Según informó Vatican News, la Santa Sede ha determinado que solo se permitirá el culto privado en torno a las supuestas apariciones marianas del Monte Sant’Onofrio, en Agnone (Molise, Italia), iniciadas en 2010. Así lo comunicó el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, en una carta oficial dirigida al obispo de Trivento, Camillo Cibotti.
Solo signos personales, sin actos públicos de fe
Aunque el Vaticano reconoce “signos positivos” y frutos espirituales en quienes participan en esta experiencia, la Santa Sede subraya que también existen elementos preocupantes. Por ello, bajo la fórmula canónica prae oculis habeatur (tener en cuenta con prudencia), se prohíbe expresamente el culto público, como celebraciones litúrgicas, peregrinaciones organizadas, difusión de mensajes sin aprobación eclesiástica o actividades pastorales ligadas al fenómeno.
Solo se permiten visitas personales o en grupos muy reducidos al lugar de la cruz del monte y al recorrido del Vía Crucis, siempre con actitud de humildad y obediencia a la autoridad eclesial.
Riesgo de un “magisterio paralelo” y errores sobre los difuntos
Uno de los aspectos que más preocupa al Dicasterio es la desobediencia de algunos clérigos a las indicaciones del anterior obispo de Trivento, Claudio Palumbo, lo que ha creado “una herida en la comunión eclesial”. El cardenal Fernández advierte sobre el peligro de que se constituya un magisterio paralelo, ajeno al discernimiento de la Iglesia.
Otro punto crítico es la confusión doctrinal en los mensajes recibidos por la supuesta vidente, especialmente respecto a las relaciones entre los difuntos y los vivos. Aunque no se detectan prácticas explícitas de espiritismo, se menciona la intervención de almas de fallecidos a través de ángeles custodios. El prefecto aclara que esta mediación debe entenderse dentro de la misericordia divina y no como evocación prohibida por la Iglesia.
El Vaticano deja abierta una futura aprobación
La carta concluye dejando abierta la posibilidad de que, en el futuro, se pueda avanzar hacia un “nulla osta” (permiso eclesiástico), si se logra un pleno restablecimiento de la comunión eclesial y se aclaran las ambigüedades doctrinales. Mientras tanto, se exige prudencia, vigilancia y discernimiento por parte del obispo local.
