En una homilía pronunciada el pasado 31 de julio en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en La Crosse (Wisconsin), el cardenal Willem Eijk, arzobispo de Utrecht (Países Bajos), rindió un encendido homenaje al cardenal Raymond Burke por su fidelidad al Evangelio y su resistencia ante los ataques recibidos dentro de la Iglesia. “Has sido criticado, humillado, pero nunca perdiste la alegría del sacerdocio”, declaró el purpurado holandés ante numerosos fieles reunidos para conmemorar la fundación del santuario en 2008.
El elogio de Eijk no fue una mera cortesía. En un tiempo de tensiones eclesiales, sus palabras resonaron como una defensa pública y firme de uno de los cardenales identificados con la defensa de la doctrina tradicional católica.
Burke, un “profeta del derecho canónico” ignorado por sus propios hermanos en la fe
Durante su homilía, el cardenal Eijk recordó los méritos eclesiásticos de Burke, quien fue prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica entre 2008 y 2014. Sin embargo, destacó que tales servicios no siempre recibieron el reconocimiento debido. “Por el contrario, recibiste críticas dolorosas, oposición y humillaciones de personas dentro de la Iglesia, de quienes esperabas lo contrario”, lamentó.
Reconoció que resulta comprensible recibir ataques desde fuera de la Iglesia por proclamar la fe católica, “pero es más doloroso cuando provienen de tus propios hermanos católicos”.
Ni conservador ni progresista: simplemente católico
Uno de los momentos más directos de la homilía fue cuando Eijk ironizó sobre las etiquetas que se aplican a Burke: “¿Quieres que te diga cuál es tu verdadero problema, cardenal Burke? Que eres católico, simplemente católico, pero católico en el sentido pleno de la palabra, no diluido para hacerlo más digerible”. Con esta frase, el prelado holandés desmontó las categorías ideológicas tan comunes en los debates eclesiales contemporáneos.
Añadió que Burke no rechaza el Concilio Vaticano II ni se niega a celebrar la misa según el Misal de Pablo VI. “Admirar la belleza de la liturgia tradicional no convierte a nadie en tradicionalista”, explicó.
Proclamar la verdad moral: el escándalo del siglo XXI
Eijk también subrayó que hoy resulta más escandaloso proclamar las enseñanzas morales de la Iglesia que el propio anuncio de la Resurrección. “Porque las cuestiones morales tocan existencialmente a las personas”, señaló. Agradeció a Burke su valentía al hablar públicamente sobre el respeto a la vida, el matrimonio y la sexualidad.
“Has mostrado gran, gran coraje”, afirmó, reivindicando que proclamar los valores fundamentales es parte esencial del ministerio sacerdotal. “Quien señala el pecado a sus hermanos actúa como un médico espiritual para sus almas”.
La Misa como apertura del cielo: 50 años de sacerdocio fiel
La homilía del cardenal Eijk no se limitó a una defensa personal, sino que se enmarcó en una visión espiritual de la Misa como un momento en que “el cielo se abre” a los creyentes. Evocando la carta a los Hebreos y la figura de la Virgen de Guadalupe, trazó un paralelismo entre la “conquista por la espada” y la “conquista por la gracia”.
Esa apertura del cielo —dijo— es posible gracias al sacerdocio. En este contexto, rindió homenaje a los 50 años de ministerio sacerdotal del cardenal Burke, celebrados el pasado 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo. “Al presentar a Jesús en persona, abriste la Jerusalén celestial para nosotros”, declaró Eijk.
Una súplica a María: sacerdotes santos que abran el cielo
La homilía concluyó con una plegaria a la Virgen María por el cardenal Burke, para que “Dios te bendiga abundantemente y sigas siendo un precioso testigo de Cristo entre nosotros”. También pidió a la Virgen que surjan muchos sacerdotes santos cuya única meta sea “abrir la Jerusalén celestial para sus hermanos, proclamando, celebrando y viviendo la plenitud de la fe católica”.
Fuente: National Catholic Register
