Del arzobispo Aguer;
El misterio de la paz.
La paz es un misterio porque es un don de Dios, cuando la guerra es un fenómeno típicamente humano. Al concluir la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918), que fue una matanza horrenda de millones de personas, el Papa Benedicto XV subrayó el desenlace con una encíclica, del 23 de mayo de 1920, que comenzaba con las palabras, “Pacem, Dei munus”.
A lo largo de los siglos se ha impuesto la definición de la paz que fijó para siempre San Agustín: “tranquilitas ordinis”. El nombre de la paz es algo sagrado, es un nombre divino. Pero se lo ha malbaratado en infinitos manoseos; todo conflicto bélico concluía en una Paz. Así la historia registra numerosas Paces, que son honradas como si se tratase de un fenómeno meramente humano; no se toma en cuenta el elemento sobrenatural y el protagonismo del Diablo, que agudiza los conflictos alterando los corazones. El protagonismo divino es la Providencia. La Divina Providencia ilumina la historia, e invita a ver las numerosas guerras que no acaban en sangre, pero que torturan a los pueblos.
La Paz es un don divino que se asienta en el corazón del hombre y se extiende al pueblo. Es tan común el fenómeno de la guerra, que los pueblos no reconocen la distinción de Caín con Abel. Y, por tanto, no saben disfrutar del placer de la paz, la tranquilidad de un orden que no se impone con las armas, sino con la vivencia de la Ley de Dios, y la ley natural, en la comunidad. Los primeros que padecen la falta de la Paz son los pobres. Este fenómeno habrá sido así en todos los tiempos, pero actualmente existe la capacidad de superarlo. El Papa Pablo VI escribió que “el desarrollo es el nuevo nombre de la Paz”. De allí que diversas formas de desarrollismo lo intentaron en muchos países; y lo consiguieron en algunos que, entonces, marchan al frente de la civilización.
Si se puede hablar del misterio de la Paz es porque ésta en el plano humano se refiere a la Paz Celestial, que es Dios mismo.
+ Héctor Aguer
Arzobispo Emérito de La Plata.
Buenos Aires, viernes 27 de marzo de 2026.
Santa María junto a la Cruz.
Santo Tiempo de Cuaresma. –