacional guiado por la secretaría del Sínodo de los Obispos.
El IL suele ser habitualmente el punto de partida de los debates pre-sinodales, y se revisa y modifica durante la propia reunión sinodal. Posteriormente es revisado por el Santo Padre en preparación de una exhortación apostólica. Este IL ofrece algo diferente, con una recapitulación de las discusiones hasta la fecha y numerosas «hojas de trabajo» con docenas de preguntas para guiar a los aproximadamente 370 participantes en la «Asamblea Sinodal» de octubre.
¿Qué hemos aprendido de la publicación del IL? Varias cosas han quedado claras.
- La sinodalidad es verbosa
La ingente cantidad de documentos sinodales generados en los últimos dieciocho meses ha tenido que ser masticada para producir algo remotamente digerible. El IL alcanza las 27.000 palabras, muchas de ellas dedicadas a las hojas de trabajo destinadas a generar aún más debates. Cuando concluya la fase planetaria de dos etapas el año que viene, el informe final del sínodo estará aún más hinchado. Ahora es razonable esperar que después de todo lo dicho y hecho -y se ha dicho mucho-, el papa Francisco, que ya ha publicado varios de los documentos papales más largos de la historia, pueda producir el primer texto papal que supere las 100.000 palabras.
Al caracterizarse explícitamente como un documento no magisterial, el IL afirma que el propósito del proceso sinodal sobre la sinodalidad para una Iglesia sinodal no es «producir documentos, sino abrir horizontes de esperanza para el cumplimiento de la misión de la Iglesia». Tal vez sea así, pero las montañas de papel generadas dificultan la visión de cualquier horizonte.
Las vergonzosas ilustraciones y la caligrafía infantil que han marcado el logotipo y la marca del Sínodo vuelven a estar presentes en el IL, y se llevan a un nuevo nivel con el tipo de infografía que hizo de USA Today un pionero en el diseño de periódicos de los 80. Un ejemplo que da especial vergüenza ajena ilustra, supuestamente, la «conversación en el Espíritu»; incluye manos incorpóreas ensamblando un arco de conchas de almeja. En una típica presentación de PowerPoint, la aparición de ese gráfico marca el momento en que todo el mundo deja de prestar atención.
- El sínodo marca el fin de Evangelii Gaudium
Durante el período previo al sínodo sobre la Amazonia de 2019, quedó claro que ese sínodo marcaría la muerte formal de «Aparecida», el histórico documento de 2007 de los obispos latinoamericanos que pedía una «misión continental». Si, más de diez años después, la Iglesia latinoamericana no podía enviar misioneros a su propia región amazónica, mientras aún se las arreglaba para enviar sacerdotes a cómodos destinos en Estados Unidos y Europa, entonces la misión continental había fracasado.
El proceso sinodal sobre la sinodalidad para una Iglesia sinodal amenaza con enterrar Evangelii Gaudium, la exhortación programática del papa Francisco de 2013, con su audaz llamamiento a una Iglesia «permanentemente en misión.»
La urgencia evangélica del Santo Padre se pierde en el IL. El papa Francisco ha pedido repetidamente una Iglesia que «avance», que «no se encierre en la sacristía» y que «se ensucie». En la rueda de prensa de presentación del IL, los responsables del sínodo se entusiasmaron con una imagen diferente: la de los participantes en el sínodo reunidos en mesas redondas, encerrados en un círculo cerrado en el que la Iglesia discute cómo discutir las estructuras de la Iglesia. El papa que comenzó con una visión tan orientada hacia el exterior debe estar terriblemente decepcionado por la realidad de los funcionarios eclesiales mirándose unos a otros alrededor de una mesa vaticana.
- El sínodo es una discusión sobre discusiones
Una de las primeras críticas al proceso sinodal sobre la sinodalidad para una Iglesia sinodal fue que se trataba de una reunión sobre reuniones. Ahora está claro que, si no es exactamente una reunión sobre reuniones, será una discusión sobre cómo mantener discusiones en la Iglesia. ¿Quién debería participar?
¿Quién debería escuchar? ¿Quién debería hablar? ¿Cómo debería organizarse la escucha y la palabra?
Lo que debe discutirse no es asunto del IL. Los responsables del Sínodo insisten en que el objetivo no es debatir nada en particular, sino cómo hacerlo.
«No tenemos agenda», dijo el cardenal Jean-Claude Hollerich, de Luxemburgo. El jesuita que ejerce de «relator general» del proceso sinodal se mostró molesto por las sugerencias en sentido contrario.
«No ha habido una reunión conspirativa con algunas personas para idear cómo podríamos añadir algunos puntos progresistas de la Iglesia», espetó. «Esto indica la mala imaginación de algunas personas».
- ¿Cuál es la agenda real?
¿Se trata de una mala imaginación o de una sospecha bien fundada de que hay una agenda real en marcha en alguna parte? A medida que se desarrollaban los dieciocho meses anteriores de discusiones, la gente se cansó rápidamente de hablar de hablar, así que en algún momento empezaron a hablar de algo. El IL estuvo atento a lo que habían estado hablando.
«Entre los frutos de la primera fase, y en particular de las asambleas continentales, que salieron a la luz gracias al modo de proceder que se acaba de esbozar, se identificaron tres prioridades que ahora se proponen a la Asamblea Sinodal de octubre de 2023 para su discernimiento», informó el IL. «Las tres prioridades se ilustrarán en relación con las tres palabras clave del Sínodo: comunión, misión, participación».
Sorprendente. Después de toda la escucha atenta, resultó que la mejor manera de entender lo que se había dicho en cada mesa redonda de cada rincón de la Iglesia era a través del prisma del tema sinodal elegido antes de que todo empezara: «comunión, misión, participación». Así pues, no hay un orden del día específico, sino que todos los puntos encajan en un orden del día general ya decidido. De ahí las sospechas. ¿Realmente no hubo aportaciones significativas que sugirieran que la «misión» podría verse comprometida por la «participación» en este agotador proceso?
En cuanto a los «puntos progresistas» que el cardenal Hollerich negó que se estuvieran enfatizando, cabe señalar que el taquígrafo de la corte de este pontificado, Gerard O’Connell, de la revista America, ha escrito que el IL pide «discusiones sobre mujeres, católicos LGBT, autoridad eclesiástica y más». ¿De dónde ha sacado la idea de que algunas discusiones sobre discusiones recibirían más atención que otras discusiones sobre discusiones?
En una de las quince «hojas de trabajo» anexas, el IL plantea esta pregunta: «A la luz de la exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia, ¿qué pasos concretos son necesarios para acoger a quienes se sienten excluidos de la Iglesia por su condición o sexualidad (por ejemplo, divorciados vueltos a casar, personas en matrimonios polígamos, personas LGBTQ+, etc.)?».
El propio Papa Francisco podría hacerse esa pregunta, ya que Amoris Laetitia no aborda «medidas concretas» para «las personas LGBTQ+». Es ese tipo de prestidigitación el que levanta sospechas cuando el cardenal Hollerich insiste en que no hay agenda, oculta o no. Y los viejos caballos de batalla liberales no han dejado de tamborilear con la idea de que su momento, aún no logrado, por fin ha llegado. ¿Saben algo que el cardenal Hollerich ignora?
- El IL malinterpreta la Escritura
A lo largo de los sínodos del papa Francisco se ha popularizado la imagen de Jesús resucitado «caminando junto» con los discípulos de Emaús. «Caminando juntos» es a la vez el lema y el estribillo constante de la sinodalidad. La imagen de Emaús está de vuelta en el IL, con la habitual omisión del hecho de que en el relato bíblico, Jesús reprende duramente a los discípulos por caminar en la dirección equivocada, y que todo el encuentro termina con la conversión: dar la vuelta y caminar en la otra dirección. La conversión está prácticamente ausente en el IL.
El uso tendencioso de las Escrituras aparece de nuevo con una invocación a Juan 10, señalando que las ovejas reconocen la voz del Buen Pastor. Cierto, pero Juan 10 también subraya que las ovejas no escuchan las voces de «ladrones y salteadores». La escucha bíblica exige que el rebaño no escuche las voces de los malos pastores. Escuchar todas las voces de manera acrítica, como propone el IL, tiene una lógica mundana, pero no es bíblica.
- El IL tiene un espíritu mundano
De hecho, la «mundanidad» que el Santo Padre condena con frecuencia prevalece en todo el IL. Su encuesta inicial de temas podría haber sido producida por cualquier agencia de la ONU: «Demasiadas guerras que tiñen de sangre nuestro mundo que llevan a pedir un renovado compromiso para construir una paz justa; la amenaza que representa el cambio climático que implica la necesaria prioridad de cuidar la casa común; el grito para oponerse a un sistema económico que produce explotación, desigualdad y una cultura de usar y tirar; y el deseo de resistir a la presión homogeneizadora del colonialismo cultural que aplasta a las minorías».
El lenguaje empleado no es el lenguaje de la Biblia, ni el lenguaje del Vaticano II, ni el lenguaje del papa Francisco. Es el lenguaje de la clase consultora, recorrido por la fraseología de las burocracias eclesiales y adornado con algunas citas bíblicas. El Instrumentum Laboris es realmente laborioso. Queda por ver si todo ese trabajo será un instrumento para algo que no sea más trabajo.
Publicado por el padre Raymond J. de Souza en First Things
Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana