Al Vidal, «veneno mortal», le ha faltado tiempo para darle cancha al personaje en cuestión, Miquel Ensenyat Riutort, presidente del Consell de Mallorca -antes, diplomado en educación social, y educador social como ocupación profesional conocida-, que se ha madrugado con la siguiente frase, mínimo de telediario: «Soy de izquierdas porque soy católico. Una cosa es consecuencia de la otra».
Al Vidal, «veneno mortal», la frase le parece digna de ser cincelada en piedra, por lo menos, sino en hierro puro; porque es de las que retratan a la perfección el caos mental -intelectual y moral- que invade a esa gran masa de gentes que, llamándose «católicos» no tienen ni idea de lo que eso significa, ni a lo que eso compromete. La prueba la dan este tipo de gentes, con este tipo de declaradas.
Tipos y declaraciones que al Vidal, «veneno mortal», le provocan los juguillos más interiores de su nunca bien alabada y suficientemente ponderada persona. Y por eso pierde el oremus con estas cosas; incluso la sensatez que alguna vez supongo que tuvo. Porque, como contestó aquel buen fraile: «todo es bueno para el convento», al ser interpelado mientras pretendía meter a una señora entre sus muros, bien podría el Vidal, «veneno mortal», afirmar lo mismo en su intento de desmontar lo «indesmontable»: la Iglesia. Aunque daño hace: qué duda cabe.
Aclaro: que nadie se escandalice por lo el fraile, que es un chascarrillo de humor clerical que no ha sucedido nunca.
Pero como seguro que hay gentes a las que, tal como está el patio, incluso les ha podido parecer que este buen señor, el Miquel, ha dicho una verdad de perogrullo, por mor de clarificar un pelín las cosas, voy a entrar a esta tirada de la moto; iba a decir que por desconocimiento, pero no es el caso del señor Ensenyat, al que le faltó el último curso de teología, que ya no hizo, para ordenarse sacerdote con los religiosos del Lluc, de antiguo arraigo en Mallorca.
Por supuesto, para el «veneno mortal», el tal Miquel es «teólogo»: pues resulta que ni lo es ni lo ha sido; pero esto, para el Vidal, ¿qué importancia tiene?. El «veneno mortal», sabe muy bien lo que escribe y por qué lo escribe… Yo también, modestamente.
O sea: damos por bueno que este buen señor, el Miquel, cuando dice una cosa así, se le supone que sabe lo que dice, y lo dice tal cual: «Soy de izquierdas porque soy católico. Una cosa es consecuencia de la otra». Y aquí es donde viene el lío, al que se apunta -la va la vida- el Vidal, «veneno mortal»: cada vez más veneno, por cierto, y menos «intelectual».
Porque vamos a ver, Miquel, alma de cántaro. Según tu ínclito intelecto -superdotado, oyes-, ser católico lleva a ser de izquierdas. O sea, que todo católico que no se hace de izquierdas, no es buen católico. Y, por lo mismo: para ser buen católico hay que ser cuanto más de izquierdas, mejor; en caso contrario, se es un católico fracasado; algo así como un «católico no practicante».
Bien. Entonces, ¿por qué el 99,99 % de los de izquierdas -en tu partido debes ser tú el único que se titula «católico»-, ni son católicos y, si lo han sido, han dejado de serlo? Vamos, que para buscar y encontrar un católico en las izquierdas hay que ser Diógenes, como mínimo, que iba en pleno día con su lámpara encendida «buscando un hombre».
Con ese porcentaje, ¿cómo se puede sostener que ser de izquierdas es consecuencia de ser católico, manteniendo las dos velas encendidas? ¿No será que, como se cuenta por ahí, cuando uno va conduciendo un coche por una autopista, y empieza a ver que TODOS los demás van en dirección contraria a la suya, ese tal debería pensar que «me he equivocado y voy en dirección contraria»? Pues tú, Miquel -y a ese carro se sube el Vidal, «veneno mortal»- eres el prototipo del que, encontrándose en esa situación, dice: «van todos mal».
Lo que sí es cierto es que, muchos que habían sido católicos, dejan de serlo y «se hacen» de izquierdas. Esto sí es cierto. Pero les pasa lo que ya denunciaba Chesterton, de feliz memoria: «hace falta más fe para creer en la Enciclopedia Británica que para creer en la Biblia». A estos de la izquierda, que no quieren creer en Jesucristo y su Iglesia, luego tienen que creer en ruedas de molino, tienen que hacerse un lavado, un planchado y un estirado de meninges y de los pares del cerebro, para tragar ideología va e ideología viene, que es la muerte cerebral. Y todo para acabar dedicando su vida a quitar la Misa de la 2, a quitarle a la Iglesia sus bienes, a quitarle a los pobres todo la ayuda que les viene de la Iglesia -y para la que ellos no ponen ni un duro: es más, bastantes ayuntamientos acuden a Cáritas para suministrarse alimentos y tener así para «ayudar» a los necesitados-, y para decir «arderéis como en el 36», momentos «gloriosos» de las izquierdas, de los que tienen no ya morriña, sino ansias incolmadas. Están sedientos, los pobrecillos.
Ya se ve que, católico y de izquierdas, son horizontes incompatibles. Y el que no lo ve, o no lo cree así, está muy, pero que muy, liado. Pero, «de todo hay en la viña del Señor. Amén».
Lógicamente, y aunque no lo haya dicho, tampoco es compatible, a día de hoy, ser católico y de derechas, si entendemos por derechas al PP, sin ir más lejos: porque derechas e izquierdas, en los ámbitos más esencialmente humanos, son hoy, además de genuina y cruelmente inhumanos, perfectamente reversibles. E inservibles para el hombre que quiere permanecer como tal. No digamos si además quiere ser católico.
Lo de Dalí viene a cuento de que, cuando en una entrevista le dijeron que Picasso era comunista, contestó: «Yo tampoco». Pues eso.
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