CARTA A MIS HERMANOS SACERDOTES
Almería, 23 del IX del 2021
Querido hermano sacerdote:
Te escribo tras conocer la carta abierta que el Sr. Obispo-Coadjutor ha enviado en
fecha de hoy a los Sacerdotes y Diáconos permanentes informando que un servidor
ha solicitado la “excardinación” de Almería para incardinarme en la diócesis de
Málaga; y lamentándose de “que deje de formar parte de este presbiterio en el que
se ha formado y ha desarrollado su ministerio”. Al conocer este comunicado
algunos sacerdotes me habéis llamado sorprendidos, mosqueados y alguno
escandalizado e incluso llorando. Pero estad tranquilos: no soy víctima de nada y
de nadie.
Por razones de veracidad (no consideraba en modo alguno escribir nada) debo
informarte, a grandes trazos, de lo sucedido desde el mes de mayo hasta hoy.
1.- Llevamos ya varios años en los que el Obispo Diocesano, D. Adolfo, y sus
colaboradores más cercanos estamos siendo calumniados y puestos en entredicho
por algunos hermanos sacerdotes, como todos sabemos. Se ha montado una trama
contra el Obispo Diocesano para acabar con él, acusándole de tres cosas falsas:
actitud inmoral de algunos sacerdotes, situación nefasta del seminario y una
economía mal gestionada. Contra mí han enviado anónimos y pseudónimos a la
Conferencia Episcopal Española, a Roma e incluso a varios obispos acusándome
falsamente.
2.- A primeros de mayo de 2021 le quitaron el gobierno de la Diócesis a D. Adolfo
en base a unas denuncias falsas, que no verificaron; eso ha sido una injusticia
gravísima. Ello provocó el cese de todos los vicarios alegando “falta de lealtad” en
una reunión de todo el presbiterio, pero sin decir a quién se había faltado ni los
motivos del cese. Y se nombró un nuevo equipo de gobierno.
3.- En el comunicado a los sacerdotes el Coadjutor decía: “Han sido varias las
conversaciones mantenidas con él (conmigo) por el Obispo coadjutor y sus
Vicarios para que permaneciera en Almería, pero no ha sido posible”. Es verdad
que han mantenido varias conversaciones conmigo, pero no dicen el contenido de
las mismas, sin el cual no puede entenderse mi decisión.
4.- Antes de terminar el mes de mayo fui llamado por el nuevo vicario general, tras
solicitarle yo audiencia (a quien siempre he apreciado) y me dijo que “por todo lo
que se decía de mí” tenía que dejar la parroquia de Vera; abandonar la Fundación
civil que presidía (que no está sujeta al derecho canónico); dejar la Casa de oración;
no realizar la fusión del patronato de la residencia de Canjayar con el de la
fundación que presidía (dos patronatos civiles que no están bajo la autoridad
eclesiástica). Y todo ello: “por mi propio bien… para cuidarme”. Fui removido
de todos los cargos y oficios eclesiales sin motivación expresa y sin decirme de
qué se me acusaba ni quién me acusaba. Preferí aceptar sin protestar por sentido
de obediencia y respeto al Coadjutor. Me dijo que sería conveniente que estuviera
en unos pueblecitos para ejercer allí el ministerio.
5.- El día 25 de junio tuve una segunda audiencia con el Vicario General,
convocado por él, en la que insistió que era tan grave lo que decían de mí que,
aunque estuviera en unos pueblecitos seguiría estando dentro de la diócesis, sería
mejor aún poner tierra por medio y me propuso ir unos años a Argentina. Puedes
comprender que saliera desolado de esa audiencia.
6.- A mediados de julio me recibió el Sr. Coadjutor y me dijo que ya no veía mi
salida de Almería (ese día le hice saber que haciendo caso a la primera petición ya
había decidido salir). Desde ese día quise buscar una salida digna por un tiempo y
le pedí poder estar un tiempo fuera. En esa audiencia con el Obispo-Coadjutor me
dijo: “Lo de Argentina fue una idea… que he sabido que te sentó muy mal… He
pensado unos pueblecitos”. Como puedes suponer, para ese momento mi
determinación de salir de Almería ya estaba forjada y se lo dije.
7.- A finales de agosto fui recibido nuevamente y de manera cordial por el Sr.
Coadjutor. Me ofreció atender dos Capellanías y ayudarle en algunas tareas
personales de servicio a él, sin determinar en qué consistían. Le agradecí la muestra
de buena voluntad, a pesar de percibir que quería ganarme para su causa
teniéndome cerca. Le hice ver que mi postura era irreversible y que necesitaba el
permiso para ir a Málaga.
8.- El día 6 de septiembre fui citado por el Vicario de Pastoral. Pero yo ya llevaba
mi carta para solicitar el traslado a la Diócesis de Málaga, continuando como
sacerdote de Almería. El Coadjutor me escribió una carta, con fecha del 9 de
septiembre, en la que no respondía a mi petición, sino que era más bien “una
reflexión espiritual”, dando por hecho que mi conducta no había sido honrosa.
9.- Ante dicha situación, tan compleja y difícil, tuve que solicitar mi excardinación
de Almería, el día 13 de septiembre, adjuntando una carta de acogida por parte de
D. Jesús Catalá, que estaba dispuesto a incardinarme en Málaga. Nunca pensé
haber tenido que tomar esta decisión; pero me encontraba en una gran pesadilla y
con una fuerte presión psicológica y espiritual.
10.- A día de hoy ni el Obispo-Coadjutor ni el Vicario general me han dado las
razones de la remoción de todos mis cargos. Solamente me han llegado
comentarios de terceros que se decía de mi persona que había traído dinero de la
mafia, que había hecho operaciones de blanqueo de dinero para abastecer las
megalomanías del Obispo Diocesano, que había realizado gastos sin justificar y
que es tal mi inmadurez personal que no tengo las habilidades necesarias para
gestionar una parroquia y menos su economía. Todas esas acusaciones son falsas; y lo peor de todo es que el Coadjutor y su equipo de gobierno se las han tragado
sin verificar nada.
11.- El Rvdo. Miguel-Ángel Gil Lopez, sacerdote de Murcia fallecido, me ayudó
mucho en el campo de la catequesis y en mi vida espiritual. Ello hizo que conociese
a D. Jesús Catalá, obispo de Málaga, que es experto en teología pastoral y
catequética. Él me conoce bien desde hace tiempo y sabe lo que me ha ocurrido.
Por eso he solicitado ir a Málaga. Además, la situación de mis padres, afectados
por lo que me ha sucedido, no me permite ir a un país lejano.
12.- He servido siempre a mi Obispo, como lo prometí el día de mi ordenación
sacerdotal (2010), y por ello sufro ahora esta condena. He permanecido en silencio.
Salgo de mi tierra a la que amo; pero es el único modo de salvar el ministerio
sacerdotal, que es el mayor regalo que he recibido del Señor.
13.- Me voy a Málaga agradeciendo al Señor que me haya abierto
providencialmente un camino. Y espero algún día regresar a nuestra querida
Diócesis, cuando haya pasado esta tormenta tan nefasta. Quiero a D. Adolfo
porque ha sido mi Obispo desde los 15 años y he aprendido mucho de él y
sacramentalmente estamos obligados a ser fieles hasta el final. Me voy sin
desafección a ningún hermano y tampoco al nuevo equipo de gobierno. He
reiterado al Coadjutor mi deseo de unión, comunión y mi oración.
Querido hermano, era de justicia darte esta explicación. Recibe el cordial abrazo
de un hermano que te quiere y que cada día te tiene presente ante el Sagrario.
Un fortísimo abrazo. ¡Dios te bendiga!
Carlos María Fortes García.
Pues, preocupante.