El Papa Francisco y el concilio que no quiere acabar, los extraños equilibrios del Vaticano, rito extraordinario en Francia.

El Papa Francisco y el concilio que no quiere acabar, los extraños equilibrios del Vaticano, rito extraordinario en Francia.

El Papa Francisco ha recibido en audiencia a la Oficina Nacional de Catequesis de los obispos italianos en su  60 aniversario, exhortando a recordar el Concilio Vaticano II: “Después de cinco años, la Iglesia italiana debe volver a la Convención de Florencia, y debe comenzar un proceso de Sínodo nacional, comunidad por comunidad, diócesis por diócesis: este proceso también será una catequesis». «O te quedas con la Iglesia y, por tanto, sigues el Concilio, y si no sigues el Concilio o lo interpretas a tu manera, como quieras, no te quedes con la iglesia. En este punto debemos ser exigentes, severos». «La actitud más severa, guardar la fe sin el magisterio de la Iglesia, te lleva a la ruina. Por favor, no concesiones a quienes pretendan presentar una catequesis que no concuerde con el magisterio de la Iglesia”.

Estas palabras del Papa Francisco han desatado todos los demonios que pueblan la turbulenta marcha de la Iglesia en estos decenios. No puede existir contradicción entre el ‘magisterio’ del concilio y el anterior, si admitimos esto estamos admitiendo la relativización del magisterio que en cada época se ajusta a conveniencia y pasaría a ser tan opinable el anterior como el conciliar. El Vaticano II fue un Concilio diferente a los demás y no quiso utilizar el poder supremo de la infalibilidad, ni siquiera para promulgar leyes universales en el sentido clásico. En el discurso de apertura del Concilio, Juan XXIII,  explicó que este no habría sido un Concilio como los demás, habría sido «un Magisterio, cuyo carácter es eminentemente pastoral»; sin el propósito de la «discusión de tal o cual tema de la doctrina fundamental de la Iglesia», que el Papa asumió como un hecho; el Concilio tampoco pretende formular condenas: simplemente volver a proponer la doctrina «de modo que responda a las necesidades de nuestro tiempo».  Pablo VI insistió en varias intervenciones de esto mismo y todos recordamos la hermenéutica de continuidad del los últimos pontificados. No se puede convertir el último concilio en algo que ni el mismo concilio quiso, no es una nueva iglesia, sus textos solo se pueden entender en la continuidad de un magisterio secular que el mismo concilio deja muy claro que no pretende modificar sino hacer más comprensible.

La Congregación para la Doctrina de la Fe, el pasado mes de marzo, realizó una encuesta entre los obispos de todo el mundo sobre la aplicación del  Summorum Pontificum en las diócesis. La Conferencia Episcopal Francesa nos proporciona un resumen de los resultados recibidos. Respondieron a la encuesta 87 de las 92 diócesis, el 95%.  Según Paix liturgique, que lleva años realizando encuestas y estimaciones en muchos países, cerca de 67.000 personas asisten a esta celebración todos los domingos en Francia, y no los 15.000 que apunta el resumen. En Versalles, es el  9% de los que asisten Misa los domingos y sería el 5% de los católicos en Francia  El lamento general es la falta de sacerdotes que celebren con este venerable rito. La gran preocupación de los obispos es la influencia que esta situación podría tener en la formación del clero la atracción del clero joven por el rito «extraordinario», algo que los obispos, entre otras cosas, reconocen y algún obispo: «sugiere pensar en la formación de algunos seminaristas para la celebración según la forma extraordinaria del rito romano para deshacerse de la dependencia de institutos particulares y sobre todo de la SSP que celebran exclusivamente según la forma extraordinaria».

Tenemos otro libro colectivo: «El Otro Vaticano II. Voces de un Concilio que no quiere acabar», en el que se propone una mirada alternativa y a contracorriente al Concilio Vaticano II, unido a la crisis de la Iglesia y de la fe misma. El tema del Vaticano II se asemeja a un río subterráneo que sabemos que está ahí se manifiesta intermitentemente y excita y divide. Volvemos a la dogmatización de un Concilio que no quiso ser dogmático y se ha convertido en el dogma por excelencia. Ya anunciamos que no está muy en línea con los ‘acentos’ del concilio que intuimos en el Papa Francisco.

Korazym nos da su impresión sobre la última entrevista a Parolin que califica de surrealista porque no se dice nada sobre responsabilidades objetivas. Recuerda el trabajo del primer auditor,  injustamente expulsado por haber hecho bien su trabajo y resaltar la reticencia obstruccionista algunos ‘superiores’ que no colaboraron en la transparencia. El pánico reina en el micro estado pontificio porque si el Papa Francisco ha autorizado el proceso a Becciu, todo apunta a que sí, todo es posible. Parece que todo se pretende reducir al “juicio de la Marogna”, olvidando a los seis sospechosos que presuntamente han distraído ilegalmente unos 454 millones de euros. Nos toman el pelo y parece que las leyes son para»otros» y el mea culpa se reserva solo para el acto penitencial. Un tema que seguiremos y que está desmontando muchas estrategias tradicionales de los procesos sumarios acostumbrados en el Vaticano.

«Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen».

Buena lectura.

 

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