Aprovechando el asueto de este caluroso estío, la comunidad de Lanceros de España tuvo la suerte de celebrar una comida de agradecida fraternidad. Un destacado número de sus miembros se hicieron presentes desde los más variados rincones de España en torno a la buena mesa, que es anticipo del banquete del Reino. Compartieron las últimas noticias, dieron la bienvenida a los nuevos miembros y acordaron criterios de actuación ante un próximo curso movido.
En el repaso de lo acontecido en los meses pasados, uno de los temas más destacados fue la evidente distancia que existe entre el Presidente de la Conferencia Episcopal, cardenal Juan José Omella, y el Vicepresidente, cardenal Osoro. Una separación que le está complicando la vida entre otras personas al Nuncio.
Los continuos enfrentamientos entre Omella y Osoro en las reuniones episcopales, sin que la sangre llegue al río, con evidente displicencia, se han convertido en comentario habitual entre los trabajadores de la Conferencia Episcopal.
Un dato significativo es la crítica del arzobispo de Madrid hacia el de Barcelona, intensificada en las últimas semanas. Algo que ha hecho también en público ante el resto de los hermanos en el episcopado durante el encuentro de la Peregrinación a Santiago de Compostela.
Un miembro de la comunidad de Lanceros insiste en que esta tensión no ocultada, que se expresa a través de esas formas tan sibilinas como eficaces, pasa por haberse creído que son los hombres del papa. Como si el papa no pudiera tener más de un hombre en España y como su tuvieran que demostrar quién influye más en el papa.
La cuestión más grave es que ese clima enrarecido está afectando a la iglesia en casos como el de los nombramientos de los obispos.
Para el miembro de la comunidad de lanceros que más sabe por su trabajo de las tripas de la Conferencia Episcopal, el cardenal Omella es consciente del poder que tiene y de que Osoro ha perdido todas las partidas y casi todo el crédito que tenía. De los problemas de la diócesis de Barcelona, del glorioso pasado en casos como el de Ureña, no se habla. Los de Madrid están todos los días en los digitales.
El control de los nombramientos de los obispos lo tiene Omella, como se demuestra en cada caso. Osoro parece un cero a la izquierda, incapaz de colocar a un hombre suyo. Otro miembro de la comunidad señala que en gran medida ha sido el arzobispo de Madrid quien ha tensado la cuerda de la relación como respuesta a la capacidad comprobada de Omella para hacerse con todos los hilos.
Según el parecer unánime de la comunidad de Lanceros, esta situación está afectando a la marcha de la Conferencia Episcopal y se puede agudizar con la salida de monseñor Argüello.
Habrá que esperar al nuevo curso, que comienza en la práctica con la Asamblea Plenaria de Noviembre, en la que se nombrará a un nuevo secretario general, para comprobar que las divergencias entre Omella y Osoro pueden traer más de una sorpresa.