Aunque la Constitución egipcia reconoce formalmente la libertad de culto para las religiones abrahámicas, en la práctica el Estado no permite la conversión del islam a otra fe. Esta realidad ha vuelto a quedar en evidencia con el caso de Saeid Mansour Abdulraziq, un ciudadano egipcio convertido al cristianismo, que enfrenta cargos de terrorismo y difusión de “noticias falsas” tras solicitar la actualización de su documento de identidad para reflejar su fe cristiana.
Las leyes egipcias, bajo la figura de “desdén y falta de respeto” a las religiones, contemplan penas de hasta cinco años de cárcel para quienes critiquen públicamente el islam, el cristianismo o el judaísmo. Sin embargo, la aplicación de estas normas muestra un sesgo evidente contra los conversos del islam a otras religiones, a quienes se les niega incluso el reconocimiento legal de su nueva fe.
Saeid Abdulraziq: del rechazo familiar a la persecución estatal
Abdulraziq se convirtió al cristianismo en 2016, ingresando en la Iglesia Ortodoxa Rusa, según informó Christian Solidarity Worldwide. Desde entonces, sufrió el rechazo de su familia y la hostilidad de su entorno, incluidas amenazas y acoso por parte de la policía egipcia, simplemente por compartir públicamente su fe.
La mayoría musulmana en Egipto, que representa el 90% de la población, considera blasfemo el credo cristiano, especialmente la doctrina de la Trinidad. Esta visión convierte la conversión religiosa en un tabú social, y a menudo en un delito de facto.
Buscando refugio, Abdulraziq emigró a Rusia, donde solicitó asilo. Sin embargo, sus críticas abiertas al islam le valieron la enemistad de comunidades musulmanas en Rusia, lo que desembocó en su arresto en 2019 bajo acusaciones de “insultar los sentimientos religiosos”, contemplado en el Artículo 148 del Código Penal ruso. Tras un año de prisión, su solicitud de asilo fue revocada, y en 2024 fue deportado de regreso a Egipto.
Un intento de vivir en libertad: solicitar un DNI como cristiano
A su llegada a Egipto, las autoridades lo liberaron bajo la advertencia explícita de no hablar públicamente sobre islam o cristianismo. No obstante, Abdulraziq se mantuvo dentro de la ley, hasta que intentó formalizar su fe solicitando un nuevo documento de identidad donde figurara su religión cristiana.
Fue entonces cuando la maquinaria represiva del Estado se activó. A partir de esta solicitud, fue acusado de pertenecer a una organización terrorista, incitar a la sedición y propagar noticias falsas. Los cargos, ampliamente utilizados por el régimen egipcio contra disidentes y minorías religiosas, se presentan como una advertencia a quienes, como Abdulraziq, desafían el monopolio religioso del islam en la vida pública.
La doble vara de la libertad religiosa en Egipto
La Constitución egipcia garantiza en su letra la libertad de culto, pero la práctica judicial y administrativa desmiente esta promesa. La imposibilidad de cambiar la religión en los documentos oficiales es una manifestación concreta de esta discriminación.
El Departamento de Estado de Estados Unidos, en su Informe sobre Libertad Religiosa Internacional 2023, señala que Egipto “generalmente no reconoce las conversiones del islam a ninguna otra religión, salvo en el caso de personas que no nacieron musulmanas”. La legislación anti-blasfemia funciona como un instrumento de censura que protege exclusivamente la sensibilidad islámica, bajo la fachada de una defensa genérica de las “religiones celestiales”.
Este no es un caso aislado. Organizaciones como International Christian Concern (ICC) han documentado la detención y prolongada reclusión de otros conversos, como un refugiado yemení acusado de terrorismo y desprecio al islam tras su conversión al cristianismo.
Conversión religiosa: un acto de valentía castigado por las autoridades
La presión social contra los conversos se ve amplificada por la pasividad, y en ocasiones complicidad, de las autoridades. El Índice Global de Persecución 2025 de ICC señala que los cristianos en Egipto “han sufrido históricamente resistencia de la mayoría musulmana, que se manifiesta tanto en el rechazo a las conversiones como en protestas masivas contra la apertura o reparación de iglesias”.
El caso de Saeid Abdulraziq confirma que la libertad religiosa en Egipto es, hoy por hoy, una declaración vacía. La conversión, lejos de ser un derecho protegido, se convierte en una sentencia de persecución social y judicial.
Fuente: LifeSiteNews