La Iglesia es germen del Reino de Dios, nueva catequesis de los obispos de México

La Iglesia es germen del Reino de Dios, nueva catequesis de los obispos de México

En la nueva entrega de la catequesis «Venga a Nosotros Tu Reino: La Iglesia como germen del reino», el obispo Ramón Castro Castro, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), ofreció una profunda reflexión sobre el papel de la Iglesia en el mundo actual. Inspirado en las palabras del papa Benedicto XVI, el obispo comparó a la Iglesia con la luna, que no brilla con luz propia, sino que refleja la luz de Cristo, su fuente de santidad y vida.

El obispo destacó que la Iglesia, formada por personas con defectos y debilidades, no es perfecta. Sin embargo, su santidad no proviene de sus miembros, sino de Cristo, quien la fundó y la sostiene. En un mundo donde a menudo se busca moldear la Iglesia según preferencias personales, monseñor Castro recordó que no es un material maleable, sino un sacramento: un signo visible de la gracia divina que fluye desde el corazón de Cristo para salvar a la humanidad.

La Iglesia es la puerta por donde recibimos las gracias que Dios derrama a través de los sacramentos”, afirmó el obispo. Además, la describió como una madre amorosa que enseña la fe y guía a sus hijos hacia un encuentro profundo con Dios.

El mensaje enfatizó las cuatro notas esenciales de la Iglesia: es una, porque Cristo la concibió como una sola familia; santa, por la gracia divina que la sostiene; católica, porque su mensaje está destinado a todos los corazones y rincones del mundo y apostólica porque se apoya en los pastores, sucesores de los apóstoles, cuya misión es guiar al pueblo de Dios hacia la salvación.

En este sentido, la Iglesia es vista como el “germen del Reino de Dios”, una semilla humilde, como la mostaza de la que habla Jesús en el Evangelio, que crece con el tiempo hasta alcanzar su plenitud al final de los tiempos. Mientras tanto, los bautizados están llamados a vivir su fe con vigilancia, como las vírgenes prudentes, cuidando el “aceite” de su fe hasta el retorno de Cristo.

La catequesis también subrayó la misión de la Iglesia: salir al encuentro de los que sufren, de los que están solos y de los que se encuentran lejos de Dios. “Somos como velas encendidas que alumbran y dan calor a los demás, reflejando la luz que hemos encontrado en Cristo”, expresó el obispo Castro. Esta tarea evangelizadora se extiende a todos los ámbitos de la vida: familias, trabajos y comunidades, donde los cristianos están llamados a ser portadores del Evangelio.

Un punto central de la reflexión fue la Virgen María, presentada como el modelo perfecto de la Iglesia. En su santidad, pureza y amor maternal, María refleja el ideal al que la Iglesia aspira. Inspirado en las palabras de San Marcelino Champagnat, el obispo destacó que “a través de María llegamos a Cristo” quien revela el rostro amoroso de Dios.

La catequesis concluyó con una invitación a acercarse a la Iglesia con la confianza de hijos que buscan el abrazo de una madre. En un mundo lleno de desafíos, la Iglesia, como germen del Reino, sigue siendo un faro de esperanza y un canal de la gracia divina. “Venga a nosotros tu Reino”, rezó el obispo, invocando la intercesión de María para que los fieles vivan plenamente su vocación como discípulos de Cristo.

La catequesis completa puede verse aquí.

 

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