El Vaticano ha anunciado este martes el nombramiento de monseñor Shane Anthony Mackinlay como nuevo arzobispo metropolitano de Brisbane, Australia, en sustitución de monseñorMark Coleridge. La noticia ha provocado un notable revuelo, especialmente entre quienes defienden la integridad del sacramento del Orden y la continuidad doctrinal de la Iglesia.
Trayectoria académica y pastoral
El nuevo arzobispo, hasta ahora obispo de Sandhurst, nació el 5 de junio de 1965 en Brunswick, Melbourne. Fue ordenado sacerdote en 1991 y cuenta con una larga trayectoria pastoral y académica.
Estudió Física en la Universidad de Monash, Teología en el Melbourne College of Divinity y obtuvo un doctorado en Filosofía por la Universidad Católica de Lovaina. Antes de asumir su ministerio episcopal en 2019, fue rector del Catholic Theological College de Melbourne, una de las instituciones formativas más importantes del clero australiano.
Postura polémica durante el Sínodo
Más allá de su trayectoria, el motivo de la inquietud es otro: sus declaraciones durante el Sínodo sobre la Sinodalidad celebrado en octubre de 2023. Mackinlay fue miembro de la comisión redactora del documento final, y en más de una ocasión se mostró favorable a estudiar —e incluso implementar— la posibilidad de ordenar mujeres como diáconos.
I’m glad it’s here. I’m glad it’s going to be discussed […] And if it were to be that the outcome was for ordination to the diaconate to be open to women, I’d certainly welcome that.”
Me alegra que esté sobre la mesa. Me alegra que se vaya a discutir […] Y si el resultado fuera abrir la ordenación al diaconado para mujeres, sin duda lo acogería con satisfacción.
Estas palabras apuntan directamente a una posible modificación de la comprensión del sacramento del Orden, cuya estructura constituye una unidad. Vulnerar su esencia implica, por tanto, una ruptura total con la tradición sacramental de la Iglesia.
Un cambio que afecta a la naturaleza del sacramento
En 1994, san Juan Pablo II declaró en la carta Ordinatio Sacerdotalis que la Iglesia “no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres”. La doctrina católica sostiene que el sacramento del Orden es uno solo y que sus tres grados —diaconado, presbiterado y episcopado— participan de la misma realidad sacramental.
Por ello, abrir el diaconado a las mujeres no puede considerarse un mero cambio pastoral o disciplinar, sino una alteración sustancial de la doctrina.
El hecho de que su designación haya sido celebrada públicamente por figuras como el padre James Martin SJ, jesuita estadounidense conocido por su activismo a favor de la agenda LGTB dentro de la Iglesia, no ha hecho sino reforzar esa percepción.
“Una elección excelente. El obispo Mackinlay fue un verdadero líder durante el Sínodo”, escribió Martin en su cuenta oficial de X (antes Twitter), poco después del anuncio.
Continuidad con Francisco
A la luz de este nombramiento, se confirma que las primeras designaciones episcopales de León XIV siguen la dinámica eclesial impulsada durante el pontificado de Francisco: figuras afines a reformas estructurales controvertidas, con una sensibilidad marcada por el paradigma sinodalita.
Por el momento (al menos en lo referido a nombramientos episcopales) no se confirma un giro hacia la unidad doctrinal y la estabilidad que muchos esperan del nuevo pontificado.
Con la promoción de prelados como Mackinlay —quien no ha ocultado su deseo de reconfigurar el sacramento del Orden contra la tradición—, se refuerza una percepción de confusión entre los católicos que esperan certezas tras una etapa de indefiniciones, dudas y contradicciones doctrinales.
Es posible que, tratándose de un retiro ya previsto por edad de su predecesor, este nombramiento —como otros recientes— haya sido tramitado y gestionado por el cardenal Robert Prevost en su calidad de prefecto del Dicasterio para los Obispos, y comunicado o incluso decidido conjuntamente con el papa Francisco antes del cónclave.
En ese sentido, no puede descartarse que estemos todavía ante decisiones heredadas de una etapa previa. Sin embargo, lo cierto es que, al menos en lo que respecta a decisiones estructurales, la confusión no se disipa del todo.
