El Papa celebra el alto el fuego en Gaza

El Papa celebra el alto el fuego en Gaza

En el Ángelus, el Papa Francisco reflexionó sobre el primer milagro de Jesús en las bodas de Caná, destacando cómo el relato anticipa toda su misión al traer el «vino nuevo» de la salvación.

Subrayó dos conceptos centrales: la carencia humana y la sobreabundancia divina. En la vida, enfrentamos momentos de falta, como cuando las preocupaciones y los temores nos quitan la alegría y la esperanza. Sin embargo, el Papa recordó que Dios responde a nuestras carencias con generosidad, llenando nuestras vidas con su amor abundante y eterno. Invitó a confiar en esta gracia y a vivir con la certeza de que Dios siempre desea compartir su sobreabundancia con nosotros.

Tras la oración, expresó su gratitud por el alto al fuego en Gaza y animó a que se respete para facilitar la paz y la reconciliación entre israelíes y palestinos. También celebró la liberación de presos en Cuba como un signo de esperanza en este año jubilar, exhortando a realizar más gestos de este tipo en todo el mundo. Concluyó enviando saludos a diversos grupos de peregrinos y reiteró su llamado a la oración por la unidad de los cristianos y por los países afectados por la guerra, como Ucrania, Israel y Palestina.

Les ofrecemos las palabras completas del Papa durante el Ángelus:

Antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

El Evangelio de la liturgia de hoy (Jn 2,1-11) nos habla del primer signo de Jesús, cuando convierte el agua en vino durante unas bodas en Caná de Galilea. Se trata de un relato que anticipa y sintetiza toda la misión de Jesús: el día de la venida del Mesías -así lo dijeron los profetas- el Señor preparará «un banquete de vinos excelentes» (Is 25,6) y «las montañas destilarán el vino nuevo» (Am 9,13); Jesús es el Esposo que trae el «vino nuevo».

En este Evangelio podemos encontrar dos cosas: la falta y la sobreabundancia. Por un lado, falta el vino y María le dice a su Hijo: «No tienen vino» (v. 3); por el otro, Jesús interviene haciendo llenar seis grandes ánforas y, al final, el vino es tan abundante y exquisito que el dueño del banquete le pregunta al esposo por qué lo ha conservado hasta el final (v. 10). Entonces, nuestro signo es siempre la falta, pero siempre «el signo de Dios es la sobreabundancia» y la sobreabundancia de Caná es el signo de ello (cfr. Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, vol. I, 294). ¿Cómo responde Dios a la falta del ser humano? Con sobreabundancia (cfr. Rm 5,20). ¡Dios no es tacaño! Cuando da, da mucho. No te da un pedacito, te da mucho. A nuestras faltas el Señor responde con su sobreabundancia.

En el banquete de nuestras vidas – podríamos decir – a veces nos encontramos con que falta el vino: que nos faltan fuerzas y muchas cosas. Sucede cuando las preocupaciones que nos afligen, los temores que nos asaltan o las fuerzas perturbadoras del mal nos quitan el sabor de la vida, la ebriedad de la alegría y el sabor de la esperanza. Tengamos cuidado: Pero frente a esta falta, cuando el Señor da, da la sobreabundancia. Parece una contradicción: cuanta más falta hay en nosotros, más sobreabundancia hay por parte del Señor. Porque el Señor quiere hacer una fiesta con nosotros, una fiesta que no tendrá fin.

Oremos pues a la Virgen María. Que ella, que es la «Mujer del vino nuevo» (cf. A. Bello, María, Señora de nuestros días), interceda por nosotros y, en este año jubilar, nos ayude a redescubrir la alegría del encuentro con Jesús.

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Después del Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas!

En los últimos días se ha anunciado que hoy entrará en vigor el alto al fuego en Gaza. Expreso mi gratitud a todos los mediadores. Es un hermoso trabajo mediar para que se logre la paz. ¡Gracias a los mediadores! Y también doy las gracias a todas las partes que han intervenido en este importante resultado. Espero que lo acordado sea respetado inmediatamente por las partes y que todos los rehenes puedan finalmente regresar a casa y volver a abrazar a sus seres queridos. Rezo mucho por ellos y por sus familias. También espero que las ayudas humanitarias lleguen más rápidamente y en grandes cantidades a la población de Gaza, que tan urgentemente las necesita.

Tanto los israelíes como los palestinos necesitan señales claras de esperanza: espero que las autoridades políticas de ambos, con la ayuda de la comunidad internacional, puedan alcanzar la solución adecuada para los dos Estados. Que todos puedan decir: sí al diálogo, sí a la reconciliación, sí a la paz. Y recemos por ello: por el diálogo, la reconciliación y la paz.

Hace unos días se anunció la liberación de un grupo de presos de las cárceles cubanas. Es un gesto de gran esperanza que concretiza una de las intenciones de este año jubilar. Espero que en los próximos meses sigamos emprendiendo iniciativas de este tipo en las distintas partes del mundo, que infundan confianza en el camino de las personas y de los pueblos.

Y saludo a todos ustedes, romanos, peregrinos, a los niños de la Inmaculada Concepción, a las Hermanas de San Agustín procedentes de Polonia, al grupo de fieles guatemaltecos con la imagen del Señor de Esquipulas, y a los alumnos de los colegios «Pedro Mercedes» de Cuenca y «Juan Pablo II» de Parla, en España, y a los del Piggott School de Wargrave, Inglaterra. Saludo a los jóvenes y misioneros del movimiento Operazione Mato Grosso; a los fieles de la Unidad Pastoral de La Guizza de Padua, a los de Malgrate, Civate y Lecco Alta, y a los de Locorotondo; así como al grupo de «Amigos Especiales» de Este.

En estos días de oración por la unidad de los cristianos, no dejemos de invocar de Dios el precioso don de la plena comunión entre todos los discípulos del Señor. Y recemos siempre por la martirizada Ucrania, por Palestina, Israel, Myanmar y por todos los pueblos que sufren a causa de la guerra.

Les deseo a todos un buen domingo y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y ¡hasta la vista!

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