España está atravesando un vuelco cultural de dimensiones históricas. Así lo señala el Informe España 2025, elaborado por la Cátedra José María Martín Patino de la Universidad Pontificia Comillas, que advierte que el país vive “la tercera gran oleada de secularización” desde comienzos del siglo XXI. Esta nueva fase no solo acelera el distanciamiento de la población respecto al catolicismo, sino que redefine por completo el mapa religioso, social y demográfico del país.
Al parecer, la sensación del «giro cultural a lo católico» ha sido una ventisca en medio de toda una tormenta, o es la cuarta ola que comienza ahora. Sin embargo, el estudio arroja cifras contundentes: el 60% de los jóvenes españoles se declara ya sin religión, mientras que el conjunto de la población alcanza el 40%, triplicando los niveles registrados en el año 2000.
Una secularización que avanza a toda velocidad
Según el informe, esta tercera oleada se caracteriza por una ruptura generacional. Los jóvenes no solo abandonan la práctica religiosa, sino que se desvinculan completamente de cualquier identidad religiosa, algo que no había ocurrido en oleadas anteriores. La confianza social en la Iglesia también se deteriora: del 41,7% en 1999 ha caído al 32,8% en 2017, y las proyecciones apuntan a una pérdida continuada de influencia.
Mientras tanto, las minorías religiosas se estabilizan en torno al 10% de la población, con 2,2 millones de musulmanes y 1,5 millones de protestantes y ortodoxos, reflejo de un país que ya no se entiende culturalmente desde un eje cristiano.
Los católicos practicantes, por su parte, se mantienen en un modesto 15%-20%, frente al desplome de las celebraciones religiosas sociales: los matrimonios por la Iglesia han pasado del 76% en el año 2000 al 19% en 2022.
Una mies abundante y pocos obreros
El Informe España 2025 traza una radiografía: España se adentra en una secularización profunda, acelerada y generacional. Una sociedad que, en apenas dos décadas, ha pasado de considerarse mayoritariamente católica a convivir con una mayoría juvenil sin vínculo religioso alguno.
En un país donde millones de jóvenes ya no conocen la fe, donde la Iglesia pierde presencia y donde la esperanza se erosiona, cobran un nuevo peso las palabras de Cristo:
“La mies es mucha y los obreros pocos” (Mt 9,37).
La crisis religiosa no debe leerse solo como pérdida, sino como llamada: ahí donde crece la indiferencia, la Iglesia está invitada a dar testimonio con claridad, profundidad y valentía.
