Según De Mattei, la observación de Montini, aunque desconcertante en clave teológica, puede entenderse en un sentido histórico: la impronta del Vaticano II es innegable, pero no por los frutos positivos que trajo a la Iglesia, sino por las crisis y rupturas que generó.
Nicea: la defensa del dogma frente al arrianismo
El artículo recuerda que el Concilio de Nicea, convocado por Constantino, defendió la doctrina católica frente a la herejía arriana, proclamando que el Hijo es “consustancial al Padre” (homoousios). Esta definición dogmática salvaguardó el corazón de la fe cristiana frente al intento del presbítero Arrio de adaptar el dogma a la filosofía neoplatónica de Plotino.
La diferencia de un solo iota —entre homoousios (consustancial) y homoiousios (similar)— dio lugar a un conflicto que marcaría la historia de la Iglesia y que, según De Mattei, reafirmó el papel de la doctrina dogmática como pilar de la fe.
Vaticano II: un concilio pastoral convertido en dogmático de facto
De Mattei subraya que, a diferencia de Nicea, Trento o el Vaticano I, el Vaticano II se presentó como un concilio “pastoral”, sin definir dogmas ni condenar errores. Sin embargo, sostiene que en la práctica “dogmatizó la pastoral”, adoptando la filosofía contemporánea de la acción en detrimento de la teología dogmática tradicional.
La consecuencia habría sido un desplazamiento hacia el subjetivismo y el relativismo, al pretender que la verdad se verificara en la praxis histórica más que en la doctrina revelada. Esta orientación, afirma, ha desembocado en una autocontradicción: “la teología pastoral del Vaticano II se ha auto-confutado en los sesenta años transcurridos desde su conclusión”.
El influjo de Maurice Blondel y el immanentismo moderno
En su análisis, De Mattei cita al filósofo belga Marcel De Corte, quien veía en el modernista Maurice Blondel (1861-1949) el padre intelectual de la deriva del Vaticano II. Blondel sostenía la imposibilidad de demostrar especulativamente la existencia de Dios, privilegiando la acción sobre la especulación.
Este planteamiento, indica el autor, introdujo el immanentismo y la filosofía de la praxis en la teología conciliar. Como ejemplo del reconocimiento actual de esa influencia, menciona que el pasado 4 de junio de 2025, el arzobispo de Aix y Arles, Christian Delarbre, abrió la causa de beatificación de Blondel, subrayando su impacto en el pensamiento católico posconciliar.
“Más relevante que Nicea por los daños causados”
Al final de su ensayo, De Mattei retoma la paradoja de Pablo VI:
El Vaticano II fue un concilio válido y, en este sentido, autoritativo.
Pero su relevancia histórica se debe, a juicio del historiador, a los gravísimos daños que produjo en la vida de la Iglesia, en contraste con Nicea, cuya importancia está ligada a la defensa y afirmación de la fe.
“El Vaticano II dejará en la historia una huella mayor que la de Nicea porque la crisis religiosa de nuestro tiempo es más grave y profunda que la arriana. Los daños, que Mons. Lefebvre ya preveía y Pablo VI negaba, hoy son un hecho evidente y objetivo”, concluye De Mattei.
