El Papa León XIV concluyó este martes su Viaje Apostólico al Líbano con una intensa jornada marcada por la cercanía a los enfermos, la memoria de las víctimas de la explosión del puerto de Beirut y una multitudinaria celebración eucarística en el Beirut Waterfront. Antes de partir hacia Roma, el Pontífice dirigió un discurso de despedida centrado en la reconciliación nacional, la unidad del país y la necesidad de abandonar toda forma de violencia.
El último día del viaje dejó una imagen clara del estilo pastoral de León XIV: un Papa que combina gestos silenciosos de compasión con palabras firmes sobre la justicia, la dignidad humana y la paz.
Visita al Hospital de la Croix: “Aquí habita Jesús”
La primera etapa del día llevó al Santo Padre a la Congregación de las Suore Francescane della Croce, en Jal ed-Dib, donde visitó a los pacientes y al personal del Ospedale de la Croix, obra fundada por el Beato Padre Jacques (Padre Yaakub). Allí fue recibido por la superiora general y escuchó el testimonio de dos enfermos.
En su saludo, León XIV destacó que en ese hospital “habita Jesús”, tanto en los enfermos como en quienes los atienden. Agradeció el servicio de las religiosas y del personal sanitario, a quienes animó a no perder la alegría de su misión pese a las dificultades.
Recordó que la Iglesia está llamada a cuidar a los pobres y que en el rostro de los más frágiles “se encuentra la misma sufrencia de Cristo”. A los enfermos les dirigió palabras de consuelo directo: “Estáis en el corazón de Dios. Él os lleva en la palma de sus manos”.
Tras impartir la bendición, el Papa realizó una visita privada al pabellón Saint Dominique antes de dirigirse al lugar de la explosión del puerto de Beirut.
Oración en el puerto de Beirut: recuerdo a las víctimas y reclamo de verdad
En el puerto, León XIV guardó un momento de silencio y oración en memoria de las víctimas de la explosión del 4 de agosto de 2020. El Papa expresó su cercanía a las familias y reafirmó la necesidad de verdad y justicia, un mensaje que resonaría más tarde en su discurso de despedida.
Santa Misa multitudinaria en Beirut Waterfront: esperanza para un país herido
Miles de fieles se reunieron en el Beirut Waterfront para la celebración de la Santa Misa, en la que el Papa centró su homilía en la necesidad de recuperar la gratitud, incluso en medio de la oscuridad social, política y económica que vive el Líbano.
Desde la explanada abierta al Mediterráneo, León XIV evocó la belleza bíblica del Líbano —los cedros, el perfume, la gloria del santuario—, pero no eludió su dolor: “Esta belleza está oscurecida por la pobreza, la inestabilidad, la crisis económica y las heridas del pasado”.
Pidió a los cristianos del país que reconozcan y protejan las “pequeñas luces” que mantienen viva la esperanza: la fe sencilla de las familias, el trabajo de parroquias y congregaciones, la misión de sacerdotes y religiosos, y el compromiso de los laicos.
“Debemos cultivar estos brotes”, señaló, advirtiendo contra la violencia, la idolatría del dinero y la tentación del desánimo. Llamó también a “disarmar los corazones”, superar las divisiones políticas y religiosas, y reavivar el sueño de un Líbano unido donde reine la justicia y la paz.
Antes de la despedida, dirigió un enérgico llamamiento por la paz en el Medio Oriente, exhortando a los cristianos del Levante a ser “constructores, anunciadores y testigos de paz” en un contexto marcado por guerras y tensiones prolongadas. También elevó oraciones por Guinea-Bisáu, Hong Kong y por todos los pueblos que sufren violencia.
Telegrama al Presidente del Líbano: gratitud y bendición
Al despegar hacia Roma, el Papa envió un telegrama al presidente Joseph Aoun expresando su “profundo sentido de gratitud” por la acogida recibida, asegurando sus oraciones por la “paz, unidad y prosperidad de la nación” e invocando abundantes bendiciones sobre el pueblo libanés.
Ceremonia de despedida: “El Líbano es un mensaje”
En el Aeropuerto Internacional de Beirut, León XIV fue despedido por el Presidente de la República y las autoridades civiles y religiosas. En su discurso final, el Papa reconoció la riqueza cultural del país y la fuerza de su pueblo, “capaz de resistir como los cedros y dar fruto como los olivos”.
Recordó su oración ante la tumba de san Charbel y su impacto al visitar el puerto devastado, llevando consigo “el dolor y la sed de justicia de tantas familias”.
El Papa dirigió un llamamiento directo contra toda forma de violencia:
“Cesen los ataques y hostilidades. Las armas matan; el diálogo edifica. Elijan la paz como camino, no solo como meta”.
Invocó también las célebres palabras de san Juan Pablo II —“El Líbano es más que un país, es un mensaje”— como síntesis de la vocación histórica del país a la convivencia, y animó a trabajar juntos para hacer posible ese ideal.
“Dios bendiga al Líbano, al Medio Oriente y a toda la humanidad”, concluyó en árabe antes de partir.