Los curas rebeldes de la diócesis de Francisco que se sienten abandonados

Los curas rebeldes de la diócesis de Francisco que se sienten abandonados

El cardenal Gianfranco Ghirlanda se reunió con sacerdotes de la Diócesis de Roma para explicarles la constitución apostólica que define su organización, In Ecclesiarum Communione. Pero la reunión fue bastante más ‘movida’ de lo que estaba previsto.

Uno de los detalles más comentados en la primera alocución de Francisco en el balcón de San Pedro, recién nombrado Papa, fue que en ningún momento se llamó a sí mismo Papa, sino ‘obispo de Roma’. Esto parecía transmitir una impresión de modestia en su papel universal y un especial cuidado a su función episcopal: el nuevo Pontífice no dejaría que su papel de Vicario de Cristo le apartase de sus obligaciones episcopales hacia una diócesis concreta.

Naturalmente, el Papa es el pastor de toda la Iglesia, y nadie esperaba que pudiera ocuparse de su grey local con la indivisa atención que se espera de cualquier otro obispo. Pero es que, se quejan muchos de sus sacerdotes, ni siquiera parecen tenerle como obispo a tiempo parcial.

¿Por qué el Papa no ordena a sus sacerdotes romanos?, se pregunta uno de los sacerdotes romanos que asistió a la reunión en el gran salón de la Pontificia Universidad Lateranense, según nos cuenta Silere non Possum. ¿Por qué no conoce al clero?, se pregunta el párroco de San Juan Crisóstomo, que tuvo un particular «éxito» entre los presentes. ¿Por qué el Papa no visita el seminario diocesano, como lo hicieron sus predecesores? ¿Cómo puede un obispo no preocuparse por sus futuros sacerdotes? Y hubo más interrogantes: ¿Sobre qué base aprobará el Papa los nombramientos de párrocos? ¿Quizás basado en la simpatía? ¿Habría que confiar en el juicio del «Consejo Pastoral Parroquial»? ¿Personas que no tienen conocimiento de las necesidades de una parroquia pero actúan solo por intereses personales?

No hay que decir que el propio Papa no estaba en la reunión, por eso la presidía el cardenal Ghirlanda, que a su afirmación de que el obispo de Roma es Francisco recibió un irónico comentario por parte de uno de los sacerdotes presentes: Agradecemos mucho a Su Eminencia por recordarnos este dictado del Catecismo de la Primera Comunión”.

La impresión general la resumió un párroco que se dirigió a los tres ponentes para señalar que es muy diferente ser obispo de Roma en el papel y serlo en la realidad. Si antes el Papa era obispo de Roma y todos sabían que en todo caso su vicario se preocupaba por cuestiones concretas, hoy, como suele hacer Francisco, esto ya no sucede pero la cuestión se agrava y no mejora.

Hasta Ghirlanda reconoce que “en lo que se refiere a los Consejos Episcopales, no los presidirá todos. A lo mejor mira la agenda y si le interesa alguna cosa en particular la presidirá”. Pero ¿cómo, para que el Papa venga sólo cuando le plazca? ¿Era necesaria una constitución para decir esto? Al igual que con la cuestión económica, Francesco interviene para lo que le importa.

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