Se presenta como un gesto de acogida, pero en realidad encierra una grave falta de caridad. Porque la verdadera caridad no consiste en el silencio ante la verdad, sino en ofrecer a todos los hombres el camino que Cristo mismo nos dio: la conversión, la vida sacramental y la fidelidad a la enseñanza de la Iglesia. Cuando a las personas con atracción hacia el mismo sexo se les priva de esta enseñanza, se les está negando precisamente lo que más necesitan: la guía de la Iglesia hacia la salvación.
Resulta también llamativo el oportunismo del cardenal Cobo. Con Francisco aún en vida, seguramente habría acudido personalmente a esta asamblea en la que le esperaban presencialmente; ahora, en cambio, se limita a enviar un saludo genérico, sin comprometerse con su presencia.
Las “puertas” de la Iglesia son siempre las mismas: las que llevan a Cristo y a la vida en gracia. No existen atajos ni discursos nuevos que sustituyan la verdad del Evangelio. El cardenal Cobo habla de inclusión, pero calla sobre lo esencial: que la Iglesia no discrimina a nadie porque ofrece a todos el mismo camino, el camino de Cristo.
La verdadera pastoral no consiste en discursos sociológicos, sino en mostrar la única esperanza que salva. Eso es lo que hoy echan en falta los fieles en palabras como las del arzobispo de Madrid: claridad, doctrina y amor auténtico, que nunca se separa de la verdad.

