No ha caído nada bien en la mayoría de los obispos alemanes el documento sobre las parroquias elaborado por la congregación del clero y se nos anuncian encuentros para confrontar posiciones en Roma. La iglesia en Alemania es la que de una forma más evidente y dura ha vivido la separación protestante dividiendo el país en dos. Un gran cisma que todavía se siente en todos los aspectos de la vida diaria y que ha obligado a una convivencia no siempre pacífica. El hecho religioso, tanto el católico como el protestante, están en una profunda crisis, por los números más el protestante que el católico, pero los dos mal. Es de los pocos países en donde los datos son fiables al 100% y no provienen de encuestas o estadísticas sino de los datos nominales de los que deciden libremente pertenecer a una u otra confesión, o bien a ninguna. El caso Alemán nos parece especialmente importante porque es un reflejo de lo que está sucediendo en gran parte del llamado primer mundo.
La situación en la que nos encontramos no nace de la convicción de buscar lo que es mejor en estos momentos sino de la tremenda escasez de sacerdotes, y de candidatos, que presagia un futuro inmediato nada esperanzador. Hasta ahora se han tapado los huecos de todas las formas posibles, agrupaciones de parroquias, diáconos permanentes, sacerdotes importados sobre todo de la India… Hoy estamos llegando a las parroquias dirigidas por un laico, no porque esto sea lo bueno y deseable, sino porque no hay otra, o esto, o el cierre. El sínodo Alemán, perdón, el camino sinodal, busca tapar la hemorragia de fieles que año tras año desangra la ya muy desangrada iglesia alemana. No es que preocupe la ausencia de fieles a los actos de culto, o el abandono de los sacramentos, o la falta de vocaciones, o la ignorancia religiosa; preocupa, y mucho la bajada de ingresos. El abandono de fieles significa abandono de contribución económica y eso duele. Hay un aspecto que ha agravado la situación en los últimos meses con la epidemia y es la previsible caída de ingresos de las familias alemanas que puede llegar al 15%. Traducido en porcentaje de aportación es demasiado dinero.
Los fieles alemanes pagan, y pagan mucho, pero son exigentes cuando buscan un servicio de su iglesia y quieren encontrarse con una buena atención, esto no puede faltar. Al bajar el compromiso personal solo queda pagar por todos los servicios y pagar bien. Las parroquias alemanas son una empresa con un equipo de contratados a sueldo, y sueldo alemán, que viven de este oficio. Todo este tinglado es el que está en peligro. Podemos pensar que son ricos y sobrevivirán pero no es tanto así, ingresan mucho y gastan mucho, todo cuesta y cuesta mucho. Los obispados son enormes maquinarias empresariales en donde la fe cuenta muy poco y se piensa en términos de gestión económica. Los sacerdotes que tienen clara su misión se ven en serias dificultades y son engullidos por una implacable maquinaria que busca números positivos en la cuenta de resultados.
Los diálogos romanos poco, o nada, resolverán porque no van a la raíz del problema sino a tapar sus efectos adversos. Los romanos piensan que la parroquia debe contar con la figura imprescindible del sacerdote y los alemanes ya no están en condiciones de garantizarlo. Los directores laicos, o laicas, de parroquias están al caer, la influencia del estilo protestante, al que tanto se ha acercado el católico en estos últimos años, hace que todo se vea mucho más natural. La situación en los demás países no es mucho mejor, los alemanes son muy realistas enfrentándose con el problema, pero una iglesia sin Eucaristía, y por tanto sin sacerdocio, deja de ser la Iglesia de Jesucristo con todas las consecuencias.
Este verano contamos casi a diario con noticias de supresión de festejos populares, en su mayoría con connotaciones religiosas, o centrados en ello. Podemos interpretarlo como mala noticia, o como no tan mala. Alguna vez entenderemos lo que significa el valor infinito del Sacrificio Eucarístico y que el tener mucho o poco ‘público’ no es lo importante. Pocos había en el Calvario y la cosa fue trascendental. Todo esto nos puede ayudar a dejar caer la hojarasca y a centrarnos en lo fundamental, nos irá mucho mejor. La multitud de sacerdotes que han celebrado con piedad y profunda fe la Misa en privado en este periodo será un torrente de gracia que dará muchos frutos, los mejores, los más importantes. Merece la pena quemar toda una vida por celebrar solamente una vez la Misa, pero no nos lo terminamos de creer y así nos va.
Si algo está haciendo ver la pestilencia es la inutilidad de nuestros gobernantes. Los hay buenos gestionado las alegrías, pero muy malos e incompetentes cuando los dineros escasean. Las mentiras publicitarias tienen un corto recorrido y el cabreo general se nota que crece por días. Los juegos del Vaticano, y del Papa Francisco, son demasiado evidentes y la máscara se ha caído. Si miramos a la historia de las grandes crisis veremos que los dirigentes que se encontraban en el poder en su inicio no lo estaban al final, esperemos que este cambio se produzca de forma inteligente y pacífica.
La canonización del Papa Juan Pablo I se acerca y ya tenemos milagros presentados. El papa de los 30 días marca un momento importante en los últimos decenios y su figura no es indiferente. Muchos de los problemas que él quiso solucionar, no le dejaron, siguen muy vivos.
San Francisco de Asís, que era diácono, afirma sobre la celebración de la Misa: «Que toda la humanidad tiemble, que el mundo entero se estremezca y los cielos alaben cuando Cristo, el Hijo de Dios, esté presente en el altar en las manos del sacerdote. »
«…por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes.»
Buena lectura.
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