Eduardo de Habsburgo habla de los éxitos de la política húngara de apoyo a las familias
por INFOVATICANA |
(Jonathon Van Maren/The American Conservative)- Eduardo de Habsburgo es embajador de Hungría ante la Santa Sede y la Soberana Orden Militar de Malta desde 2015. “Soy un embajador inusual, ya que he hecho muchas otras cosas – televisión, productor de animación, guionista, portavoz de un obispo- antes de, para mi sorpresa, ser nombrado embajador por el gobierno húngaro”, explica Habsburgo.
En Austria se le sigue conociendo popularmente como el archiduque Eduardo, casado con la baronesa Maria Theresia von Gudenus, con la que tiene seis hijos. Los Habsburgo son una familia antigua con un papel muy actual en la política del siglo XXI: “Yo tenía una visión de la vida diplomática que se puede resumir en estar de pie en cócteles aburridos, con una copa en la mano y tener que decir siempre cosas bonitas. Vaya si me equivoqué”. Eduardo de Habsburgo, que tuitea a diario sus opiniones sobre una amplia gama de temas, es un firme defensor de las políticas pro-vida y pro-familia del primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Habsburgo es un convencido católico y Orbán es calvinista, pero ambos coinciden en muchas cosas.
Como diplomático, Habsburgo representa a uno de los países más controvertidos de la Unión Europea. Joe Biden calificó a Hungría y Polonia de «regímenes totalitarios»; la historiadora Anne Applebaum criticó a Orbán y sus aliados en su libro de 2020 Twilight of Democracy; y los principales medios de comunicación hablan regularmente de Hungría en tono negativo. Esto se debe en gran medida al conservadurismo social y cultural de Hungría, que resulta ofensivo para muchos periodistas y comentaristas progresistas y liberales.
“Con Hungría te topas con el raro animal de un país en el que un gobierno conservador ha estado gobernando durante tres períodos ininterrumpidos, con una mayoría de dos tercios”, señala Habsburgo. “Todos sabemos que una gran parte de los periodistas del llamado mundo occidental se enorgullece de estar ligeramente (o fuertemente) a la ‘izquierda del centro’. Estas dos realidades tienen que chocar necesariamente, incluso si tuviéramos un primer ministro que hablara y actuara como una mezcla entre Gandhi y Martin Luther King, cosa que Viktor Orbán no hace”.
Habsburgo señala la interpretación que los medios de comunicación dan de Orbán es el que llega al público en general. Y como “el húngaro es una lengua única que muy poca gente habla”, la mayoría de la gente “tiene que confiar en fuentes de dentro o fuera de Hungría que traducen material sobre Hungría. Y muchas de esas fuentes tienen, digamos, puntos de vista peculiares o con un fuerte sesgo político”. La realidad es también que “a los húngaros no les gusta pulir una declaración durante horas hasta que sea políticamente correcta, sino que les gusta comunicar de forma clara y directa sin tener en cuenta cómo se pueden percibir las cosas en otros países.”
“Ésta es la razón por la que Hungría tiene diplomáticos”, señala con ironía.
A pesar de las controversias, Habsburgo ha sabido encontrar un terreno común con sus anfitriones en el Vaticano. “Hay una serie de temas en los que Hungría y la Santa Sede coinciden fácilmente, como la ayuda a los cristianos perseguidos, los temas de familia, la lucha contra el antisemitismo y cuestiones particulares como la política en favor de la población gitana. Cuando se trata de temas candentes como los inmigrantes, me gusta señalar que a menudo se supone que la posición del Santo Padre es mucho más radical que cuando se leen sus declaraciones reales”.
Las iniciativas más fascinantes de Hungría son sus políticas pro-vida y pro-familia, que han logrado reducir el aborto y el divorcio, al tiempo que han impulsado las tasas de natalidad y de matrimonio. “Creo que hay tres claves que explican este éxito”, indica Habsburgo. “Se necesitan medidas que realmente animen a la gente a tener más hijos, y eso significa que hay que coger dinero y gastarlo en las familias. Como padre de seis hijos, sé que cada pequeña ayuda relativa al espacio donde vivir, a exenciones fiscales, a subvenciones del gobierno, a ayudas para el coche familiar, etc., supone una gran diferencia. Con esta seguridad a la vista, más gente se casará”.
Hay que dar a la gente una ayuda concreta: “A partir del tercer hijo, prácticamente ya no se paga el impuesto sobre la renta; una mujer con cuatro hijos no vuelve a pagar impuestos”, explica Habsburgo. “Hay un préstamo de 33.000 euros para matrimonios jóvenes (una cantidad importante en Hungría) que no tienes que devolver a partir del tercer hijo, y sólo en partes decrecientes tras el nacimiento del primero y el segundo. Un buen detalle es que si solicitas este préstamo después de la duodécima semana de embarazo, todos los reembolsos se suspenden hasta después del tercer hijo”.
Para lograrlo, se necesitan recursos y compromiso. “Ese dinero, por supuesto, hay que sacarlo de otra parte, así que se necesita gente convencida y comprometida con esta causa y dispuesta a llevar a cabo una agenda de este tipo frente a las burlas o las críticas directas de otros países de la UE”, señala Habsburgo. “De hecho, nuestra ministra de Familia, Katalin Novák, está viajando a conferencias por todo el mundo para convencer a otros países de que se unan a nuestro proyecto familiar y para compartir sus experiencias”.
Hungría también se asegura de que los gastos asociados a las familias en crecimiento sean manejables. “El gobierno ofrece préstamos para la construcción de viviendas, condonación de créditos hipotecarios, ayuda financiera para furgonetas familiares más grandes (más de 7 plazas). Los abuelos pueden recibir ayudas económicas para el cuidado de los niños. Para Hungría, es importante ofrecer libertad de elección a los padres; es decir, no promover únicamente la imagen de «ama de casa», sino ayudar a las familias a decidir libremente y ayudar a las madres que quieran quedarse en casa o ir a trabajar. Todas estas medidas han contribuido probablemente a un clima en el que el número de matrimonios ha subido mientras que los divorcios y los abortos han bajado mucho”.
Una de las observaciones de Habsburgo parece una indirecta velada a los líderes europeos, en su mayoría sin hijos. Mientras que Orbán tiene cinco hijos, muchos líderes importantes -Angela Merkel, Emmanuel Macron, Jean-Claude Juncker, Mark Rutte, Nicola Sturgeon, entre otros- no tienen ninguno. Cuando el gobierno húngaro promueve la política familiar, es obvio que la comprensión de Orbán de lo que necesitan las familias numerosas no es sólo teórica. “Se necesita gente en el espacio público, como primeros ministros, miembros del gobierno, gente del deporte y otros miembros destacados de la sociedad que se muestren regularmente como gente de familia con más de 1,5 hijos. Ver que no se está solo con una familia numerosa dará a más gente el valor de intentar ese difícil pero hermoso camino”.
Defendido por luchadores por la libertad como Viktor Orbán, que luchó contra el comunismo, y por diplomáticos con antiguos títulos nobiliarios como Eduardo de Habsburgo, el experimento húngaro es un intento fascinante de renovar las formas de vida que una vez dieron lugar a generaciones de padres y madres criando familias numerosas. La misión del gobierno húngaro de crear una economía orientada a la familia es casi única en Occidente y es algo que deberíamos seguir muy de cerca.
Entrevista concedida a Jonathon Van Maren para The American Conservative.
Eduardo de Habsburgo ha prologado un libro de Homo Legens sobre héroes de nuestra fe: