Salinas, que dice «no sentirse querido» por la Iglesia, ha recibido el apoyo de concejales socialistas y de círculos podemitas, que denuncian la «inmisericordia» de Roma. Ésta es la historia. Alex Salinas, el transexual de San Fernando (Cádiz) al que el Obispado de Cádiz y Ceuta ha negado de nuevo que ejerza de padrino en el bautizo de su sobrino, ha decidido apostatar porque, señala, “la Iglesia católica ha demostrado” que no le quiere. La suya es la primera reacción de una previsible cadena de críticas y frases hechas contra la Iglesia, que no ha hecho más que, desde Roma, recordar los deberes de un padrino de bautismo, una figura que no es, por cierto, obligatoria.
Tal como explicaábamos ayer, después de que la Congregación para la Doctrina de la Fe estudiara el caso de Salinas, la Santa Sede ha denegado su solicitud, “de conformidad con la doctrina católica”.
“Los padrinos del Sacramento del Bautismo asumen, ante Dios y su Iglesia y en relación con el bautizado, el deber de cooperar con los padres en su formación cristiana, procurando que lleve una vida congruente con la fe bautismal y cumpla fielmente las obligaciones inherentes. En vista de esa responsabilidad, el Catecismo de la Iglesia Católica pide que los padrinos sean “creyentes sólidos, capaces y prestos a ayudar al nuevo bautizado … en su camino de la vida cristiana”(CEC, n. 1255)”, señala en una nota el obispo de Cádiz, Rafael Zornoza, que añade que “la ley de la Iglesia exige, entre otras condiciones, que sólo sea admitido como padrino o madrina quien tenga capacidad para asumir seriamente estas responsabilidades y lleve un comportamiento congruente con ellas (cf.CIC, can. 874 §1, 3). Si no fuera posible hallar una persona que reúna las cualidades necesarias, el párroco puede conferir el Bautismo sin padrinos, que no son necesarios para celebrar este Sacramento”.
Una vez elevada consulta a Roma, la Iglesia ha ratificado la inoportunidad de la petición de Salinas: “Sobre este particular le comunico la imposibilidad de que se le admita. El mismo comportamiento transexual revela de manera pública una actitud opuesta a la exigencia moral de resolver el propio problema de identidad sexual según la verdad del propio sexo. Por tanto resulta evidente que esta persona no posee el requisito de llevar una vida conforme a la fe y al cargo de padrino (CIC can 874 §3), no pudiendo por tanto ser admitido al cargo ni de madrina ni de padrino. No se ve en ello una discriminación, sino solamente el reconocimiento de una objetiva falta de los requisitos que por su naturaleza son necesarios para asumir la responsabilidad eclesial de ser padrino”.
Tras explicar las razones que llevan a la Iglesia a no poder aceptar la solicitud de Salinas, el obispado de Cádiz ha recordado que “la Iglesia acoge a todas las personas con caridad queriendo ayudar a cada uno en su situación con entrañas de misericordia, pero sin negar la verdad que predica, que a todos propone como un camino de fe para ser libremente acogida”.
No ha sido suficiente para el protagonista de la polémica, que ha anunciado, con el oportuno ruido mediático, que él ha decidido apostatar para renunciar a su condición de católico y que su hermana, madre del niño al que él quería apadrinar, no seguirá adelante con el bautismo y educará al niño “en la fe cristina pero al margen de la Iglesia Católica”.
Enfadado, y muy bien rodeado
“Muy enfadado” con la postura y decisión del Obispado, Salinas denuncia que, hace solo una semana, el obispo le dijera que sí podía ser padrino. El responsable de la diócesis gaditana atribuye esta confusión a palabras que se le han atribuido sin que las haya pronunciada.
Ahora, con la valoración de Roma de por medio –la Congregación para la Doctrina de la Fe es la encargada de dirimir este tipo de cuestiones y su prefecto, elcardenal Müller, un hombre criticado, en ocasiones, por su visión demasiado abierta de la fe, está en permanente contacto con el Papa Francisco- la cuestión queda zanjada. Al menos, en lo que a la Iglesia puede decir al respecto.
Sin embargo, son muchas las voces ajenas a la Iglesia –en ocasiones ajenas también a la fe católica- que se han apresurado a criticar la decisión del obispo y, ahora también, de Roma.
La diputada transexual Carla Antonelli, del Grupo Parlamentario Socialista en la Asamblea de Madrid, ha tachado a la Iglesia de “inmisericorde”. “Ante tanta crueldad solo te queda pensar que la verdadera incongruencia es de quienes dicen ser los representantes de la doctrina que predica respeto y amor al prójimo pero que la aplican para dar rienda suelta a los odios, fobias y machacar al semejante”.
“Profundamente defraudada con el Papa Francisco”, la diputada transexual no es la única que ha mostrado ya su apoyo a Salinas. También desde el círculo de Podemos en San Fernando (Cádiz), han criticado la decisión eclesial: “El Obispo de Cádiz vuelve a denegarle a Alex Salinas ser el padrino de su sobrino. ¡BASTA YA!”, señalan en su cuenta de Twitter bajo la etiqueta o hashgtag #OTodxsONingunx
Ya antes de la decision final, los podemitas organizaron una “lluvia” de panfletos para apoyar a Salinas y denunciar lo que, a su juicio, era un acto de discriminación.