El año se va terminado y la realidad informativa sigue con una intensidad impropia de estas fechas mucho más propensas a la tranquilidad y la celebración familiar.
Encontramos una interesante reflexión sobre las palabras de Papa Francisco sobre el «fin del cristianismo» en la víspera de Navidad dejó a los que siguen el Vaticano o los acontecimientos católicos asombrados. El Papa no dijo nada sobre el Salvador y el Redentor, ni siquiera lanzó una reprimenda sobre la comercialización de estas fiestas. El Papa dijo algunas cosas sorprendentes y sentenció algo inusual : «Ya no estamos en el régimen del cristianismo, porque la fe, especialmente en Europa, pero también en gran parte de Occidente, ya no constituye una presuposición obvia de la vida común, de hecho, a menudo incluso es negada, ridiculizada y marginada «. La observación del Papa suena como un fracaso, una admisión de que la fe cristiana (en este caso, la católica) ya no puede hacer frente a los problemas modernos de la sociedad actual o volver las mentes secularizadas hacia el mensaje de Cristo y ni siquiera para mantener la adhesión a la fe de los mismos creyentes. Después de todo, según las investigaciones más recientes, los creyentes en Europa, incluida Italia, están en fuerte declive.
¿El remedio para volver al cristianismo? Ya en 1990 en la encíclica misionera «Redemptoris Missio», el Papa Juan Pablo II acuñó la expresión «Nueva evangelización». Diez años después, en la carta apostólica Novo Millennio Ineunte, el Papa Juan Pablo II escribió: «He repetido muchas veces en los últimos años el atractivo de la nueva evangelización. Lo repito ahora […]. Debemos revivir en nosotros el sentimiento ardiente de Pablo, que exclamó: «¡Ay de mí si no predico el Evangelio!». Hablando de esta misión, el Papa agregó: «No se puede confiar a una parte de» especialistas «, pero tendrá que involucrar la responsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios «. Incluso el Papa Benedicto en junio de 2010 instituyó el «Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización» precisamente para dar impulso a la proclamación del Evangelio.
Casi treinta años después estamos en el punto de partida, incluso peor según el Papa (siempre en su opinión, por supuesto). Mientras tanto, las iglesias evangélicas y pentecostales han ganado terreno en Italia, sin mencionar a los testigos de Jehová que han hecho de la evangelización una especie de modus vivendi. Messori, ya en 1982, en el libro Apuesta a la muerte, escribió:»Esta impresionante fuerza de expansión es incomprensible solo para aquellos que no quieren admitir eso. La lectura de la Biblia hecha por los testigos de Jehová responde evidentemente a necesidades auténticas que otras teologías ya no satisfacen ”.
En la práctica, se necesita determinación, auto sacrificio, tenacidad para evangelizar. Un mensaje, un Evangelio para difundir, pero en el sentido original del término; en cierto sentido, una buena noticia real que se anunciará a los pobres, tanto los reales como los de espíritu. El Papa también citó en el mismo discurso la frase histórica, aunque sin mencionarla, del leopardo de Tomasi da Lampedusa ‘Si queremos que todo permanezca como está, todo debe cambiar’, advirtiendo sobre el cambio falso que muchos, como aquellos que usan un vestido pero permanecen ellos mismos. Inadvertidamente, el Papa Francisco, recordando el paradigma del Risorgimento italiano, ha revelado su verdadero temor, que la crisis del cristianismo no será sacudida ni resuelta por nadie, que todo siga igual y la fe cristiana permanece en ese punto de no retorno.
El otro tema de hoy que se come todo el posible mensaje sobre la familia es la petición del Papa Francisco de apagar el teléfono en la mesa, en el momento de la comida. El Papa Francisco no utiliza los nuevos medios digitales, ni ordenadores ni teléfonos móviles y creemos que esta petición encierra un profundo desconocimiento de los que hoy es la familia y de lo que hoy es el teléfono. Los números de personas que viven solas en nuestra sociedad son alarmantes y parecen superar ya el 50 % de la población, en estos casos poco sentido tiene tener encendido o apagado el maldito teléfono. Las familias están deshechas y encontrar la imagen idílica de la familia que come y cena junta es cada vez más infrecuente. Los horarios laborales y el ritmo de vida hace que es difícil coincidir en esos momentos.
El telefono ya no es solamente un teléfono. Casi podemos decir que es un nombre impropio para un artilugio que es mucho más. La inmensa mayoría de los sacerdotes reza la liturgia de las horas con el teléfono. La liturgia, incluso la celebración de la Misa, es cada vez más frecuente hacerla con estos endemoniados, pero comodísimos instrumentos. Las mil prestaciones que hoy llevamos en nuestro bolsillo hace que podamos tener a nuestro alcance una enorme biblioteca y hasta la Biblia en verso. Como todo en este mundo se puede utilizar mal y tiene aplicaciones poco deseables pero en general creemos que aporta posibilidades muy positivas que no se deben demonizar. Su uso, o no, cuando estamos físicamente con otras personas entra en el mundo de la buena educación.
Al obispo de Sevilla, casi caducado, no le ha gustado una Misa encargada por los niños abortados el día de los Santos Inocentes. No creemos que no le gusta la Misa, quizás está incomodo por quien la encarga. Mejor dejar las cosas claras para no dar la sensación de que se quiere esconder el crimen del aborto que sigue siendo una de las mayores lacras de nuestra sociedad.
Los discursos papales de la Navidad siguen llenándonos de fraternidades sin paternidades, de inmigracionismos, de culturas del encuentro, de cambios sin rumbo y demás mandangas. El movimiento de las sardinas proclama que Jesucristo es la sardina mayor, el Rosario de Salvini es un escándalo pero si la sardina viene por la zurda se ve con mejores ojos. El pez tiene un antiguo sabor cristiano que nos recuerda a Jesucristo, Hijo de Dios, y Salvador.
El Vaticano está decidido a presentar su equipo en las olimpiadas. Es una pena que no estemos más preocupados por la atención espiritual de los atletas católicos y nos quedemos en la gracieta de ver a una monja corriendo el maratón. Cuando el Vaticano se empeña en jugar a ser un estado como los demás entra en la espiral del ridículo sin remedio. En el supermercado del Vaticano se siguen vendiendo lácteos de las famosas vacas de las Villas pontificias que Pio XI soñó como las mejores del universo. Hoy son otros tiempos pero caemos en las mismas pesadillas, sean vacas u olimpiadas.
«El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.»
Buena lectura.
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