El santuario della Mentorella, lugar de oración predilecto de san Juan Pablo II

El santuario della Mentorella, lugar de oración predilecto de san Juan Pablo II

 

Entre las montañas Prenestinas, a medio camino entre Palestrina y Tívoli, se alza uno de los santuarios marianos más antiguos de Europa: la Mentorella, dedicada a Nuestra Señora de las Gracias. Lugar de leyendas, tradiciones y conversiones, fue también el refugio espiritual de Karol Wojtyła, que partió desde allí al cónclave de 1978 y regresó convertido en Juan Pablo II.

Orígenes legendarios y devoción mariana

Los orígenes de la Mentorella se pierden en la tradición. Una de las leyendas más difundidas cuenta la
conversión de san Eustaquio —Plácido antes del bautismo—, general romano de la familia Anicia, tras la visión
de Cristo crucificado entre las astas de un ciervo. Fiel hasta el martirio, él y su familia fueron ejecutados por orden del emperador Adriano; para recordar aquel acontecimiento se habría erigido un santuario en la cima de la roca.

Otras tradiciones atribuyen la fundación al emperador Constantino, conmovido por la historia de san Eustaquio, o
incluso a san Benito de Nursia, que habría elegido esta gruta como lugar de retiro en el siglo VI. El acceso a la cueva, estrecho y austero, conduce también al cementerio de los monjes, donde una inscripción advierte:

«Lo que fuimos, tú eres. Lo que nosotros somos, tú serás».

Redescubrimiento y custodia

En el siglo XVII, el jesuita Athanasius Kircher identificó la Mentorella como uno de los doce monasterios fundados por san Benito. Reconstruyó el santuario y reavivó la devoción a la Virgen; a su muerte pidió que su corazón reposara a los pies de la imagen mariana.

Tras la supresión de la Compañía de Jesús en 1773, el lugar decayó hasta que en 1857 Pío IX lo confió a los
Padres Resurreccionistas, que aún lo custodian. En 1901, la estatua de la Virgen fue solemnemente coronada por el
Capítulo Vaticano, confirmando su importancia espiritual.

Juan Pablo II y la Mentorella

Karol Wojtyła conoció la Mentorella durante el Concilio Vaticano II. En el libro de visitas se conserva una primera firma de 1965; desde entonces, volvió cada año, acumulando unas treinta visitas antes de ser elegido Papa.

En octubre de 1978, el cardenal Wojtyła partió desde la Mentorella rumbo al cónclave que lo eligió Sucesor de Pedro. Poco después regresó ya como Juan Pablo II para confiar su pontificado a la Virgen de las Gracias. Durante su pontificado volvió varias veces, casi siempre en forma privada, alternando la oración con el senderismo por las montañas circundantes.

El recuerdo de su devoción permanece vivo: una sala del monasterio conserva objetos personales del Papa, un
sendero de montaña lleva su nombre (Sentiero Karol Wojtyła) y a la entrada de la iglesia una estatua de bronce lo muestra en actitud orante.

El propio Juan Pablo II resumió así la experiencia espiritual de este lugar:

«Mentorella es un lugar donde el hombre se abre a Dios de un modo especial».

Un lugar de silencio y encuentro con Dios

Como atestiguan siglos de peregrinaciones, la Mentorella sigue siendo un espacio privilegiado para el recogimiento, el reencuentro con la Virgen y la renovación de la fe. En su cumbre, entre roca, silencio y oración, el peregrino aprende de nuevo a poner la vida bajo la mirada de Dios.

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