Año nuevo: las malas copias al fuego

Año nuevo: las malas copias al fuego

Estamos en la «niña bonita». El año 2015 en el lenguaje veterano de los vendedores de cupones de la Organización Nacional de Ciegos Españoles es la «niña bonita», así lo pregonan a los viandantes. Le llaman de este modo porque los 15 años son, según ellos, el inicio de una niña bonita camino de ser mujer guapa. Traiga lo que sea en sus bodegas, el barco de la niña bonita ha llegado a puerto, las gentes han recibido a la nave con mucho jolgorio como siempre. Pido al Señor que el nuevo año sea venturoso para todos los amigos lectores de este Blog El Olivo, y que la leña vieja del pasado la pongamos a consumir en la cocina de campana del hogar familiar. Una rama tosca y dura que se merece la lumbre es la imitación de los hombres maduros a otro que tiene aires de brujo para encandilar a personas que arrastran un montón de años para pegar, de pronto, un cambiazo esencial y sustancial, a no ser que sea una operación de cosmética o recauchutado como ocurren con las ruedas de los coches, que a los pocos kilómetros pueden pegar un reventón y saltar el chasis por la derecha más cercana yendo a beber agua como los peces del río, según canta el villancico de estos días. Hombres de edad, hechos por las peripecias de sus biografías, de sus lecturas, de sus aficiones musicales o deportivas, no pueden, no deben entrar en ese travestismo teatral de guardarropía, al que estamos asistiendo en los pasados días del año recién muerto. Hombres de edad, amamantados por sus estudios remontados a los años cincuenta o sesenta, defensores de unos métodos de actuación de equis maneras de conducir y llevar sus vidas y las de los que están a su lado, no deben entrar en el taller de la cosmética rogando le cambien la cara, le extirpen los lunares, por dentro, claro, no por fuera, porque entonces pierden su parecido físico con el que desean imitar. Hombres de edad, curtidos en tales o cuales batallas, poseedores de costurones taurinos, no deben apuntarse a contar los metros de su meada, porque seguramente se lo han hecho en las botas antes de sacar el metro del bolsillo. En el nuevo año no deseo leer ni ver estas imitaciones de monos de circo, ni de perros de pista nevada, quiero que esos hombre de edad y vida madura sean como siempre han sido y así mueran, porque convencen más quedarse en la misma mismidad y sus circunstancias, que una mala copia de otro. Tomás de la Torre Lendínez

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