Franco: El ataúd que nadie vio

Franco: El ataúd que nadie vio

Nadie habla del agujero. Todo el mundo recuerda la losa —aquella lápida gris, sobria, grabada con “Francisco Franco», tan pesada como la historia misma—, y todos vieron las imágenes del féretro saliendo en helicóptero, entre militares de gala, escoltado por el Gobierno como si se tratase de una operación quirúrgica. Pero del agujero, nada. Cero fotografías. Cero planos. Cero explicaciones.

No hay una sola referencia pública al tipo de sepultura que se encontraba bajo la losa. ¿Era una cámara profunda? ¿Un simple hueco en la roca? ¿Tenía acceso desde abajo? ¿Era un nicho ciego, cerrado por los cuatro costados?

Todo lo que sabemos es que el féretro se extrajo desde arriba. ¿Pero se abrió? No.

Lo dijo la ministra de Justicia en funciones, Dolores Delgado, que presidió el acto como “notaria mayor del Reino”: “No se abrió el féretro. Se trasladó tal como estaba.” Y también lo confirmó la familia, resignada y en silencio: “El ataúd no se abrió en ningún momento, ni hubo verificación forense.” Lo declaró públicamente el abogado de la familia, Luis Felipe Utrera-Molina.

Todo fue grabado, dijeron. Hay un vídeo. Un testimonio. Pero no se ha mostrado. Nadie lo ha visto. Y sin embargo, hay algo más. Algo bajo tierra. Bajo el altar mayor del Valle de los Caídos, existe una estación sísmica activa, perteneciente al Instituto Geográfico Nacional, conectada a la Red Sísmica Nacional. No es un mito: aparece en documentos oficiales. “Estación VLL: Valle de los Caídos, instalada bajo la basílica.” Así figura en el inventario de estaciones sísmicas permanentes del IGN.

¿Cómo se accede a esa estación? ¿A cuánta profundidad está? ¿Y por qué nunca se menciona su existencia cuando se habla de lo que hay bajo el altar? ¿Y si el cuerpo de Franco fue extraído por otra vía? ¿Y si ya no estaba allí cuando la losa se levantó? ¿Y si… alguien se adelantó?

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