A ver si este artículo puede entrar pues he estado día y medio sin acceso al Blog por problemas técnicos que han sido problema de los técnicos. Parece que se van resolviendo.
En los últimos tiempos entre nuestros obispos pasan cosas rarísimas. Como si hubieran aparecido no sé si dagas florentinas o cuchillos cachicuernos entre nuestros obispos. Fenómeno que no era común aunque hubiera naturales discrepancias. Ahora aparecen conductas que algunos podrían calificar de mafiosas. Impropias entre sucesores de los Apóstoles.
El caso Zaragoza es un escándalo de ser cierto. Y apariencias tiene. ¿Ha habido obispos decididos a cargarse a un hermano por no se sabe bien que propósitos? ¿Honestos? ¿Deshonestos? ¿Hay obispos que quieren cargarse a otros hermanos? ¿No están algunos detrás de la maniobra? ¿Hay apetencias desordenadas detrás de todo eso? ¿Tras el caso Ureña, que cada día parece más turbio, ha habido caso Javier Martínez? ¿Y ahora Juan José Asenjo?¿Estamos ante una lucha por el poder hoy, y sobre todo mañana? ¿Con presidencias y cardenalatos en juego? ¿Los francotiradores son espontáneos o alentados?
Me consta que hay obispos perplejos. Y preocupados ante las consecuencias. Eso no es lo nuestro, me decía uno. Caben lógicas aspiraciones pero dentro de una ética. No el acuchillamiento. Y si en ello se intenta mezclar al Papa, peor.
Si fuera cierto, Dios quiera que no, lo que algunos insinúan, con alguna base, se impondría una purga en nuestro episcopado. Y también no faltará quien piense que con Rouco no pasaban estas cosas.
La Iglesia española se enfrenta a difíciles momentos. Ante los que debe mostrase monolítica y respaldada por el pueblo fiel. No puede mostrarse como Rajoy y Esperanza Aguirre o Aznar, Sánchez y la presidenta de Andalucía, o Iglesias y Errejón. Eso queda para la política. La Iglesia es otra cosa. O debería serlo. No nos pueden meter a los católicos en eso. Ya somos demasiado inconsistentes. Como para dividirnos más.