El espeluznante testimonio de una víctima del jesuita español Alfonso Pedrajas

El espeluznante testimonio de una víctima del jesuita español Alfonso Pedrajas

A sus 43 años, este hombre cuenta para la BBC los abusos que sufrió a manos de Alfonso Pedrajas, el sacerdote jesuita español que ejercía como director del colegio Juan XXIII en la ciudad de Cochabamba, en el centro de Bolivia.

Fue el propio Pedrajas quien confesó en su propio diario que era un pederasta e hizo daño a mucha gente. El sacerdote abusador llega a reconocer que informó de los abusos a siete superiores provinciales y a una decena de clérigos bolivianos y españoles, pero ninguno tomó medidas contra él.

El pasado mes de abril, un año después de la publicación del diario, Pablo se unió a la Comunidad Boliviana de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesial, la asociación de víctimas que exige justicia y reparación por los crímenes cometidos por sacerdotes jesuitas en Cochabamaba, así como una condena a la estructura eclesial que los encubrió.

El grupo de víctimas asegura que hay más de 400 afectados en el Colegio Juan XXIII, que fue fundado en 1966 y cuyo internado fue clausurado en 2008, una decisión que es interpretada por algunas víctimas con las que habló BBC Mundo como una maniobra para encubrir los abusos cometidos en el colegio.

El hombre abusado por Pedrajas relata a BBC Mundo que llegó a ese colegio a través de una selección rigurosa. «Obviamente para mi familia fue un premio, un orgullo para mí, para mis papás y mis hermanos. De todo mi pueblo, yo era el único que me estaba yendo a estudiar a Cochabamba», explica.

La víctima de Pedrajas cuenta que tan solo tenía 11 años cuando llegó a ese colegio. «Era la primera vez que yo tenía acceso a cuatro comidas al día: el desayuno, el almuerzo, un té y la cena. Era la primera vez que tenía acceso a unas sábanas, a una piscina, a canchas de fútbol, básquet y voleibol ¿Quién no se iba a sentir feliz con todo eso? Era un sueño. Pero al mismo tiempo te iban pasando cosas que no te gustaban, que ni siquiera podías expresar por una dualidad muy fuerte, muy fea», agrega el hombre.

Siguiendo con el relato de su testimonio, la víctima narra como en esa época había dormitorios comunes: uno para todos los varones y otro para las chicas. Y en el medio había un pequeño cuarto donde residía el director Alfonso Pedrajas.

Abusos nocturnos por parte del director

«Los abusos empezaron después de unos tres o cuatro meses de entrar en el colegio. En esa época le decía a mi papá que me quería ir. Una vez incluso él dijo: ‘Esto es demasiado para ti, no te estás acostumbrando. Vámonos'», agrega.

Así relata lo que hacia este sacerdote jesuita abusador de decenas de niños: «Recuerdo que una noche, obviamente ya cuando todo el mundo estaba durmiendo, incluido yo, sentí que empezaron a tocar mi cuerpo, mis partes íntimas. Recuerdo que la primera vez me sobresalté mucho, dejó de tocarme y se fue. Pero después, no sé si al día siguiente o a los 2 o 3 días, me llamó a su cuarto para decirme que quería hablar conmigo. Cuando fui, empezó a tocarme otra vez, él comenzó a desvestirse, a hacer que le tocara. Yo con la sorpresa, no sé cómo llamarlo, recuerdo que su cuarto era prácticamente penumbras, con una lamparita al lado de su cama».

«Cuando volví al dormitorio, nadie me dijo nada, nadie decía nada. Y otras veces, igualmente a altas horas de la noche, cuando estaba durmiendo, me sacaba de mi cama y me llevaba en brazos a su cuarto y otra vez empezaba con sus tocamientos, con la felación que me obligaba a hacerle», añade el abusado.

«En mi caso, los abusos ocurrieron principalmente durante los dos primeros años. Recuerdo que una vez cuatro o cinco compañeros nos escondimos en el entretecho del dormitorio y hablamos de estas cosas. Ninguno dijo: ‘Me pasó a mí’. Todos decíamos: ‘Le pasó a tal’. Probablemente todos los que estuvimos allí éramos víctimas», subraya la víctima.

El abusado afirma que salió de aquel colegio con 17 años y que incluso le ofrecieron por entonces unirse a la Compañía de Jesús. Esta víctima denuncia y no se explica cómo es posible que en sus diarios el perpetrador reconozca que ha abusado de estos niños y sus superiores le digan que ha sido un desliz. Para este hombre, «ha sido sistemático durante muchos años y también fue sistemática la protección de toda la estructura de los jesuitas con él».

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