Roma, a través del Dicasterio para el Clero, ha convocado a la Conferencia Episcopal española al completo para tratar las conclusiones de una anómala investigación del Vaticano sobre los seminarios.
Nada que ver aquí, sigan circulando, ha venido a ser el mensaje del cardenal Omella sobre la convocatoria del episcopado español en Roma por el Papa para hablar de los seminarios, pero mucho nos tememos que esa es más una respuesta política que otra cosa. Y es que estas súbitas llamadas a capítulo de Francisco rara vez son para decirles a los convocados cosas bonitas. Recordemos el rapapolvo que recibieron los chilenos convocados para tratar de cómo habían gestionado los casos de abusos sexuales. La cosa acabó como el rosario de la aurora, con el Papa exigiendo que todos ellos pidieran la renuncia.
Empecemos por decir que es una situación extraordinaria: quitando las regulares visitas ‘ad limina’ (la última, además, en fecha reciente, enero de 2022), se trata de la primera vez que se cita a los ochenta los obispos españoles en Roma.
Un viaje que, para acabar arreglarlo, llega pocos días después de celebrar, entre el 20 y el 24 de noviembre, una asamblea plenaria para decidir sobre el futuro del informe Cremades sobre los abusos sexuales, encargado por la misma Conferencia Episcopal Española, aunque se asegura que este asunto no se tratará en esta ocasión en Roma; y unos meses antes de que deba renovarse la cúpula de la Conferencia Episcopal Española, encabezada por el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, cuyo mandato expira en el 2024.
Los enviados del Vaticano para visitar los seminarios españoles fueron dos obispos uruguayos, el de Maldonado-Punta del Este-Minas, Milton Luis Tróccoli; y el de Salto, Arturo Eduardo Fajardo. Según dijo entonces la Conferencia Episcopal Española, el objetivo era “la puesta en marcha del plan de formación para los seminarios españoles y el impulso en la formación de los seminaristas”. Una de las cuestiones que planteaba el Vaticano a los seminarios españoles es la necesidad de que haya un mínimo de jóvenes en cada uno de ellos.
La intención de Francisco es que no haya menos de 25 o 30 jóvenes por seminario, algo que no sucede en la mayoría de los organismos españoles. Por lo tanto, una de las conclusiones de esta visita podría ser la necesidad de aglutinar centros en seminarios interdiocesanos, algo en lo que fue pionera Cataluña, donde desde 1988 el Seminario Mayor Interdiocesano acoge a seminaristas de diferentes obispados.