El escándalo del fundador de Sodalicio de Vida Cristiana

El escándalo del fundador de Sodalicio de Vida Cristiana

german_doig_klinge2 Un libro publicado en Perú desvela los abusos sexuales cometidos por el fundador del SVC, Luis Fernando Figari. El Cardenal Cipriani, Arzobispo de Lima, ha condenado siempre enérgicamente los abusos sexuales. La publicación del libro “Mitad monjes mitad soldados” (Planeta, 2015), del periodista Pedro Salinas, con la colaboración de la periodista  Paola Ugaz, descubrió un foco de corrupción en la familia religiosa “Sodalicio de vida cristiana”. La primera parte del libro hace una historia crítica de la institución; y en la segunda presenta 30 testimonios de ex miembros de la institución –con seudónimos-, que afirman haber sufrido abusos –en tres casos, violaciones sexuales- del fundador, Luis Fernando Figari, y de otros dos miembros de la institución.  Salinas fue sodálite varios años y se retiró deprimido según propia confesión. El Sodalicio de Vida Cristiana es una sociedad de vida apostólica de derecho pontificio, fundado en Lima por Luis Fernando Figari, el 8 de diciembre de 1971, y aprobada por el papa Juan Pablo II en 1997. Antes, el 22 de febrero de 1994, el Sodalicio había sido erigido como Sociedad de Vida Apostólica de derecho diocesano, por el arzobispo de Lima, cardenal Augusto Vargas Alzamora S. J. Actualmente, depende directamente de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica de la Santa Sede. El Sodalicio se ha caracterizado por tener buena doctrina y predicar una práctica firme de los mandamientos de la Iglesia, haciendo proselitismo especialmente con la juventud de clase alta. De acuerdo a su ideario, la eclesialidad  se expresa en la fidelidad al Magisterio de la Iglesia y Santo Padre, en la participación de la vida eclesial y la disposición de servicio a su misión evangelizadora, buscando hacer más asequible la Buena Nueva del Evangelio. Desde el inicio, hubo padres que se quejaron que el Sodalicio alejaba a sus hijos de sus familias. Esas acusaciones fueron desmentidas por testimonios de algunos padres cuyos hijos viven en las comunidades del Sodalicio. El primer accidente notable ocurrió en 2011, a causa de denuncias  sobre «inconductas sexuales» cometidas por Germán Doig, ex vicario general, fallecido diez años antes. En una entrevista el 1° de febrero de 2011, el Sodalicio confirmó la cancelación del ya iniciado proceso de beatificación del difunto laico consagrado, debido a tres «gravísimas acusaciones» que evidenciaron que Doig llevó una «doble vida». Se ordenó retirarle «el culto y la fe» debido a su «traición al Señor». Ya desde fines del 2010, el Sodalicio había informado a miembros de su familia espiritual y autoridades eclesiásticas, y también había expurgado toda mención al fallecido vicario general Germán Doig en todos los sitios de Internet que hablaban de él. Meses antes, el fundador del Sodalicio, Luis Fernando Figari, había renunciado a su cargo de superior general alegando «motivos de salud», aunque un diario limeño habló de  denuncias de abuso sexual también en su contra, cosa que Figari negó. El año 2014, el Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana, Alessandro Moroni Llabrés, cuyo periodo de gobierno va de 2012 a 2018, le pidió intensificar una vida de oración y recogimiento, alejado de toda injerencia en la familia espiritual. El 26 de octubre de 2015, en una carta dirigida a todos los miembros de Sodalicio, el Superior General Moroni comunicó que existe un Visitador Apostólico,  Mons. Fortunato Pablo Urcey, OAR, Obispo Prelado de Chota y secretario de la Conferencia Episcopal Peruana, nombrado el 22 de abril, que desde agosto está visitando las comunidades del Sodalicio. Esa carta respondía a “la situación difícil que estamos viviendo” desde la publicación del libro, precisando que la función del visitador apostólico es “ad inquirendum et referendum” -para investigar y referir- lo que ha ocurrido a los miembros sodálites. La opinión pública peruana ha repudiado los presuntos abusos sexuales, preguntándose repetidamente en las redes sociales por qué Figari ha continuado viviendo en Lima -hasta abril pasado- y no ha sido separado de la institución. Según Alessandro Moroni se encuentra en Roma recluido en oración y penitencia, pero aún sigue perteneciendo a la familia de vida consagrada. Su abogado, el penalista Juan  Armando Lengua Balbi, ha declarado que “primero tendrán que identificar a las víctimas” porque “así lo dice el debido proceso” judicial. El Ministerio Público ha comenzado ya una investigación de oficio contra Luis Fernando Figari, como lo anunció el fiscal de la Nación, Pablo Sánchez. El caso está en la Fiscalía Procesal Penal 26, a cargo de la fiscal María Peralta Ramírez. El abogado defensor de Figari ha declarado que “no deben citarlo si no tienen nada concreto que preguntarle”. De  acuerdo a su abogado defensor, Figari reconoce haber impuesto medidas exageradas en la formación de los sodálites, haciéndoles daño, como narra el libro mencionado, pero insiste en declararse inocente de los abusos sexuales, a pesar de las evidencias múltiples en su contra. Desde el 16 de octubre, algunos miembros del Sodalicio de Vida Cristiana se encuentran en la “Reunión de Superiores y Sacerdotes del Sodalicio”. Venidos de las diversas comunidades en el Perú y el extranjero, los sodálites reflexionan en torno a la “Reconciliación y Comunión en la Misión Apostólica”. A sus directivos les preocupaba que la Santa Sede nombrada un Comisario, como ocurrió con los Legionarios de Cristo en México, por lo que han funcionado desde 2011, cuando se denunciaron los hechos en la instancia eclesiástica, hasta ahora, con dos criterios primordiales: máxima reserva informativa y extrema cautela en los procedimientos. Después de publicado el libro, Mons. Fortunato Pablo Urcey OAR ha declarado que su función es primordialmente escuchar a todos los sodálites y emitir un informe para Roma. Figari tiene prohibido por la Santa Sede volver a Lima,  por lo que el visitador apostólico no se encontrará con él. Tampoco hablará con las presuntas víctimas, porque –afirma- eso no está incluido en el encargo recibido. El tribunal interdiocesano del Perú que recibió las tres o cuatro denuncias formales a la Iglesia ha declarado que está obligado a la máxima confidencialidad por razón de los pedidos de los propios denunciantes, y que ha corrido a la instancia correspondiente de la Santa Sede las denuncias recibidas, porque no es competente para estudiar los casos. Las denuncias se encuentran, por tanto, desde 2011, en la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica  de la Curia Romana. El caso ha desatado la furia de grupos anticlericales, que han aprovechado la ocasión para intentar desprestigiar a la Iglesia, por lo que la Conferencia Episcopal Peruano se ha visto obligada el 2 de noviembre a emitir un comunicado en el que informa que  “la Iglesia ha manifestado con firmeza que, sin perjuicio del foro interno o sacramental, siempre se siguen las prescripciones de las leyes civiles en lo referente a remitir los delitos a las legítimas autoridades. Naturalmente, esta colaboración no se refiere sólo a los casos de abuso sexual cometido por clérigos, sino también a aquellos casos de abuso en los que estuviera implicado el personal religioso o laico que coopera en las estructuras eclesiásticas”. En lo que se ha interpretado como un tácito reproche al Sodalicio de vida cristiana los obispos han dicho: “Exigimos a los responsables de las instituciones eclesiales que estos repudiables actos no se oculten y sean denunciados oportunamente. Como Pastores de la Iglesia estamos dispuestos a acoger, escuchar y acompañar a las víctimas de estos lamentables abusos”. Ello, porque el primer comunicado de la institución sobre el triste escándalo dejó insatisfecha a la opinión pública; y las sucesivas declaraciones son parciales y no van acompañadas de las medidas esperadas, como denuncias al fuero civil y separación de los culpables. La extensión americana de los sodálites ha sido reciente. A solicitud del arzobispo de Medellín, el cardenal Alfonso López Trujillo, el Sodalicio llega a Colombia asumiendo una parroquia en 1990. Entre 1991 y 1997,  puso comunidades en Río de Janeiro, São Paulo y Petrópolis. En enero de 1999, erigió en Santiago de Chile la comunidad Nuestra Señora del Carmen. En 2002 iniciaron su trabajo en Guayaquil (Ecuador). En 2004, el cardenal Jorge Mario Bergoglio  invitó al Sodalicio a Buenos Aires (Argentina). En 2005 se fundó en Bogotá (Colombia) la comunidad Nuestra Señora de Chiquinquirá –y en Medellín y Cali-; y en San José (Costa Rica) la comunidad Nuestra Señora de los Ángeles. Desde el primer momento, el arzobispo de Lima, el Cardenal Cipriani, ha exigido a los sodálites una conducta ejemplar ante los rumores de escándalos, y aunque el grupo no depende de él, pues responde jurídicamente directamente a Roma, ha sido firme en su condena de abusos sexuales, recordando a sus perpetradores la frase de Jesucristo: “El que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar”.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando