Crisis de vocaciones sacerdotales: ¿un resultado deseado?

Crisis de vocaciones sacerdotales: ¿un resultado deseado?

El veterano vaticanista Aldo Maria Valli lleva unos días tratando en su blog, Duc in altum, sobre la espantosa reducción de vocaciones sacerdotales en Italia, un fenómeno generalizado también en el resto de Occidente. Y finalmente sugiere que, después de todo, la jerarquía podría ver en esta escasez de curas no tanto una crisis como una oportunidad.

Que los laicos estén realizando cada vez más tareas hasta ahora reservadas al clero puede verse como un hacer de la necesidad virtud. Recordaba Valli en su blog hace unos días que el diario italiano La Stampa hacía la crónica de la trágica situación de la diócesis italiana de Alessandria: 40 sacerdotes para 77 parroquias. «El seminario ahora está reducido a los términos mínimos, en consecuencia hay menos ordenaciones y el clero sigue siendo muy viejo: hay uno cada cuatro o cinco años, mientras que cada año fallecen al menos cinco sacerdotes”, declaraba en el diario un anciano sacerdote local.

Y concluía Valli: “Si la aritmética todavía tiene valor y en Alejandría mueren cinco sacerdotes al año (de 40), en ocho años la diócesis irá a cero. Las otras diócesis ciertamente no están mejor”.

Así que el vaticanista animaba a sus lectores a que contaran cómo estaba la situación en sus respectivas diócesis. Y alguna de las respuestas, que confirman sobradamente la tragedia, dan, sin embargo, un enfoque sorprendente: la crisis de sacerdotes no es un problema para los prelados, más bien al contrario: esta situación les permite ir desdibujando las distinciones entre clero y laicado, dando más responsabilidades eclesiales al segundo, en línea con lo que parece querer el Vaticano.

Un sacerdote que no quiere dar su nombre ni la diócesis a la que pertenece sostiene en respuesta a la solicitud de Valli que “a la Conferencia Episcopal Italiana (y antes al Papa Francisco) no le preocupa la caída de vocaciones ni las muertes de sacerdotes con la consiguiente falta de pastores. en las parroquias, porque la filosofía actual, o más bien la ideología, prevé dejar las parroquias a los laicos. Así, mis superiores me dijeron recientemente que planean colocar familias o laicos individuales en parroquias, de hecho en el papel que una vez perteneció a los párrocos”.

“Estos «pastores» -continúa el anónimo clérigo- no tienen en el corazón una pastoral vocacional y una oración por las vocaciones, sino la valorización, como dicen, del sacerdocio bautismal… De hecho, hay un plan para protestantizar las diócesis y la Iglesia Católica en su conjunto, disminuyendo los sacramentos y reduciéndolos a actos que cualquiera puede realizar. ¿La confesión? Cada vez más escasa. ¿La misa? Sustituida por liturgias de la palabra realizadas por laicos. Poco importa si para ir a una Misa celebrada por un sacerdote bastaría con coger el coche, como solemos hacer para otras mil necesidades. El nuevo dogma es la comunidad, aun cuando la comunidad no exista”.

Otro, desde Francia, comenta que allí “los laicos celebran los funerales desde hace años, hasta el punto de que en ocasiones, si hay un sacerdote disponible (quizás algún familiar del difunto) impiden la celebración”.

Pero estos voluntarios laicos tampoco son solución ‘práctica’, porque no abundan, precisamente, y son en su mayoría personas mayores que van muriendo sin nadie que les sustituya. “Sucede entonces que los trabajadores de las funerarias, generalmente musulmanes, ponen un CD grabado con las oraciones correspondientes”, explica el sacerdote en el blog de Valli, y concluye: “Como decía el santo Cura de Ars: “Dejad una parroquia sin sacerdote durante veinte años: allí se adorará a los animales”.

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