Tras la publicación de la carta abierta de Miguel Escrivá dirigida a la Asamblea Arcoiris, hemos recibido esta réplica firmada por Juancho, miembro de CRISMHOM.
La publicamos íntegramente para que nuestros lectores puedan conocer de primera mano la voz de quienes se han sentido interpelados. No compartimos varios de los presupuestos teológicos y morales que aquí se exponen; la doctrina católica sobre el sentido del cuerpo, la familia y la castidad permanece clara. Precisamente por respeto a la verdad y a nuestros lectores, damos espacio a esta carta manteniendo nuestra convicción de que la caridad no puede contradecir la verdad revelada.
Carta de Juancho (CRISMHOM) a Miguel Escrivá
Querido hermano Miguel:
Soy Juancho, un joven católico y gay, miembro de CRISMHOM y sobre todo enamorado y seguidor, aunque a menudo infiel, de Jesús de Nazaret. He de confesar que me ha interpelado tu carta. No porque estemos de acuerdo, ya que en absoluto lo estamos; sino porque percibo una intención genuina de acercar a los hermanos a la Verdad. He pensado en contestar tus palabras, y con ello he tenido que plantearme el propósito por el que lo haría. Tú y yo tenemos numerosas convicciones, he incluso vivencias, tan opuestas que en algún punto pueden llegar a ser irreconciliables. Por ello sé que jamás ninguno de los dos convencerá al otro. Aún así creo que merece la pena apostar por la hermandad que nos une y que nos lleva a dialogar poniendo a Dios en el centro. Desde el respeto apuesto por ello y te escribo estas líneas.
El primer punto del contenido de tu carta que ha llamado mi atención es que hablas del cuerpo como templo del Espíritu para argumentar en contra del proceso de transición de una persona. Partiré de esta idea de templo del Espíritu, ya que es algo que nos une. Esta imagen del templo pone de relieve que lo importante es el contenido, es decir, el Espíritu. Este es el que nos habita y nos convierte en piedras vivas. Desde la experiencia de una vida y un cuerpo habitados por Él sabemos que las personas trans son también creación de Dios. Efectivamente, no se equivoca. Pero no en el sentido que quieres explicar tú. Dios no se equivoca porque una persona trans siempre lo ha sido, desde su nacimiento; no es una persona que en un momento de su vida decida cambiar. Una persona trans es aquella que lucha por manifestarse tal y como Dios la ha creado. Otro tema es la transición y cómo y en qué grado se decide ejecutarla, porque para que el entorno de una persona le reconozca como mujer parece que es necesario que tenga rasgos, morfología y expresiones femeninas y para que le reconozca como hombre, masculinas. A menudo nos perdemos en las apariencias en lugar de ir a lo profundo y preguntarnos ¿cómo habita el Espíritu a cada persona?
En segundo lugar, hablas de la familia. No creo en la verdad absoluta que promulgas. Tampoco creo, desde luego, en las verdades a medias. Creo en la Verdad encarnada. A menudo se ha propuesto la Sagrada Familia como modelo y en realidad es todo un modelo de familia diversa, diferente. Parece que María y José no estaban casados aún; Jesús tenía dos padres, el celestial y el putativo; y desde luego, ser hijo único en aquella época era muy inusual. Así, la Verdad se encarna eligiendo un modo poco m convencional y hasta marginal. Es justamente en la Sagrada Familia donde podemos encontrar varios modelos de familia, no solo uno hegemónico, y donde yo descubro que Dios también me puede llamar a formar una familia con un marido en apertura a la vida. Porque la apertura a la vida no es únicamente engendrar de forma biológica, es también abrirse a ella en todas sus formas e, incluso, hacer que la vida merezca la pena. Las personas de diversidad sexual también podemos estar llamadas a la fecundidad en la familia.
En tercer lugar, hablas de la castidad. Si bien es una vocación universal, no lo es la recepción en cada persona. Aquí es donde cabe el discernimiento y el acompañamiento espiritual y pastoral, algo asumido en los heterosexuales pero ignorado en nosotras y nosotros. A ti la Iglesia por ser varón heterosexual no te impone por definición que tengas que ser padre de familia, a mí por ser homosexual me impone por definición que no lo puedo ser. La Iglesia no se equivoca pero, a veces, no acierta. Y en esta aproximación no acierta. El gran tema que subyace aquí es el origen de la homosexualidad o bisexualidad en la persona. La Iglesia basa su postura en el trabajo de psicólogos de la década de 1960 que intentaron explicar que surge por una herida psicoafectiva. Hoy la Academia ha superado esas hipótesis. Yo estoy convencido de que Dios me ha hecho así. Soy gay por la gracia de Dios. Y lo vivo así porque la experiencia de ser una minoría me ha acercado a la experiencia de Dios encarnado en otras, en los últimos, en los descartados. Por lo tanto, si Dios me ha creado gay es para entregarle mi sexualidad ̶̶̶ al igual que el resto de dimensiones de mi vida ̶̶̶ y ponerla al servicio de su Reino. Esta entrega habré de concretarla personalmente mediante el discernimiento. En términos tomasianos, una cuestión connatural a la persona. No me creo que Dios me haya hecho de una forma para luego pedirme que cape, y además de forma categórica, esta parte que me integra como ser humano. En realidad, se trata de ser fiel a la creación de Dios, ni más ni menos, si nos ha creado diversos es por algo. Cada persona tiene la responsabilidad de discernir su vocación. Es así como se llega a la plenitud y a la verdadera libertad, abriéndose cada persona a la voluntad de Dios. Y los que nos imponéis esa castidad no discernida hacéis mucho daño. Es todo un abuso espiritual que compone un gran pecado. Es un escándalo en el sentido evangélico.
Para acabar quería hablarte del sensus fidei, concepto del Concilio Vaticano II que destila el sentir de los fieles como seno de Dios. Gracias a esta idea podemos integrar la tradición de la Iglesia con las necesidades que la historia nos va planteando en el camino del seguimiento de Jesús. Con esta herramienta que nos dieron los padres conciliares, la Iglesia podría escuchar más a la Iglesia, discerniendo en esa escucha la voluntad de Dios, que vive encarnado hoy en cada persona. Esta sensibilidad la plasmó el Papa Francisco en Evangelii Gaudium al hablar de poner la realidad por encima de la idea. Si lo extrapoláramos para tomarlo como modo de vida cambiaría nuestra mirada, la de todos, la mía la primera. Viviríamos con la mirada de Jesús, que tantas veces se plasma en el Evangelio. Una mirada que nos ayuda a descubrirle en el mundo. Una mirada que nos ayuda a ser como Él, poniendo la realidad por encima de la idea. Insisto, ni en la verdad absoluta ni en verdades a medias, creo en la Verdad encarnada.
Un abrazo,
Juancho
