Furioso por los resultados, Francisco embiste contra obispos argentinos fieles

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Furioso por los resultados, Francisco 
embiste contra obispos argentinos fieles
 
     Furioso por los resultados electorales en Argentina, con la peor derrota histórica sufrida por su peronismo, el Papa Francisco continúa con su afán de «misericordiar» buenos obispos. La elocuencia avasallante de las urnas en su país lo ha llevado, en los últimos días, a descargar sus iras con miembros del episcopado argentino. Por un lado, se siente como «traicionado» por buena parte de su cúpula; que, según él, «no hizo todo lo posible para restarle votos a Milei, en favor de Massa»; y, por el otro, ha puesto en su mira a un puñadito de obispos fieles -que se pueden contar, en Argentina, con los dedos de una mano-, a los que considera poco funcionales a su ideología.
     Este más que minúsculo grupo está compuesto por hombres de fe, varoniles, que -aunque sin las cualidades intelectuales, por ejemplo, del Cardenal Müller, o las agallas de Mons. Strickland- solo buscan ser buenos pastores, y laboriosos; ocupados en serio de sus sacerdotes, religiosas, consagrados, y laicos. No brillan, obviamente, ni en los medios, ni en ambientes cortesanos; y guardan un bajo perfil. Pero, claro, su celo apostólico, su desinterés por el «carrerismo», y su fidelidad al Señor, y a la Iglesia, arrancan sistemáticamente celos y envidias del más que mediocre episcopado argentino; estragado por la ignorancia, las ambiciones, y la codicia. Con ese marco, Francisco le mandará a uno de esos obispos, en los primeros días de diciembre -¡pocos días antes de Navidad!- un «visitador fraterno»; como clara señal de que él es el único con mando en plaza. Y que, o se someten a sus caprichos, o corren serio riesgo de quedar de patitas en la calle…
     En tanto, las aguas están muy divididas en el episcopado sobre la eventual visita de Francisco. Y, más allá de los llamados telefónicos, las «invitaciones» almibaradas, y del  presunto «operativo clamor», no pocos obispos de la cúpula dan a entender que sería mucho mejor que no viniese. Uno de ellos -en franca carrera- se sinceró: «Unos y otros querrán politizar la visita de Francisco. Vendrán meses durísimos, de alta conflictividad social, y las calles argentinas pueden llegar a transformarse en un polvorín. Ni de lejos, entonces, es el mejor marco para la visita. Lo más difícil, sin embargo, es que los obispos no estamos en condiciones de garantizar una movilización masiva para los actos de Francisco. La reciente campaña electoral dejó al desnudo múltiples rechazos e indiferencia a su figura. Una «complicación de rodilla» -dijo, mientras hacía un guiño cómplice- podría postergar indefinidamente ese viaje»

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