Santa Teresa de Calcuta: una vida al servicio de los más pobres

Santa Teresa de Calcuta: una vida al servicio de los más pobres
“Por mi vocación pertenezco al mundo; en lo referente a la fe, soy una monja católica. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús.”

Infancia y vocación temprana

Gonxha Agnes Bojaxhiu nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, una ciudad entonces perteneciente al Imperio otomano.
Creció en el seno de una familia católica albanesa profundamente creyente. Desde muy pequeña mostró una sensibilidad
especial hacia la oración y la vida de fe, y con apenas cinco años y medio recibió su Primera Comunión. La fe fue el
eje central de su infancia y pronto percibió un llamado interior a consagrarse enteramente a Dios.

Camino hacia la misión

En 1928, con solo 18 años, dejó su hogar y se unió a las Hermanas de Loreto en Dublín, donde tomó el nombre de Teresa
en honor a Santa Teresa de Lisieux, patrona de las misiones. Poco después fue enviada a la India. En Calcuta ejerció como
maestra, pero con el tiempo sintió con fuerza lo que llamó una “llamada dentro de la llamada”: un mandato interior para
dejar el convento y servir directamente a los más pobres en las calles de la ciudad.

Fundación de las Misioneras de la Caridad

Ese impulso espiritual cristalizó en 1950 con la fundación de las Misioneras de la Caridad, una congregación
dedicada a cuidar de los “más pobres entre los pobres”. Lo que comenzó con unas pocas religiosas creció hasta convertirse
en una obra extendida por el mundo entero: hospicios para moribundos, orfanatos, hogares para enfermos, leprosos y
marginados, además de escuelas y dispensarios para quienes nada tenían.

Reconocimientos y pruebas

La figura de la Madre Teresa no tardó en ser reconocida internacionalmente. En 1979 recibió el Premio Nobel de la Paz
por su labor incansable en favor de los pobres y olvidados. Sin embargo, detrás de su imagen pública de serenidad y entrega,
atravesó también largos periodos de sequedad espiritual, un silencio interior que vivió como parte de su unión con Cristo
crucificado. Su vida fue, en palabras suyas, un testimonio de que “no estamos llamados a tener éxito, sino a ser fieles”.

“No estamos llamados a tener éxito, sino a ser fieles.”

Últimos años y canonización

La Madre Teresa murió el 5 de septiembre de 1997 en Calcuta, a los 87 años, rodeada de sus hermanas y de la gratitud
del pueblo al que había servido durante décadas. Fue beatificada en 2003 por san Juan Pablo II y canonizada en 2016 por
el papa Francisco. Su memoria litúrgica se celebra cada 5 de septiembre, fecha de su fallecimiento.

Un legado eterno

Santa Teresa de Calcuta dejó al mundo un testimonio luminoso de caridad cristiana vivida hasta las últimas consecuencias.
Su vida recordó a todos que en el rostro del más pobre, del enfermo y del marginado se refleja el mismo rostro de Cristo.
Ese fue el núcleo de su misión y el mensaje que aún hoy sigue interpelando a creyentes y no creyentes: amar sin medida,
servir sin esperar recompensa y descubrir en cada persona la dignidad de hijo de Dios.

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