Obispos indios denuncian ola de violencia contra católicos

Obispos indios denuncian ola de violencia contra católicos

La Conferencia Episcopal de la India (CBCI) ha condenado enérgicamente el violento ataque perpetrado la noche del 6 de agosto contra dos sacerdotes católicos y un catequista en la aldea de Jaleswar, diócesis de Balasore, en el estado oriental de Orissa. Según el comunicado episcopal difundido el 8 de agosto, el hecho se inscribe en «un preocupante historial de violencia contra las minorías cristianas en el país».

Los agredidos —el párroco de la iglesia de Santo Tomás, padre Lijo Nirappel, otro sacerdote, dos religiosas y un catequista— regresaban de celebrar una misa en memoria del segundo aniversario de dos fieles católicos fallecidos en una localidad cercana.

No se trató de un incidente aislado ni de un arrebato espontáneo, sino de un episodio más en una estrategia de hostigamiento sistemático contra la presencia cristiana en ciertas regiones de la India.

Relato del ataque y acusaciones de “conversión religiosa”

En el trayecto de vuelta, el grupo fue interceptado por unas setenta personas, muchas procedentes de fuera de la aldea. Las dos religiosas lograron ponerse a salvo gracias a la intervención de mujeres del lugar, pero los sacerdotes y el catequista fueron detenidos, insultados, golpeados y acusados de promover “conversiones religiosas”.

El teléfono del padre Nirappel fue confiscado, mientras que el catequista sufrió una paliza particularmente brutal y daños en su motocicleta. Según el portal Uca News, los atacantes pertenecerían al grupo extremista hindú Bajrang Dal y habrían actuado en el marco de una emboscada premeditada.

En demasiadas ocasiones, la acusación de “proselitismo” se convierte en excusa para justificar agresiones y amedrentamientos. Lo alarmante no es solo la violencia física, sino la impunidad que suele acompañar a estos crímenes, bajo el silencio cómplice de autoridades y de buena parte de la comunidad internacional.

Denuncia episcopal y llamado a la acción del gobierno

Para la Conferencia Episcopal de la India, este acto constituye «una violación flagrante de los derechos constitucionales y de la dignidad humana» y refleja «la creciente amenaza que la violencia colectiva supone para la coexistencia pacífica». Los obispos instan al gobierno local de Orissa a identificar y procesar a los responsables, así como a garantizar la seguridad de las minorías religiosas.

El llamamiento es legítimo, pero cabe preguntarse si bastará con comunicados y condenas verbales. En un contexto donde el nacionalismo religioso radical gana terreno, las minorías corren el riesgo de convertirse en objetivo fácil mientras el Estado se muestra incapaz —o poco dispuesto— a actuar con firmeza.

Orissa: un historial marcado por la persecución cristiana

Orissa, con una población de más de 42 millones de habitantes —de los cuales más del 90% son hindúes y apenas el 2,7% cristianos— arrastra un trágico pasado de violencia sectaria.

En agosto de 2008, en el distrito de Kandhamal, un centenar de cristianos fueron asesinados y más de 50.000 obligados a huir de sus hogares. Los disturbios dejaron un saldo devastador: 395 templos y lugares de culto destruidos, 6.500 viviendas arrasadas, y múltiples centros educativos, sociales y sanitarios saqueados y vandalizados.

Estos hechos no fueron aislados. Datos del Foro de Cristianos Unidos registran al menos 40 ataques contra cristianos en Orissa en años recientes, evidenciando un patrón persistente de hostigamiento. Lo que hoy sucede en Jaleswar no es sino la repetición de un guion ya conocido, que la comunidad internacional parece haber olvidado, quizá porque las víctimas no encajan en la narrativa dominante de derechos humanos.

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