El arzobispo de Toulouse, Mons. Guy de Kerimel, ha revocado el nombramiento de un nuevo canciller que había suscitado controversia en la diócesis. En un mensaje dirigido a los fieles este 16 de agosto, pidió perdón tanto a las víctimas de abusos sexuales como a la persona inicialmente designada, y anunció la nueva designación del abbé Léopold Biyoki como canciller a partir del 1 de septiembre de 2025.
Un cambio de rumbo para evitar divisiones en la Iglesia local
En su comunicado, Mons. de Kerimel explicó que la decisión de dar marcha atrás en el nombramiento se tomó para evitar tensiones entre obispos y el riesgo de quedar atrapados en una confrontación entre posturas opuestas. “Es ahora un hecho, con la designación de un nuevo canciller”, indicó.
El arzobispo reconoció que su decisión inicial fue interpretada por muchos como una afrenta hacia las víctimas de abusos, algo que —afirma— no fue su intención. Por ello, pidió perdón públicamente a las personas afectadas.
Petición de perdón al acusado y reflexión sobre su reintegración
Mons. de Kerimel también expresó su arrepentimiento hacia el clérigo inicialmente nombrado, de quien dijo tener confianza, por “no haber sabido encontrar el lugar justo al que tiene derecho” tras haber cumplido su pena. Esta doble disculpa refleja la compleja tensión entre atender el dolor de las víctimas y no excluir de forma definitiva a quien ya ha pagado su deuda con la justicia.
Renuncia de Dominique Spina y nombramiento de Léopold Biyoki
El arzobispo agradeció públicamente al padre Dominique Spina por su “real disponibilidad de corazón” al renunciar al cargo de canciller, a petición suya. Tras un proceso de consulta, Mons. de Kerimel anunció el nombramiento del abbé Léopold Biyoki como nuevo canciller de la diócesis de Toulouse, con efecto a partir del 1 de septiembre de 2025.
Justicia restaurativa y el desafío cristiano de la reconciliación
El prelado dedicó buena parte de su mensaje a reflexionar sobre la “justicia restaurativa”, que busca encuentros voluntarios entre víctimas y autores para reconocer el mal cometido y evitar quedar encerrados en él. Recordó que la justicia humana, aun castigando los crímenes, no debe transformarse en un mecanismo de venganza, sino en una vía para la reinserción social, siempre protegiendo a la sociedad y sin trivializar el daño causado.
Mons. de Kerimel subrayó que, en casos de delitos graves como el abuso sexual, el daño puede ser irreparable, pero eso no autoriza a “encerrarse en una lógica destructiva” que daría la victoria final al mal.
El ejemplo evangélico de perdón y conversión
El arzobispo recordó que Jesús confió responsabilidades a personas con pasados marcados por el pecado y el delito —como Mateo, Pedro, Pablo o María Magdalena— tras su conversión. “Esta lógica evangélica va más allá de la reinserción social: cambia el corazón del hombre”, afirmó.
Para Mons. de Kerimel, la misión de la Iglesia exige no contraponer justicia y misericordia, sino mantener ambas en equilibrio, conscientes de que “el camino de conversión nunca está acabado en esta vida”.
Concluyendo su mensaje, el arzobispo llamó a seguir reflexionando como comunidad eclesial sobre cómo conjugar justicia y misericordia, evitando que las reacciones emocionales sustituyan la búsqueda de una verdadera justicia según el Evangelio.